
En la historia del imperio inglés en América, Willoughbyland fue una colonia breve y poco recordada que ocupó parte del actual Surinam y terminó cedida a los holandeses a cambio de Nueva Ámsterdam, la ciudad que más tarde se convertiría en Nueva York. El episodio, reconstruido por History Today a partir del trabajo de Matthew Parker, muestra cómo ese asentamiento pasó en pocos años de promesa económica a fracaso político y militar.
El enclave surgió en el siglo XVII, en la llamada Costa Salvaje de Guayana, una región que atraía a las potencias europeas por la fertilidad de sus tierras, la riqueza forestal y los rumores persistentes sobre la existencia de El Dorado. La colonia recibió el nombre de Francis Willoughby, aristócrata inglés y figura de trayectoria cambiante durante la Guerra Civil inglesa.
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Willoughby había combatido del lado parlamentario en la primera etapa del conflicto, pero luego se sumó a los realistas. Tras la ejecución de Carlos I y la derrota monárquica, buscó consolidar una base de poder en el Caribe inglés. En ese contexto, impulsó la ocupación de una franja de territorio en la zona que hoy pertenece a Surinam, entonces disputada por distintas coronas europeas.
Un asentamiento próspero en una frontera inestable
De acuerdo con History Today, los primeros intentos europeos de colonización en las Guayanas solían fracasar por enfermedades, aislamiento y choques con los pueblos originarios. En el caso de Willoughbyland, la supervivencia inicial dependió de acuerdos con grupos indígenas locales, identificados en las fuentes inglesas de la época como “caribes”. Ese entendimiento permitió una paz frágil que favoreció la instalación de los colonos.
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Los primeros pobladores cultivaron tabaco y algodón, y también comerciaron con productos locales. Con el paso de los años, la colonia amplió su escala y se orientó hacia una economía de plantación. Hacia fines de la década de 1650 había unos 4.000 colonos y cerca de 200 plantaciones distribuidas a lo largo de los ríos, que funcionaban como principal vía de comunicación.
El crecimiento de la producción azucarera fue uno de los factores centrales de esa expansión. Cerca de 50 plantaciones elaboraban azúcar considerado de alta calidad por los observadores ingleses del período. Ese desarrollo llevó a algunos contemporáneos a presentar a Willoughbyland como una de las colonias con más futuro del mundo inglés.
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La colonia también se destacó por ciertos rasgos institucionales inusuales para la época. Según History Today, allí existieron márgenes de libertad religiosa que facilitaron la llegada de inmigrantes judíos. A esa comunidad se le reconoció libertad de conciencia, permiso para levantar una sinagoga y beneficios fiscales temporales. La primera sinagoga de la colonia se construyó en 1654.
Otro rasgo distintivo fue la existencia de una forma de gobierno electiva entre los plantadores. Un colono citado por la publicación describió ese esquema como “una forma peculiar de gobierno, electiva por el pueblo”. Ese sistema convivía con la estructura colonial inglesa y con la influencia decisiva de los grandes propietarios.
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La imagen de una tierra exuberante y hostil
La experiencia de Aphra Behn aportó una de las descripciones más conocidas de la colonia. La escritora inglesa pasó varios meses en Surinam a partir de 1663 y esa estadía inspiró después su obra Oroonoko. En su relato, el territorio aparecía como un espacio de gran atractivo natural, con vegetación abundante, clima cálido y una variedad de frutas y aromas que impresionó a los visitantes europeos.
Al mismo tiempo, esa imagen convivía con otra muy distinta. Las crónicas también hablaban de un medio ambiente riesgoso, marcado por la presencia de jaguares, cocodrilos, serpientes, escorpiones, murciélagos, mosquitos y anguilas eléctricas. Esa combinación de fertilidad y amenaza definió buena parte de la percepción europea sobre la zona.
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La vida colonial, además, no dependía solo del entorno natural. También estaba atravesada por rivalidades políticas, disputas comerciales y tensiones entre facciones inglesas. Esas fracturas se profundizaron después de la Restauración monárquica en Inglaterra.
Crisis interna, guerra y un canje
El artículo de History Today indicó que el punto de inflexión llegó con el deterioro del sistema político local. El gobernador William Byam, blanco de fuertes críticas en los testimonios de la época, aprovechó el regreso de la monarquía para consolidarse en el poder y cancelar las elecciones. Esa decisión provocó protestas, expulsiones y encarcelamientos, y abrió una etapa de fuerte conflicto interno.
Cuando Francis Willoughby regresó a la colonia en 1664, ya encontró una situación frágil. Según la reconstrucción de History Today, incluso sobrevivió a un intento de asesinato. A ese cuadro se sumó una epidemia de fiebre que redujo de forma severa a la población.
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La guerra terminó de desestabilizar el asentamiento. En 1666, en el marco de los enfrentamientos angloholandeses y del conflicto con Francia, Willoughby ordenó atacar colonias vecinas. Las bajas militares, las enfermedades y las deserciones debilitaron todavía más la defensa de Willoughbyland.
Ese mismo año, Willoughby murió cuando una flota inglesa que navegaba desde Barbados fue destruida por un huracán en el Caribe. Su desaparición afectó la moral del enclave. Poco después, en febrero de 1667, una expedición de Zelanda llegó al río Surinam y los ingleses entregaron con rapidez el Fuerte Willoughby.
Aunque hubo una recuperación temporal más adelante, el destino de la colonia ya estaba sellado. El Tratado de Breda, firmado en 1667, confirmó la cesión definitiva del territorio a los holandeses. A cambio, Inglaterra retuvo Nueva Ámsterdam, que luego pasó a llamarse Nueva York.
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