Por qué el diésel de EE. UU. es tan importante para sus mayores socios comerciales

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Las economías de América Latina y Europa dependen del diésel estadounidense. Detener las exportaciones podría llevar a algunos países a la recesión, lo que perjudicaría el comercio con EE. UU.

La decisión del viernes de las naciones industriales ricas, entre ellas Estados Unidos, de liberar diésel de sus reservas tiene el propósito de ayudar a reducir los precios que han alcanzado un máximo histórico.

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También podría aliviar la ansiedad que se ha sentido en todo el mundo ante la prohibición a las exportaciones de diésel estadounidense que el gobierno de Donald Trump ha estado considerando. Una medida así podría perjudicar a las economías de América Latina y Europa, que se encuentran entre los principales socios comerciales de Estados Unidos.

La preocupación por una posible prohibición había ido en aumento, especialmente en las dos economías más grandes de Latinoamérica, Brasil y México, y en otros países de la región, como Chile y Ecuador, donde aliados de Trump han llegado al poder. Algunos legisladores republicanos en Estados Unidos han pedido la prohibición en respuesta al aumento vertiginoso de los precios del diésel.

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En Europa, el Reino Unido, un socio comercial principal, y los Países Bajos, un importante centro energético, se verían muy afectados si Estados Unidos detuviera las exportaciones de diésel, que son cruciales para el transporte de carga de larga distancia, la agricultura y la minería.

Las preocupaciones reflejan cómo Estados Unidos se ha convertido en el mayor exportador de diésel del mundo. Los suministros de diésel estadounidense se han vuelto aún más importantes a medida que la agitación en Rusia y Medio Oriente ha obstruido las rutas comerciales marítimas y la refinación.

América Latina se vería 'duramente afectada'

Seis de los 10 principales destinos de las exportaciones de diésel estadounidense se encontraban en Latinoamérica en septiembre, según Vortexa, empresa que rastrea los envíos de energía. Brasil y México lideran la compra mundial de diésel procedente de Estados Unidos.

"América Latina sería duramente afectada por una prohibición", escribió Robin J. Brooks, investigador sénior de la Institución Brookings, en una evaluación en línea.

Brasil ha surgido recientemente como el principal comprador de diésel de Estados Unidos, un cambio que se ha acelerado en las últimas semanas después de que Rusia amplió las restricciones a las exportaciones del combustible tras los ataques ucranianos con drones a refinerías.

Brasil depende del diésel para su vasto sector agrícola y busca maneras de reforzar los suministros al tiempo que alivia el impacto económico derivado de los altos precios.

Las autoridades han examinado opciones como aumentar las importaciones desde la India o expandir la producción de biodiésel, que puede elaborarse a partir de la soya. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva también ha aumentado los subsidios al diésel.

Magda Chambriard, directora ejecutiva del gigante petrolero brasileño Petrobras, buscó aliviar algunas de las preocupaciones cuando reveló que la empresa ya había reservado cargamentos para octubre.

Aunque Brasil tiene una gran industria de refinación que podría responder a una prohibición, "No tienen suficiente capacidad nacional para satisfacer la demanda", dijo Reid I'anson, un economista en Kpler, una firma de investigación.

México está en un aprieto

México, el principal socio comercial de Estados Unidos, ha buscado durante años reducir la dependencia de las importaciones de combustibles estadounidenses. Pero los retrasos técnicos y los sobrecostos han plagado sus esfuerzos por expandir la refinación nacional.

El déficit en la producción de diésel de México expone ahora a gran parte de la economía a una prohibición estadounidense. El norte de México, sede de una vasta base industrial, podría resultar especialmente vulnerable si se ordena que los oleoductos transfronterizos en Texas detengan las exportaciones.

Los países latinoamericanos más pequeños están aún más expuestos, lo que podría afectar a productores clave de cobre, plata y litio. La dependencia del diésel estadounidense es particularmente aguda en Centroamérica, que tiene relativamente poca capacidad de refinación.

Chile, que recientemente giró a la derecha con la elección del aliado de Trump, José Antonio Kast, como presidente, se vería especialmente afectado. Chile depende de Estados Unidos para el 88 por ciento de las importaciones de diésel, según S&P Global Energy, una firma de investigación.

Temores de recesión en Europa

Europa también se vería perjudicada, especialmente después de que los países europeos redujeran las compras de combustible ruso luego de que Moscú invadiera Ucrania y de que la guerra en Irán redujera los flujos de energía.

El Reino Unido y los Países Bajos son actualmente los mayores importadores europeos de diésel estadounidense, seguidos de Francia y España.

El Reino Unido ocupa una posición singularmente frágil, ya que Estados Unidos suministra alrededor de un tercio del diésel importado por el país. Los cierres de refinerías nacionales también han reducido la capacidad del país para aumentar sus propios suministros.

Los Países Bajos también son vulnerables, tanto como consumidores de diésel estadounidense como por ser un centro regional de almacenamiento y refinación. Una prohibición estadounidense podría vaciar los inventarios en los Países Bajos, lo que causaría que disminuyan los flujos de barcazas en el río Rin y provocaría una escasez secundaria de diésel en Europa Occidental.

EE. UU. podría perjudicarse a sí mismo

Philip Verleger, un economista especializado en energía, dijo que una prohibición del diésel podría haber tenido consecuencias no deseadas más allá de las interrupciones a corto plazo.

Verleger hizo una comparación con el embargo temporal a las exportaciones de soya del presidente Richard Nixon en 1973 en respuesta a la inflación nacional de Estados Unidos y a una mala cosecha.

Esa medida creó una conmoción en Japón, que a su vez ayudó a financiar la transformación de Brasil de un actor menor en el mercado mundial de soya al competidor preeminente de Estados Unidos en la agricultura global.

De manera similar, dijo Verleger, una prohibición podría empujar a otros países a encontrar suministros alternativos o a acelerar su transición hacia fuentes de energía renovable.

"Una prohibición a las exportaciones de diésel socavaría la credibilidad de Estados Unidos como proveedor de energía confiable", dijo Verleger.

Simon Romero es corresponsal del Times en México, Centroamérica y el Caribe. Reside en Ciudad de México.

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