Yayoi Kusama, resiliente y expansiva artista pop, muere a los 97 años

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FILE -- A towering sculpture of the Japanese artist Yayoi Kusama, installed near the Pont-Neuf bridge in Pari on July 17, 2023. Kusama, whose polka-dot-covered paintings, phallic sculptures and public performances caused a stir in the west in the 1960s, and whose mirrored ÒInfinity RoomÓ installations became selfie sensations and blockbuster attractions in recent decades, died in Tokyo on  on Aug. 14, 2026. She was 97. (Dmitry Kostyukov/The New York Times)
FILE -- A towering sculpture of the Japanese artist Yayoi Kusama, installed near the Pont-Neuf bridge in Pari on July 17, 2023. Kusama, whose polka-dot-covered paintings, phallic sculptures and public performances caused a stir in the west in the 1960s, and whose mirrored ÒInfinity RoomÓ installations became selfie sensations and blockbuster attractions in recent decades, died in Tokyo on on Aug. 14, 2026. She was 97. (Dmitry Kostyukov/The New York Times)
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Yayoi Kusama, una artista japonesa cuyas pinturas cubiertas de lunares, esculturas fálicas y performances públicos causaron revuelo en la ciudad de Nueva York y en Europa en la década de 1960, y cuyas instalaciones con espejos conocidas como "Habitaciones infinitas", han sido un fenómeno para las selfis y atracciones taquilleras de museos y galerías en las últimas décadas, murió el 14 de agosto en Tokio. Tenía 97 años.

El Museo Yayoi Kusama y la Fundación Yayoi Kusama anunciaron su muerte el jueves en un comunicado en el que dijeron que había fallecido en un hospital.

Kusama comenzó a llamar la atención a finales de la década de 1950 y principios de la de 1960 con sus inmensas pinturas abstractas a las que llamó "Redes infinitas". Estas estaban compuestas por innumerables pinceladas pequeñas y curvas de pintura blanca sobre superficies totalmente blancas o totalmente negras que emulaban mallas gigantes y arremolinadas perforadas con agujeros de alfiler.

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A una escala mucho mayor que las obras del expresionismo abstracto que aún dominaban las galerías de Nueva York, sus piezas atrajeron muy pronto la atención de artistas jóvenes que intentaban hacer que el arte estadounidense avanzara en nuevas direcciones. Uno de ellos fue Donald Judd, quien trabajaba en ese momento como crítico de arte y estaba formulando lo que se convertiría en el minimalismo. Empezó a defender su obra, compró un cuadro suyo y le ayudó en su estudio.

La creación de arte de manera incremental a partir de componentes repetidos se convirtió en el método de trabajo fijo de Kusama, y lo aplicó a la escultura. A principios de la década de 1960 empezó a coser miles de falos de tela rellenos, los pintó de blanco o dorado y los instaló en la superficie de objetos cotidianos --mesas, sillones, abrigos, zapatos, un cochecito de bebé, un bote de remos-- para crear instalaciones erizadas.

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Estas esculturas de "Acumulación" hicieron su debut, junto con obras de Claes Oldenburg, James Rosenquist y Andy Warhol, en una exposición colectiva en 1962 en la Green Gallery que fue una de las primeras exposiciones de arte pop. Con ello, Kusama se convirtió en una pionera de los dos principales estilos de vanguardia de la época: el pop y el minimalismo.

Aunque su obra solía considerarse asertivamente erótica, su efecto deseado era el opuesto. Como Kusama explicó en una autobiografía publicada en Japón en 2002, los órganos sexuales le parecían amenazantes, una reacción que atribuyó a experiencias infantiles. Sin embargo, con frecuencia se hacía fotografiar recostada escasamente vestida o desnuda sobre campos de formas túmidas.

"Al reproducir continuamente las formas de las cosas que me aterrorizan", escribió, "soy capaz de reprimir el miedo".

Yayoi Kusama nació el 22 de marzo de 1929 en el seno de una próspera familia de clase media con profundas raíces en la ciudad de Matsumoto, al noroeste de Tokio. Era la menor de cuatro hermanos. Su padre, Kamon Kusama, y su madre, Shigeru Kusama, ayudaban a supervisar el negocio mayorista de semillas de la familia.

Kusama dio los pasos para ser una artista profesional cuando era adolescente, una decisión extremadamente inusual para una mujer en el Japón conservador de la posguerra. En 1948, a pesar de las objeciones de sus padres, se matriculó en una escuela de arte en Kioto y estudió pintura Nihonga, un estilo que fusionaba las tradiciones japonesas y occidentales.

