El virus ya se cobró más de siete mil vidas en todo el mundo (REUTERS/Umit Bektas)
El virus ya se cobró más de siete mil vidas en todo el mundo (REUTERS/Umit Bektas)

La crisis del coronavirus, además de tener una velocidad propia de quien vive un fenómeno global en tiempo real, ha hecho que nos familiaricemos con términos epidemiológicos como son las tres etapas secuenciales con las cuales un país se enfrenta a esta amenaza sanitaria. La realidad nos muestra que también debemos considerar tres escenarios en la arena global para ver desarrollos que ya de por sí son dramáticos, y que pueden ser peor aún según donde nos encuentre. Estos tres escenarios responden a las tres zonas geográficas donde el virus ha impactado, está impactando e impactará en el corto plazo: Asia, Europa y América Latina. Analicemos brevemente cada uno de ellos con relación a la gestión de crisis del CoVid19.

Escenario #1 Asia. China fue el país de origen de la pandemia con el agravante de tener un régimen de gobierno autoritario y nada transparente. Las características del virus nuevo y el Gobierno chino hacen que hoy haya más certeza que cuando la pérdida del control era más real que fantasía se resolvió notificar a la OMS que dio la alarma mundial a finales de diciembre. El mismo régimen hace que sea dificultoso establecer estadísticas ciertas, pero lo que hoy se toma como referencia es que la mortalidad en Hubei (región más afectada y primera) ha sido del 2,9% y en el resto del país del 0,4%. Los datos son provisionales. China, además, nos mostró la importancia de “aplanar la curva de contagio” no tanto por disminuir de por si el número de contagios, sino por la presión que sus siderales números demográficos implicaba para los sistemas de salud. No olvidemos la muestra de poder que significo construir un mega-hospital en tan solo diez días. Apenas dos países de la región pudieron “contener” una tasa de crecimiento exponencial: Hong Kong y Singapur, dos islas… mientras tanto hoy China hace muestra de su solidaridad y soft power enviando aviones con técnicos y abastecimiento a Italia.

Escenario #2 Europa. Desgraciadamente parecería ser que la palabra que define a este escenario es la sorpresa. Muchos hablan de negligencia. Sorprendió en Italia y mucho mas a España. Un virus que promete infestar al 70 – 80% está planteando dos situaciones interesantes de estudio al menos en este escenario: por un lado, medidas que hacía más de 100 años no se tomaban, como la cuarentena y el cierre de aeropuertos. Medidas, valga la pena decir, con poco sostén para la contención de un virus, según se vio con el SARS en 2003. Repito: no hay evidencia que sustente que cerrar aeropuertos y otras medidas drásticas sean más beneficiosas que dañinas para un país incluyendo en su salud pública. Recordemos que en salud lo importante es “primero no dañar”. En esto se fundamenta el otro aspecto que es la posición de Reino Unido, que ante lo inevitable privilegia cuidar a los más vulnerables y seguir a todo gas con el movimiento del país. No olvidemos que los ingleses tienen larga y sólida historia en salud pública y la mejor escuela de salud pública del mundo. Habrá que ver en el futuro quién estuvo más acertado. En épocas de crisis, una lección notable es la forma en que comunicó desde el minuto cero el Gobierno de España. Un técnico experto, validado y legitimado como voz única y autorizada por el Ejecutivo de la Nación. No es poco, mientras vemos cómo España y el resto de Europa buscan que no se colapsen sus sistemas y servicios de salud, una tarea que no parece fácil.

Escenario #3 América Latina. En una región donde la desigualdad campa a sus anchas, limitando el acceso a los servicios de salud y donde la fragilidad institucional es notable, imaginar un escenario de pandemia no solo es incierto sino dramático. Por si fuera poco, hasta lo que se vio en estos días gobiernos como los de Argentina o México parecen flotar en el limbo de los que les depare el destino. En Argentina se escucharon frases de su ministro de salud como “no hay ninguna opción que el virus llegue al país” para luego rectificar en un intento de mea culpa: “Nos tomo por sorpresa”. Se puede pensar, pero no decir. Parecería ser que desconocen el principio del aleteo de la mariposa que rige a la aldea global del siglo XXI. En México aún no se han tomado medidas concluyentes, la desconfianza sobre los números oficiales es mucha y parece no haberse capitalizado la experiencia traumática del 2009 con el H1N1 o gripe A. Es más, hasta hace unos pocos días el Presidente decía que había que abrazarse unos con otros. Por lo visto, así como estamos, vamos en camino de repetir los errores de un país como Italia, solo que América Latina no es Europa.

Estos tres escenarios nos permiten cuanto menos, sacar algunas conclusiones. La primera es que siempre se actúa con demora y tomando medidas que no siempre se basaron en la evidencia epidemiológica. El divorcio de la política con la ciencia y evidencia no parece tener fin. Se vuelve a poner en cuestionamiento el prestigio, cada día más devaluado de la OMS, plagada de conflictos de interés, sin capacidad técnica y con financiamiento condicionado. Países con sistemas de salud mas equitativos y desarrollados han ofrecido mejor atención a sus habitantes, aunque poco han podido hacer para el grupo de mayor riesgo: mayores de 80 años con problemas de salud asociados. La falta de una comunicación de riesgo dirigida desde el Estado aumentó y agravó la construcción de un pánico desmedido y con pérdida de una perspectiva real. Pensemos que según OMS por año mueren entre 290.000 y 650.000 personas en el mundo por gripe estacional. Hoy en día los fallecidos por CoVid19 pasan 6.500 aproximadamente y las tasas de mortalidad no solo no son aún concluyentes, sino que varían permanentemente. En términos generales, se puede decir que la respuesta global ha sido tardía y pobre. Solo esperemos que el destino haga que en nuestros países no ocurra lo que muchos nos imaginamos que podría ocurrir, y no parece que el destino esté de nuestro lado.

El autor es profesor titular de Medicina, Escuela Superior de Medicina, Universidad Nacional de Mar del Plata