
Todo lo que le acontece al Papa Francisco, termina en las noticias. El miércoles pasado se levantó como siempre a las 4 AM, después de asearse fue al oratorio que tiene en el mismo piso en la Residencia de Santa Marta en donde vive para rezar y celebrar la misa, hacia unos días que se sentía fatigado, pero había amanecido con cierta dificultad para respirar. A pesar de eso, y de venir tomando algunas aspirinas, decidió que iba a estar en la audiencia general de los miércoles, su apego al trabajo y también en no faltar a la cita con tanta gente que se acerca allí con la ilusión de verlo y escucharlo. Al finalizar la audiencia fue trasladado en ambulancia al Hospital Gemelli, A partir del momento de su internación se generaron todo tipo de rumores; “es un problema cardíaco” decían en algunos medios, otros anunciaban una neumonía, o COVID.
En una persona de 86 años es verdad que cualquier circunstancia es de cuidado. Para sorpresa de muchos después de un diagnóstico de una bronquitis viral, amaneció sin fiebre, de muy buen humor y con un ritmo de respiración tranquila. Por la tarde pidió que le enviaran papeles de trabajo, cenó con los médicos y las enfermeras del Hospital y visitó, en su tercer día de hospitalización, a los niños de la planta de oncología pediátrica del hospital A. Gemelli, llevándoles rosarios, huevos de chocolate y ejemplares del libro infantil “Jesús nació en Belén de Judea”.
En un comunicado emitido por el Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, también se detalla que, durante la visita -que duró cerca de media hora-, el pontífice impartió el sacramento del bautismo a un niño llamado Miguel Ángel, de pocas semanas de vida.
Posteriormente, el Santo Padre animó a la madre del recién nacido a decirle a la parroquia donde se registrará el bautismo: “¡El papa lo bautizó!”
El sábado, regresó a Santa Marta, salió en torno a las 10:20 del hospital Gemelli, sentado en el asiento del copiloto de un pequeño auto, escoltado por la policía y agentes de seguridad.

El Papa se detuvo frente a un grupo de fieles, curiosos y periodistas que le saludaban y ante quienes confesó cómo ha vivido estos días en el hospital. “Solo sentí malestar y no tuve miedo, todavía estoy vivo”, insistió Francisco, que bajó del auto ayudado con un bastón y siempre con una sonrisa en el rostro. Antes del ingresar a su residencia en el Vaticano se detuvo unos minutos a rezar en la iglesia de Santa María Mayor, en el centro de Roma, una tradición personal, fue a rezar allí a los días de ser elegido Papa y regresa antes de cada viaje al exterior.
Algunas precisiones sobre esta parada de oración del Papa: Según la tradición la imagen de la Virgen que se conoce como: ”Salus Populi Romani”. Fue pintada por San Lucas . Esta misma leyenda nos dice que la pintura permaneció en Jerusalén y sus alrededores hasta que fue descubierta por Santa Elena en el siglo IV. la pintura fue trasladada a Constantinopla, donde su hijo, el emperador Constantino el Grande, erigió una iglesia para su entronización.
Más tarde, el icono sería trasladado por la propia Santa Elena a Roma. El 27 de marzo de 2020 el icono fue llevado a la plaza de San Pedro para presidir la bendición Urbi et orbi al mundo con motivo de la pandemia por coronavirus. En esta ocasión el icono estuvo acompañado por el crucifijo milagroso que se venera en la Iglesia de San Marcello al Corso, al que se le atribuye el haber librado a Roma de una epidemia de peste en 1522. No es anecdótico por tanto que el Papa haya tenido este gesto agradeciendo a la Virgen su pronta recuperación.

“Feliz Pascua y oren por mí”, dijo el papa a la periodista de la televisión italiana que lo esperaba a la entrada del Vaticano. Durante su ausencia, se escribieron todo tipo de especulaciones, sobre todo teniendo en cuenta la cercanía de la Semana Santa, con el aditamento de un Papa ausente o convaleciente en esos días. Sin embargo impensablemente estaba el Domingo presidiendo la misa de Ramos, Siempre la gente le hizo bien, En su primera aparición pública para una ceremonia oficial, Francisco, se veía pálido y durante su homilía su voz era algo ronca.
El Papa ingresó en el papamóvil a la inmensa explanada para la misa que marca el inicio de la Semana Santa Con rostro serio y vestido con un abrigo blanco, saludó con la mano a las 60.000 personas, según las cifras oficiales, que asistieron a la ceremonia bajo un cielo azul y ventoso.
De pie en el obelisco central de la plaza el bendijo primero miles de ramos de olivo y palma, un rito para las creyentes en recuerdo de la entrada de Jesucristo a Jerusalén.
Al término de la ceremonia, Francisco recorrió en papamóvil la plaza, esta vez sonriente, para saludar a los fieles. Le espera una agenda agitada, la gran pregunta es si podrá estar en el Coliseo para presidir el Vía Crucis, que es al aire libre y en la noche, un verdadero via crucis para su frágil salud.
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