El USS Abraham Lincoln lleva más de 260 días desplegado por la guerra con Irán y batió un récord histórico de la Marina de EEUU

La guerra con Irán y la crisis en el estrecho de Ormuz extendieron sucesivamente su misión, mientras el desgaste de una tripulación de casi 5.000 personas y la presión sobre la logística militar exponen el costo de sostener las operaciones durante meses

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El USS Abraham Lincoln debía regresar a puerto, pero la guerra con Irán y la crisis en torno al estrecho de Ormuz modificaron una y otra vez los planes de la Marina estadounidense. El portaaviones lleva más de 260 días desplegado en Medio Oriente y continúa operativo después de meses en el mar, una permanencia excepcional que lo convirtió en récord y que expone, detrás del hito, el desgaste de una tripulación y de toda la estructura logística que sostiene al buque.

La extensión de la misión no es solamente una cuestión de calendario. Cada día adicional implica mantener a miles de personas embarcadas, sostener las operaciones aéreas, reponer municiones y repuestos y garantizar el abastecimiento a miles de kilómetros de Estados Unidos.

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Durante su columna en Infobae al Mediodía, Andrei Serbin Pont explicó que el despliegue está generando una presión extraordinaria sobre el personal y sobre el material. “Lleva más de 200 días desplegado en operaciones militares, o sea, operaciones de guerra directamente. Esto está poniendo un estrés muy grande sobre el personal, los 5.000 efectivos que están a bordo, hombres y mujeres”, señaló.

De ese grupo, precisó, “unos 3.000 y pico son el personal que opera el portaaviones y después el resto están vinculados con lo que es el ala aérea del portaaviones”. Son personas que llevan meses trabajando y viviendo a bordo de un buque que no pudo cumplir el ciclo habitual de regreso, descanso y recuperación, mientras la intensidad de las operaciones mantiene al Lincoln en condiciones de combate.

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Más de 260 días sin tocar tierra

La dimensión humana del récord aparece con mayor claridad cuando se observa el tiempo que lleva la tripulación lejos de un puerto. “Estamos hablando de gente que lleva más de 260 días ahí sin tocar tierra”, explicó Serbin Pont, al describir una situación que excede ampliamente la duración habitual de una misión naval y que obliga a mantener durante meses los mismos turnos, tareas de mantenimiento y operaciones que sostienen al portaaviones.

El USS Abraham Lincoln lleva más de 260 días en el mar y rompió el récord de despliegue continuo de un portaaviones de Estados Unidos en Medio Oriente (K.C. Alfred/The San Diego Union-Tribune via AP, Archivo)
El USS Abraham Lincoln lleva más de 260 días en el mar y rompió el récord de despliegue continuo de un portaaviones de Estados Unidos en Medio Oriente (K.C. Alfred/The San Diego Union-Tribune via AP, Archivo)

El desgaste también alcanza al material. Un buque que permanece desplegado durante un período excepcional acumula horas de navegación, operaciones aéreas y tareas de mantenimiento, mientras disminuyen las posibilidades de realizar trabajos más profundos que normalmente se hacen durante los períodos de recuperación. “Hay mucho estrés sobre las líneas logísticas, hay mucho estrés sobre el material en sí, que está sosteniendo operaciones en forma constante”, señaló.

La intensidad del esfuerzo puede medirse por la actividad del ala aérea. Desde febrero, según los datos expuestos durante la columna, los aviones embarcados en el Abraham Lincoln realizaron alrededor de 10.000 despegues y desplegaron unas 680 toneladas de municiones durante las operaciones militares. Detrás de cada misión hay combustible, armamento, repuestos, personal técnico y horas de mantenimiento, además de la necesidad de volver a poner en condiciones a cada aeronave para el siguiente vuelo.

El mismo principio se aplica a todo lo que necesita la tripulación. Agua, alimentos, medicamentos y equipamiento deben llegar al buque mientras las municiones utilizadas y las piezas reemplazadas tienen que ser repuestas. En una situación de guerra, además, las prioridades cambian. “Obviamente se terminan priorizando algunas cuestiones a la hora de asegurarse que pudieran continuar con las operaciones. ¿Qué vas a traer? ¿Una tonelada de vegetales frescos o una tonelada de municiones? Y probablemente vas a traer las municiones y el agua”, graficó Serbin Pont.

Una cadena logística que llega hasta Diego García

La permanencia del Lincoln depende de una estructura que se extiende mucho más allá del portaaviones. La Marina necesita mantener abiertas rutas de abastecimiento y coordinar bases y buques de apoyo para hacer llegar combustible, agua, alimentos, municiones, repuestos y equipamiento médico a las fuerzas desplegadas en la región, una tarea que se vuelve más compleja cuanto más se prolonga la misión.

La tripulación de casi 5.000 personas del USS Abraham Lincoln soporta meses de operaciones de guerra sin cumplir el ciclo habitual de descanso y recuperación (U.S. Navy/Handout via REUTERS)
La tripulación de casi 5.000 personas del USS Abraham Lincoln soporta meses de operaciones de guerra sin cumplir el ciclo habitual de descanso y recuperación (U.S. Navy/Handout via REUTERS)

En esa red ocupa un lugar estratégico Diego García, la instalación militar ubicada en el océano Índico que Estados Unidos utiliza como punto de apoyo para sus operaciones en Medio Oriente. La distancia respecto del teatro de operaciones obliga a sostener una cadena logística de gran extensión, mientras la guerra con Irán y la crisis de Ormuz agregan nuevos riesgos y exigencias a cada movimiento de abastecimiento.

