
El acoso sexual está considerado como violencia contra la mujer, está reconocida como una vulneración a los derechos humanos y una de las tantas formas que hay de discriminación por razones de sexo. Las actitudes y prácticas del acoso sexual callejero, serían producto de patrones arraigados de machismo y la constante intención del hombre de demostrar su poder y ejercer subordinación sobre la mujer perpetuándola.
Estamos sin duda ante un complejo problema que tiene diversas aristas y actores involucrados y que además, está científicamente demostrado, afecta tanto a la salud como a la calidad de vida de las mujeres que la padecen. Un dato importante es que en estos más de dos años de pandemia por el virus del COVID-19, el acoso sexual es un delito que se ha incrementado en todo el mundo. Es un fenómeno muy común de los que un número importante de personas podrían creer y es que la cifra negra de la no denuncia en este delito es muy alta y debido a varios motivos.
No hay duda que la data científica es muy importante para cualquier trabajo serio que se quiera realizar, sin embargo, a la fecha no se cuenta con una información real ni estadísticas que muestren la prevalencia de todas las formas de violencia que afectan a las mujeres. Tampoco existe un registro nacional que sea integral y articulado con las instituciones del Estado y privadas que están directamente involucradas en la problemática. Al no existir registros unificados ni indicadores que muestren las diversas acciones o esfuerzos realizados a la fecha, es muy difícil sentar las bases para buscar soluciones a corto, mediano y largo plazo.
En mi opinión, no ha existido una voluntad real de los últimos gobiernos y, tengo que señalarlo, menos aún con este gobierno y ello es fácil de constatar analizando los recursos destinados para la implementación de las normas y políticas públicas. Ya a más de nueve meses de este gobierno y con un importante incremento en el delito de acoso sexual, este gobierno no ha trabajado ni diseñado alguna campaña para concientizar a la población en la importancia de denunciar este delito. Además, tenemos hoy el segundo lugar luego de México en el delito de feminicidio.
Lo que está sucediendo en nuestro país es que, en la práctica, las mujeres víctimas de la violencia tienen que enfrentar una serie de obstáculos, desde un absurdo sistema burocrático, sumado a una falta evidente de interés por brindarles apoyo a su denuncia. Ello en mi entender tiene que ver con los patrones culturales que persisten en nuestra sociedad, un claro ejemplo de ello son nuestros operadores de justicia, reflejados en los altos niveles de impunidad que se registran.
El acoso sexual callejero es un problema de violencia de género y de inseguridad ciudadana que hoy se concentra en la ciudad de Lima. Somos la ciudad en el país de mayor violencia de género. Un factor sin duda es la mayor densidad demográfica, aunado a un total desinterés por parte de las autoridades.
Un objetivo a trabajar urgente es lograr que las autoridades asuman su responsabilidad y trabajen estrategias y planes integrales. Al ser un problema transversal, son varios los actores que deben juntarse para llegar a realizar una adecuada planificación y, de manera paralela, un trabajo de empoderamiento a la mujer.

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