Pero hastiada de la disciplina académica y la asociación del estilo con el nacionalismo de la guerra, pronto tomó su propio camino. Al sumergirse en informes sobre el arte de inspiración surrealista en París y Nueva York, y al estar atenta a los desarrollos vanguardistas en el propio Japón, Kusama produjo cientos de pinturas semiabstractas que contraponían formas florales, astronómicas y sexuales con campos de lunares y líneas puntiagudas.

Con el tiempo afirmó que tales imágenes reflejaban alucinaciones temibles y abrumadoras que la habían acosado toda su vida. "Persigo el arte con el fin de corregir la discapacidad que comenzó en mi infancia", dijo.

Kusama comenzó a exponer y a llamar la atención cuando estaba en su adolescencia. En 1955, tres de sus pinturas fueron enviadas a Nueva York para una exposición internacional de acuarelas en el Museo de Brooklyn, y comenzó a hacer planes para mudarse a Estados Unidos.

Ante la necesidad de recibir consejos sobre cómo establecer una carrera allí, le escribió a Georgia O'Keeffe --la única mujer artista estadounidense de la que tenía conocimiento--, tras rastrear su dirección en Nuevo México a través de la embajada estadounidense.

O'Keeffe le respondió dándole ánimos, y en 1957 Kusama voló a Seattle, donde vivió durante unos seis meses antes de trasladarse a la ciudad de Nueva York.

Desde su base allí, el encanto de su presencia personal se convirtió cada vez más en un componente de su arte. Era muy consciente de que, como mujer asiática, proyectaba una presencia de forastera exótica en el mundo del arte de la ciudad, una identidad que tenía un potencial útil para comercializar su carrera. Un orientalismo calibrado se convirtió en la sustancia de algunos de los performances públicos que desarrolló entre mediados y finales de la década de 1960, cuando se alineó con la cultura hippie.

En una serie de "happenings" antiautoritarios y específicamente contra la Guerra de Vietnam que comenzaron en 1966, Kusama hizo apariciones guerrilla en lugares estratégicos de toda la ciudad de Nueva York --Wall Street, la Estatua de la Libertad y el Jardín de Esculturas del Museo de Arte Moderno-- liderando a un grupo de voluntarios y voluntarias. A su señal, se desnudaban y posaban mientras ella pintaba sus cuerpos desnudos con lunares, a los que a veces atribuía propiedades mágicas.

"Con esos lunares, las personas se autodestruirán y regresarán a la naturaleza del universo", dijo.

Con trajes cubiertos de lunares, Kusama se mantenía completamente vestida.

Estos eventos, a los que llamó Festivales Corporales y Explosiones Anatómicas, tenían dimensiones pragmáticas. La exhibición de carne desnuda estaba calculada para captar la atención del público; si aparecía la policía, mucho mejor. El escándalo era valioso para promover las actividades extraestéticas de Kusama, que incluían una tienda itinerante, "Kusama's Korner", en Bloomingdale's y un bar gay llamado "Kusama's Omophile Klub".

Todo esto fue un éxito por un tiempo. Pero las tendencias eran fugaces en esa época caótica, y a medida que la década de 1960 de los niños de las flores se transformó en la década más sombría de 1970, sus espectáculos artísticos comenzaron a verse anticuados. Al percibir que los estadounidenses habían perdido el interés en ella, regresó a Japón en 1973.

En Tokio, para mantenerse, Kusama vendió arte occidental moderno y contemporáneo hasta que la crisis del petróleo de mediados de la década de 1970 puso fin al auge económico japonés y la obligó a buscar otros medios de ingresos. Comenzó a hacer collages inspirados en el artista estadounidense Joseph Cornell, con quien había formado anteriormente una relación intensa pero platónica.

También comenzó a escribir ficción, y publicó más de una decena de novelas, algunas de ellas, como Manhattan Suicide Addict, de carácter autobiográfico. Escribió varios volúmenes de poesía. Toda esa actividad no fue suficiente para evitar los ataques de pánico y las alucinaciones, que se volvieron agudos. En 1977 se internó por voluntad propia en el hospital psiquiátrico Seiwa de Tokio. Lo convertiría en su hogar permanente y construiría un estudio cerca de allí.