La dificultad está precisamente en mantener esa estructura funcionando durante un período tan prolongado. El problema no es únicamente llevar suficientes suministros al comienzo de una misión, sino garantizar que puedan reponerse de manera constante mientras el portaaviones continúa operando y permanece lejos de su puerto base.

El desgaste del Lincoln afecta a toda la flota

La prolongación del despliegue tampoco afecta únicamente al Abraham Lincoln. Cuando un portaaviones permanece en el mar más tiempo del programado, se modifica el calendario de los buques que deben relevarlo y también el de aquellos que esperan comenzar sus propios períodos de mantenimiento, entrenamiento y preparación.

Esto causa un montón de retrasos en cuanto al proceso de alistamiento de los buques, porque significa que va a pasar más tiempo”, explicó Serbin Pont. La consecuencia es una reacción en cadena dentro de la flota: si un buque no regresa cuando estaba previsto, el siguiente debe modificar sus propios planes y las tripulaciones también tienen que reorganizar sus períodos de descanso y entrenamiento.

La logística militar de Estados Unidos debe abastecer al USS Abraham Lincoln con agua, alimentos, medicamentos, combustible, repuestos y municiones a miles de kilómetros (AP Foto/Giannis Angelakis, Archivo)
La logística militar de Estados Unidos debe abastecer al USS Abraham Lincoln con agua, alimentos, medicamentos, combustible, repuestos y municiones a miles de kilómetros (AP Foto/Giannis Angelakis, Archivo)

El problema se vuelve especialmente sensible porque los portaaviones necesitan períodos de mantenimiento y sus tripulaciones requieren descanso y entrenamiento. El USS Gerald R. Ford atravesó también un despliegue extraordinariamente prolongado, un antecedente que muestra que la presión no se limita al Abraham Lincoln, sino que puede extenderse a distintos componentes de la flota cuando las necesidades de la guerra alteran los ciclos previstos.

La cuestión estratégica pasa entonces por determinar cuánto tiempo puede sostenerse una sucesión de misiones excepcionales sin que el desgaste acumulado termine reduciendo la disponibilidad futura de los propios buques.

El relevo llegará desde Japón

El Abraham Lincoln finalmente será relevado por el USS George Washington, que se desplaza desde Japón hacia Medio Oriente. La llegada del nuevo portaaviones permitirá que el Lincoln abandone el teatro de operaciones después de más de 7 meses, pero el movimiento también revela el costo que tiene para Estados Unidos sostener la presión militar en la región: recursos navales destinados al Pacífico deben ser desplazados para cubrir una necesidad surgida en Medio Oriente.

Ahora tiene que llegar justamente otro portaaviones para reemplazar al Abraham Lincoln. Va a estar llegando el George Washington, que en este momento se viene desplazando desde Japón y que está confirmado que llegaría en los próximos días para llevar adelante este relevo”, anticipó Serbin Pont.

El nuevo buque tendrá que asumir una misión que mantiene un alto nivel de intensidad y que ya llevó al Lincoln a romper un récord de despliegue. “Probablemente veamos en el corto plazo un enorme esfuerzo sobre este nuevo portaaviones, el George Washington, para que puedan sostener las operaciones que tienen mucha intensidad en Medio Oriente”, advirtió.

El USS George Washington llegará desde Japón para relevar al USS Abraham Lincoln, mientras la Marina de Estados Unidos reordena su flota por la guerra en Medio Oriente (@CENTCOM)
El USS George Washington llegará desde Japón para relevar al USS Abraham Lincoln, mientras la Marina de Estados Unidos reordena su flota por la guerra en Medio Oriente (@CENTCOM)

El relevo permitirá que una tripulación abandone finalmente la zona de operaciones, pero no resolverá la tensión que originó el despliegue extraordinario. La misión simplemente pasará a otro buque, mientras la Marina deberá recuperar posteriormente el tiempo de mantenimiento y descanso desplazado por las necesidades de la guerra.

La pregunta detrás del récord

El USS Abraham Lincoln logró permanecer más de 260 días en el mar porque la guerra exigió que siguiera allí. Esa cifra representa una demostración de la capacidad estadounidense para sostener una fuerza aeronaval a miles de kilómetros de su territorio, pero también permite dimensionar el costo de hacerlo: casi 5.000 personas embarcadas durante meses, 10.000 despegues, 680 toneladas de municiones utilizadas y una cadena logística que debió mantenerse activa.

El récord tiene, por lo tanto, una doble lectura. Por un lado, muestra la capacidad de Estados Unidos para proyectar y sostener poder militar lejos de sus costas. Por otro, revela que incluso una de las flotas más poderosas del mundo depende de ciclos de mantenimiento, abastecimiento y recuperación que la guerra puede alterar, pero no eliminar.

Cuando el Lincoln finalmente sea relevado, su tripulación tendrá que recuperar el tiempo perdido y el buque deberá atravesar los procesos necesarios para volver a estar plenamente disponible. Mientras tanto, el George Washington asumirá la misión y la presión continuará sobre otro grupo de marinos y sobre otra plataforma.

Detrás de los 265 días sin tocar puerto queda así una pregunta que excede al Abraham Lincoln y alcanza a toda la estrategia estadounidense en Medio Oriente: cuánto tiempo puede Washington sostener este nivel de esfuerzo antes de que el desgaste deje de ser una consecuencia de la guerra y se convierta en un límite para su propia capacidad militar.

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