
Los Emiratos Árabes Unidos (EAU) han salido de la Opep tras casi sesenta años de membresía, no por una coyuntura comercial, sino como reflejo de una transformación estructural en su rol global y en la naturaleza de su economía. En una columna publicada por Financial Times, Yousef Al Otaiba -embajador emiratí ante los Estados Unidos- afirmó: “Esta no es la decisión de un país interesado principalmente en gestionar la oferta de petróleo dentro de un marco colectivo. Ese país ya no existe”.
Al Otaiba, quien con 13 años asistió a su primera reunión de la Opep junto a su padre Mana Al Otaiba —entonces ministro de petróleo y recursos minerales de los Emiratos Árabes Unidos—, sostiene que la pertenencia a la organización respondía a una etapa superada. El país, afirmó el ex seis veces presidente de la Opep, deja de lado una estructura creada “para estados dependientes del petróleo”, condición que Abu Dhabi abandonó décadas atrás.
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La salida de los Emiratos representa un viraje estratégico. Para Al Otaiba, el país se ha convertido en una economía diversificada, con menos de una cuarta parte de su PIB asociada a la energía y un crecimiento dinámico en sectores como aviación, logística, manufactura avanzada, inteligencia artificial, turismo y ciencias de la vida. Los ingresos del petróleo siempre fueron un medio, no un fin. El objetivo era algo más duradero: una economía diversificada, una sociedad del conocimiento, le indicó su padre hace días, cuando el diplomático le consultó sobre la decisión de EAU sobre dejar la organización.
El análisis de Al Otaiba responde directamente a la pregunta acerca de los motivos reales de la salida: los Emiratos Árabes Unidos han dejado de ser un país petrolero para convertirse en una potencia económica con socios estratégicos globales y una visión de futuro basada en la tecnología, la inversión y la estabilidad regional. La pertenencia a la Opep, basada en la gestión colectiva de la oferta, ya no se ajusta a las prioridades ni a la estructura de la nación.
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Los Emiratos ya no dependen del petróleo como antes
Al Otaiba recordó la fundación de la Opep como un “marco de gestión de producción, disciplina colectiva y coordinación de precios” útil para economías emergentes. Representó acceso a “experiencia, estabilidad y poder de negociación” que un país recién independiente no podía alcanzar en solitario. En palabras textuales: “Como Abu Dhabi, nos unimos a la Opep antes incluso de ser una nación”.
Hoy, menos de la cuarta parte del PIB emiratí proviene de la energía. El autor destacó la firma de 35 acuerdos de asociación económica integral en los últimos cuatro años con países como India, Corea del Sur, Indonesia, Ucrania, Israel, Kenia, Malasia, Vietnam y Jordania. Además, el país negocia actualmente un acuerdo bilateral con la Unión Europea y mantiene una alianza en inversión y tecnología, valorada en USD 1,4 billones, con Estados Unidos.
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Según Al Otaiba, esta red de convenios y la evolución sectorial del país son signos inequívocos de que la centralidad del petróleo ha sido superada. “Este no es el perfil de un país cuyo interés principal es coordinar el suministro dentro de un marco colectivo”, afirmó en Financial Times.
Seguridad energética global
El último año, la inseguridad energética se convirtió en preocupación universal. Conflictos regionales interrumpieron el suministro, impulsaron los precios a niveles máximos y generaron costos reales para consumidores y empresas en países que van de Estados Unidos a la India. Para el diplomático emiratí, “la lección no es complicada: el mundo necesita energía más confiable y asequible, y necesita productores capaces de garantizarla”.
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Al Otaiba subrayó que el interés de los Emiratos Árabes Unidos radica en la estabilidad regional, objetivo que también guía su política exterior y energética. El país dispone de capacidad ociosa y la infraestructura necesaria para ampliarla. Ha anunciado inversiones de decenas de miles de millones de dólares en nuevos oleoductos, modernización portuaria y logística reforzada con el fin de garantizar el flujo energético mundial, cualquiera sea el contexto regional.

El objetivo operativo inmediato es alcanzar una capacidad de producción de cinco millones de barriles diarios para 2027. Pero, remarcó Al Otaiba, bajo el modelo colectivo de la Opep esa capacidad “permanece ociosa”. Planteó que la salida no es meramente comercial, sino un deber: “Los Emiratos tienen la capacidad de contribuir a la seguridad energética y la estabilidad económica internacionales en un momento en que ambas realmente están en riesgo”, sostuvo.
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Diversificación y energía limpia
Para Al Otaiba, los ingresos por mayor producción no se concentran en el sector estatal, sino que “se reciclan en inversiones en infraestructura en el mundo en desarrollo”. El grupo Masdar, empresa emblemática de energías renovables, lleva dos décadas instalando capacidad en 40 países, incluidos Estados Unidos. La central nuclear Barakah, la primera operativa del mundo árabe, ya está suministrando energía limpia. ADNOC, la empresa nacional de hidrocarburos, ha destinado decenas de miles de millones de dólares a impulsar tecnologías de menor huella de carbono mediante su filial global XRG.
Desde la perspectiva del autor, el país ha rechazado la dicotomía entre hidrocarburos y transición energética: “No estamos eligiendo entre petróleo y transición. Financiamos una con la otra”, aseveró.
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La contradicción iraní
El columnista identificó otro motivo institucional para la salida: la permanencia de Irán como miembro en regla, “mientras viola la misión de la Opep de asegurar mercados estables y un suministro eficiente, económico y regular de petróleo”. Señaló que el régimen de Irán “renovó sus ataques contra petroleros e infraestructura energética en el Golfo”, desoyendo tanto el cese del fuego como el derecho internacional.
Al Otaiba volvió sobre el legado familiar y nacional en la definición de una meta más ambiciosa: “Mi padre me recordó que este siempre fue el plan. Como el traje y la corbata de 1986, hemos superado a la Opep. Los ingresos del petróleo fueron siempre un medio, no un fin. La meta era construir algo más duradero: una economía diversificada, una sociedad del conocimiento, un país con alianzas profundas y la capacidad de prosperar ante cualquier desafío”.
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