Abbas Mohajerani, ingeniero civil en el Royal Melbourne Institute of Technology University en Australia. (RMIT University via The New York Times)
Abbas Mohajerani, ingeniero civil en el Royal Melbourne Institute of Technology University en Australia. (RMIT University via The New York Times)

Podría resultar desagradable observar el destino final de todo el material de tu cuerpo que se va por el drenaje al jalar la palanca, pero es momento de hablar de los biosólidos: los residuos desinfectados que se derivan del procesamiento de aguas residuales.

Este material arenoso tiene contenido orgánico rico en nutrientes que es benéfico para la agricultura. Sin embargo, también sirve para hacer buenos ladrillos, de acuerdo con Abbas Mohajerani, un ingeniero civil de la Universidad Instituto Real de Tecnología de Melbourne, en Australia. Se refiere a los ladrillos que se utilizan para la construcción.

"Los ladrillos hechos con biosólidos se ven igual que los de arcilla horneada, huelen a lo mismo y tienen propiedades físicas y mecánicas similares", explicó.

Mohajerani cree que reciclar la acumulación de residuos biosólidos y convertirlos en ladrillos podría ahorrar espacio y energía, además de reducir emisiones de carbono, siempre y cuando se haga de manera local.

En todo el mundo, los seres humanos producen grandes cantidades de biosólidos. En un solo día, tan solo la ciudad de Nueva York genera 1200 toneladas aproximadamente. La cantidad de biosólidos aumenta a medida que las poblaciones crecen en todo el planeta.

La antigua solución consistía en lanzar los residuos al mar o a un vertedero, pero cada vez más plantas de tratamiento y normas más estrictas incitan a la gente a buscar formas más inteligentes de reciclar la arcilla seca. Aproximadamente entre el 50 y el 70 por ciento se utiliza en especial para mejorar la calidad de la tierra o como fertilizante para las cosechas. No obstante, el resto se almacena o no se utiliza. Se calcula que en Estados Unidos casi una tercera parte de los 7 u 8 millones de toneladas de biosólidos que se producen cada año siguen terminando en los vertederos de basura. Conforme las partículas orgánicas de los desperdicios se descomponen, se liberan gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono y de esta forma contribuyen al calentamiento global.

Pero están los ladrillos.

El mundo fabrica billones de ladrillos al año. La tierra que se necesita para fabricarlos podría rellenar mil agujeros, cada uno del tamaño de una cancha de futbol y con una profundidad similar a la altura del Empire State. Además, hacerlos también consume mucha energía.

Otros investigadores han intentado mezclar los ladrillos con biosólidos y otros desperdicios. Mohajerani ya ha hecho experimentos con colillas de cigarrillos, así que convertir los desperdicios en materiales para la construcción ya no parecía tan descabellado.

A lo largo de unos cinco años, él y un equipo de investigadores recolectaron biosólidos de dos plantas de tratamiento de aguas residuales en Melbourne y los mezclaron con tierra, en distintas proporciones, para fabricar ladrillos híbridos. Los hornearon durante diez horas a casi 1000 grados Celsius, los enfriaron y luego hicieron pruebas comparativas con ladrillos normales.

Los hallazgos del equipo, publicados a principios del mes en la revista Buildings, determinaron que la calidad de los ladrillos hechos con biosólidos es similar a la de los ladrillos que se encuentran actualmente en el mercado. Los investigadores afirmaron que incorporar solo un 15 por ciento de biosólidos en los ladrillos fabricados en todo el mundo anualmente podría eliminar por completo nuestros residuos.

Dependiendo de la cantidad de biosólidos utilizados, la forma de tratarlos y el tiempo que pasen asentándose, los ladrillos de biosólidos pueden resultar seguros, duraderos y, en cierta manera, energéticamente eficientes.

Puesto que el material orgánico se consume al colocarse en un horno, los ladrillos hechos con biosólidos requieren la mitad de la energía que necesitan los ladrillos normales para hornearse (según la cantidad de material orgánico que contengan los ladrillos). El material orgánico que se consume también deja espacios en los ladrillos de biosólidos, haciéndolos más ligeros, más porosos y llenos de gas. Y, debido a que los gases no tienen grandes capacidades de conducción térmica, el calor los atraviesa con mayor lentitud. Mohajerani comentó que eso hace que tengan mejores capacidades de aislamiento, lo cual puede dar como resultado un ahorro en los costos de calefacción y enfriamiento.

No obstante, en estos ladrillos se sacrifica la resistencia. Aunque los ladrillos de biosólidos cumplen con los requerimientos de la industria, por lo general no tuvieron la dureza de los ladrillos habituales.

En un análisis relacionado acerca del posible proceso de producción, el equipo de investigación determinó que fabricar ladrillos con biosólidos beneficiaría al medioambiente en general, a pesar de que su fabricación requiere de más agua y podría generar otras formas de contaminación.

De acuerdo con Mohajerani, para reducir la huella de carbono y garantizar la sustentabilidad, sería ideal que la producción de ladrillos se realizara cerca de las plantas de tratamiento y las reservas de biosólidos. "De otro modo, no creo que puedan fabricarse a gran escala en un futuro próximo".

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