Con la seguridad emocional que le brindaba el entorno del hospital, continuó trabajando a gran volumen, creando una industria virtual de pinturas de colores brillantes, algunas con patrones que sugerían redes capilares o enjambres de espermatozoides, otras incorporando figuras y flores, y que recordaban su trabajo con tintes surrealistas de la década de 1950.

A finales de la década de 1990 y principios de los 2000, volvió a crear instalaciones envolventes por primera vez en tres décadas: habitaciones cubiertas completamente de lunares y las "Habitaciones infinitas" de espejos reflectantes.

Su esfuerzo persistente por establecerse a ella y a su arte como una marca internacional dio sus frutos. En el siglo XXI, a medida que el arte contemporáneo y la cultura popular japonesa ganaban atención mundial, el interés en su obra aumentó, al igual que sus precios. Ella misma se refería al fenómeno como "Kusamanía".

Cuando una de sus pinturas de la colección "Redes infinitas" de 1960 se vendió por 7,1 millones de dólares en Christie's en 2014, fue la obra más cara de una artista mujer viva comprada en subasta. Fue representada por la galería David Zwirner de Nueva York.

En años recientes, Kusama logró acuerdos lucrativos para promocionar productos comerciales, desde cosméticos hasta automóviles. Con su vestuario estampado de lunares y sus pelucas fluorescentes con estilo pageboy, era una estrella pop reconocible al instante, invitada a contribuir en exposiciones de arte internacionales y con exposiciones galardonadas propias, a menudo de obras nuevas producidas con un pelotón de asistentes.

Una exposición museográfica, Love Forever: Yayoi Kusama 1958-1968, organizada por el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles y la Fundación Japón en 1998, y que viajó al Museo de Arte Moderno, celebró sus primeros años de carrera. En 2011 y 2012, se presentó una retrospectiva más grande en la Tate Modern del Reino Unido, el Museo Whitney de Arte Estadounidense en Nueva York, el Centro Pompidou en París y el Reina Sofía en Madrid. En 2017, el Museo Hirshhorn en Washington, D. C., organizó un importante estudio de su obra. En el mismo año, se inauguró un Museo Yayoi Kusama en Tokio.

También en 2017, un artículo en la revista Vice señaló repetidos comentarios contra personas negras --específicamente, descripciones racistas de personas negras-- que Kusama había hecho en su autobiografía de 2002. En 2023, con motivo de una exposición individual en el Museo de Arte Moderno de San Francisco, cuando resurgieron las acusaciones, la artista se disculpó públicamente por dichos comentarios.

Las iteraciones de las poéticas y reflectantes "Habitaciones infinitas" --una cámara revestida de espejos que alberga un despliegue de luces LED intrincadamente titilantes-- han sido oro en la taquilla para museos y galerías, ya sea como parte de exposiciones más amplias o por sí solas. Han atraído a multitudes: los visitantes hacen fila por horas y entran de a uno a la vez durante 45 segundos, básicamente el tiempo suficiente para tomarse una selfi, un ejercicio de narcisismo estetizante que la artista entendía y respaldaba.

Japón, aunque tardó en llegar a apreciarla, también ha homenajeado a Kusama con exposiciones. Representó a su país natal en la Bienal de Venecia de 1993. (Había aparecido en la Bienal de 1966 representándose a sí misma, con un quimono dorado y repartiendo recortes de sus reseñas). En 2006, fue galardonada con el Praemium Imperiale de pintura, un premio internacional patrocinado por la familia imperial de Japón en nombre de la Asociación de Arte de Japón.

No se dispuso de inmediato de información sobre sus sobrevivientes.

La obra de Kusama ha tendido a ser vista críticamente a través de la lente de la biografía y la patología psiquiátrica, lo cual ella fomentaba. Pero esa tendencia ha desviado la atención de su destreza formal y su inventiva pictórica, características particularmente evidentes en los inicios de su larga carrera y casi universalmente apreciadas por sus primeros críticos en Nueva York. Su ingenio autoconsciente también ha sido poco reconocido.

"Que venga Picasso, que venga Matisse", escribió en su autobiografía. "¡Que venga quien sea! Me les plantaría a todos ellos con un solo lunar. Así era como lo veía. Estaba apostando todo a esto y alzando mi estandarte revolucionario contra toda la historia".

Javier C. Hernández y Hisako Ueno colaboraron con reportería desde Tokio.

Holland Cotter es el director de crítica de arte y escritor jefe para la sección de cultura de el Times, donde ha colaborado como miembro del staff desde 1998.

Javier C. Hernández y Hisako Ueno colaboraron con reportería desde Tokio.

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