El estanque reflectante del monumento a Lincoln parece rechazar su cambio de imagen

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El proyecto para renovar el estanque reflectante se terminó hace casi dos semanas. Desde entonces, no ha sido más que un dolor de cabeza para el gobierno de Trump.

Primero, la nueva capa de pintura parecía irregular. Luego, una proliferación de algas tiñó el agua de un verde ácido. Ahora, grandes trozos de revestimiento se desprenden del fondo y han creado islas de "azul bandera estadounidense" junto a manchas de verde chícharo en un caldo oscuro y turbio.

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El estanque reflectante del monumento a Lincoln parece estar rechazando su cambio de imagen.

El proyecto del presidente Donald Trump para volver a sellar y pintar la cuenca de hormigón de este estanque centenario --que se extiende entre el monumento a Washington y el monumento a Lincoln en Washington-- se terminó hace casi dos semanas, justo a tiempo para el 250.º aniversario del país, tal y como él exigió. Pero desde entonces no ha sido más que un dolor de cabeza para el gobierno de Trump.

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El Departamento del Interior dijo esta semana en las redes sociales que sus trabajadores habían "eliminado las algas" que se habían multiplicado por el calor y la humedad. El agua, se jactaba, estaba ahora "cristalina". Las publicaciones iban acompañadas de imágenes del monumento a Washington reflejado en aguas de un azul profundo, en lo que parecía una réplica a las críticas de los expertos, quienes afirman que las aguas del estanque no lucirán un azul brillante hasta que el gobierno aborde los problemas subyacentes que han desconcertado a los gobiernos presidenciales anteriores. Pero el viernes por la tarde, el agua turbia estaba salpicada de matas sueltas de algas, incluso en los lugares donde el personal del Servicio de Parques Nacionales había limpiado las floraciones de color verde brillante del fondo de la cuenca. Además, al nuevo revestimiento le faltaban al menos dos secciones grandes: un hueco del tamaño de una banca de parque, con una lámina de varios centímetros de largo que se agitaba con las olas. Por debajo parecía verse el depósito de hormigón original.

Alex Hobe, de 52 años, estaba de pie al borde del estanque, agitando un pequeño trozo de pintura. Repartía comida por la zona cuando decidió echar un vistazo a las obras del estanque. Cuando vio el trozo flotando en el agua, lo sacó. Era semitransparente y rugoso al tacto.

Hobe calificó la renovación de la piscina de "fracaso total", pero se compadeció de los diez trabajadores que estaban metidos hasta las rodillas en el agua verde, tallando sin descanso bajo el sol abrasador. "Llevan días aquí", dijo.

El viernes por la noche, Trump dijo que al menos parte de los problemas se debían al "vandalismo" de gente que, según él, estaba ahí "para destruir y menospreciar nuestro precioso trabajo".

"Las algas han desaparecido en un 75 por ciento, y el problema pronto se solucionará por completo; además, la zona que sufrió actos de vandalismo, por suerte, es solo una pequeña área dañada y se arreglará a principios de la semana que viene", escribió en las redes sociales.

El estanque tiene un montón de problemas, como tuberías rotas y con fugas que a menudo la dejan desconectada de su sistema de filtración. Dichos problemas no se solucionaron con las reformas recientes. En su lugar, los trabajadores han probado una serie de soluciones temporales, como añadir peróxido de hidrógeno al agua esta semana, para intentar eliminar las algas.

El viernes era imposible pasar por alto los trabajos de limpieza. Los visitantes tenían que pasar por encima de tuberías que llevaban agua de color verde ácido desde el estanque hasta los desagües pluviales cercanos, y tenían que alzar la voz para hacerse oír por encima del zumbido de los sistemas de filtración de agua y de las bombas que consumen gasolina.

La mayoría de los trabajadores del estanque llevaban el uniforme del Servicio de Parques Nacionales. No estaba claro si el trabajo tenía que ver con la instalación de un sistema de purificación de agua. El Times informó el jueves que a una empresa vinculada a un antiguo partidario de Trump le habían adjudicado un contrato sin licitación para instalar un sistema a principios de esta primavera.

En muchos casos, parecía que los visitantes miraban con más interés el contenido del estanque turbio que los monumentos históricos reflejados en sus aguas.

"Ni siquiera sé qué hacen", exclamó una mujer mientras se dirigía hacia el monumento a Lincoln.

Trey Quealy, de 29 años, de Virginia Occidental, se había acercado al estanque con un amigo después de ver un espectáculo en el Centro Kennedy el jueves por la noche.

"Por supuesto que teníamos que pasar por aquí y ver de qué habla todo el mundo", dijo Quealy, y añadió que trabajaba en logística de la cadena de suministro y que entendía lo difícil que podía ser encontrar al profesional adecuado para hacer el trabajo. (El Times informó que el Departamento del Interior adjudicó un contrato sin licitación a una empresa que, según Trump, él había recomendado porque ya había trabajado en las piscinas de uno de sus clubes de golf, una decisión que eludió las leyes federales de licitación).

Pero Quealy señaló que había visto el estanque muchas veces antes de la reforma de Trump y que nunca se había parado a pensar en su aspecto.

"Me parecía que tenía un aspecto estupendo", recordó Quealy. "Y me traía a la memoria la película Forrest Gump", en referencia a la escena de la película de 1994 en la que dos personajes se adentran en el agua.

Añadió: "No habría pensado que fuera un cambio necesario".

Aishvarya Kavi trabaja en el buró de Washington del Times, donde ayuda a cubrir una variedad de noticias políticas y de Estados Unidos.

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