El fin de semana lo inició Salvatore Ferragamo, un sinónimo de lo clásico. Los sutiles guiños a las tendencias actuales -los 80, la onda safari y de cowboy, la sastrería y los géneros técnicos- no le impidieron mantenerse fiel a su esencia gracias al trabajo de Paul Andrews, el director creativo que asumió ese rol en 2017. Para Ferragamo, la atemporalidad y la versatilidad son la pauta: modelos de distintas generaciones y prendas sin vencimiento se pasearon por la pasarela en este desfile.

Con un nuevo director creativo, Roberto Cavalli presentó una colección sobria y minimalista dentro de los parámetros de la marca. Sin un eje claro, se saltó de la mezcla de estampados a los colores neutros, del metalizado al cuero y el brillo. La evidente extracción de la nueva cabeza de la casa, Paul Surridge, el vestuario masculino, hizo de la sastrería una de las piezas fuertes del desfile.

Para Ermanno Scervino, las faldas de tul no pertenecen solo a Dior. Desde lo ultra femenino de un vestido, la casa logró balancear lo naíf del género al agregar detalles en cuero y trajes a la ecuación. Nuevamente la inspiración del safari se subió a la pasarela y, también, algunos aires victorianos al cierre del show.

Volvieron los 80 de la mano de Philosophy di Lorenzo Serafini: hombreras, énfasis en la cintura, monos y botas. Intercalados algunos vestidos ultra femeninos y, para el cierre, una mezcla entre el estilo cowboy y Las Vegas: brillo y tejanas adaptadas encabezado por Bella Hadid.

Fiel a su estilo, Missoni presentó una propuesta relajada y orgánica. Con colores lavados y una combinación de texturas, festejó sus 65 años con un concierto de piano y una pasarela que se asemeja a una caminata por la noche frente a los típicos cafés europeos. Elegante y sencilla, una colección acertada para recibir un nuevo aniversario de la familia Missoni al frente de la casa.

Para Francesco Risso, el director creativo de Marni, la nueva colección representa a la Venus de Milo futurista. Con inspiración griega en figura y paleta, el desfile se centró en destacar la figura femenina sin descuidar la impronta de la marca que gira alrededor de los estampados y la simpleza de la linea. El styling, con cat eyes gráficos y peinados extremos, acompañaron la idea de esta reinvención: el proceso como parte de la obra.

Una armonía perfecta entre lo moderno y lo clásico, Giorgio Armani encontró la manera de mantenerse fiel a su estilo con un twist moderno. Géneros nacarados y una vibra de los 80, la prueba de que la moda se reinventa en la sastrería clásica de la casa italiana que se topó con el neón y la estética cibernética que inunda las pasarelas.

Por primera vez en la Semana de la Moda, la presencia de Fila muestra sin atajos los cambios en la moda. Con una propuesta muy afín a la marca, sin sorpresas ni extravagancias, la nueva incorporación al evento presentó conjuntos deportivos en sus colores característicos e inauguró una nueva era en la Semana de la Moda. El athleisure llegó para quedarse.

Para cerrar esta errática semana, Domenico Dolce y Stefano Gabbana montaron un enorme espectáculo, o más bien una ópera, con la mujer como protagonista. Flores, excesos, sastrería femenina e inspiración en la vestimenta real y el flamenco español. Un espectáculo montado alrededor de la mujer empoderada, con modelos plus size y grandes figuras como Carla Bruni e Isabella Rossellini tomando la pasarela al final del desfile. Dolce & Gabbana nos regaló el cierre perfecto, reuniendo todo lo que fue y todo lo que se viene: así fueron los últimos días de la Semana de la Moda de Milán.

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