
La presión que se ejerce en las universidades rusas sobre los estudiantes para sumarse a las fuerzas de drones del ejército, en plena guerra contra Ucrania, ha alcanzado un nivel inédito, según revelan múltiples testimonios directos y evidencia recabada por CNN. Más allá de la campaña pública de reclutamiento, esta estrategia plantea desafíos profundos para el sistema educativo y social ruso, al transformar los espacios académicos —históricamente considerados refugios frente al servicio militar— en canales activos de conscripción para el conflicto.
A lo largo del país, organizaciones como Groza han documentado, mediante bases de datos y declaraciones directas, al menos 246 universidades y colegios —incluyendo instituciones tan reconocidas como la Universidad Estatal de San Petersburgo y la Escuela Superior de Economía en Moscú— implicados en el impulso a la captación estudiantil para roles vinculados a sistemas no tripulados y fuerzas de drones.
El esquema de reclutamiento iniciado en enero, dos meses después de la creación oficial de las Fuerzas de Sistemas No Tripulados por el Ministerio de Defensa ruso, se apoya en mensajes dirigidos a jóvenes, promesas salariales inéditas y una narrativa tecnológica. Algunos contratos publicitados llegan a ofrecer una gratificación única de hasta USD 56.000 para unirse y un salario base anual cercano a los USD 70.000, de acuerdo a documentos y anuncios analizados por CNN. Estos montos representan un salto respecto a los estipendios habituales del ejército ruso y buscan atraer perfiles con experiencia en videojuegos y deportes electrónicos, asumiendo que esas habilidades son transferibles al pilotaje de drones.
Sin embargo, abogados como Artem Klyga, especialista militar asentado en Berlín advierten que, tras esta fachada contractual limitada a un año y con garantías de baja exposición al frente, subyace en realidad el clásico acuerdo indefinido de las fuerzas armadas rusas.
Según Klyga y otros expertos consultados por CNN, el decreto de movilización parcial firmado por Vladimir Putin en septiembre de 2022 permanece vigente, incluso después de completarse el borrador inicial de 300.000 efectivos. Esto implica que, una vez finalizado el plazo anunciado de un año, los contratos no caducan automáticamente y los estudiantes pueden ser reasignados o permanecer en filas, sin opción de baja voluntaria.
La promesa de un servicio lejos del combate, así como los incentivos académicos, tampoco cuentan con respaldo jurídico vinculante. El activista Grigory Sverdlin, responsable de la organización anti-guerra Idite Lesom, explica que los reclutas “pueden ser enviados a cualquier unidad que el Ministerio de Defensa decida. No existe el derecho a escoger”.
Nuevas tácticas de presión
Los estudiantes rusos describen un clima asfixiante y una variedad de métodos de coerción. De acuerdo con los testimonios recopilados por CNN, quienes arrastran asignaturas pendientes o adeudan exámenes enfrentan amenazas de expulsión inmediata si no aceptan inscribirse en las fuerzas de drones.
En varias universidades, grupos enteros con retrasos académicos fueron convocados a reuniones donde se insistió —a veces mediante ultimátums— en la supuesta conveniencia de optar por el contrato militar para conservar la matrícula.
Incluso, ciertos departamentos identifican principalmente a estudiantes de primer año con dificultades emocionales o de adaptación, citándolos a entrevistas individuales sin detallar el motivo, para después presentar esta opción con lenguaje persuasivo y personal. “Lo que hacen es abuso emocional”, sostiene una de las protagonistas bajo resguardo de anonimato.
Las estrategias de presión incluyen también la reducción unilateral de los plazos para regularizar materias pendientes. En marzo, las notificaciones indicaban que quienes no lograran entregar todos los trabajos antes del 31 de ese mes serían definitivamente expulsados.
La crisis de reemplazo
A pesar de la estabilidad temporal conseguida tras el caótico llamado a filas de 2022, cuando cientos de miles de hombres huyeron del país, Rusia enfrenta hoy un déficit sostenido de personal militar apto. Estimaciones occidentales sostienen que para marzo de este año Ucrania ya habría causado 89.000 bajas rusas —entre muertos y heridos graves— y que durante el mismo lapso Moscú solo habría conseguido reclutar 80.000 nuevos efectivos. Vladimir Zelensky, presidente de Ucrania, respalda estas cifras con datos oficiales. Por su parte, el gobierno ruso no difunde sus datos de bajas.
El Kremlin ha optado recientemente por autorizar el llamado puntual de reservistas y endurecer las campañas de captación dirigidas a sectores vulnerables de la población, como internos en cárceles y ciudadanos extranjeros. La tendencia, según la especialista Kateryna Stepanenko del Institute for the Study of War en Washington, apunta a “una ampliación sin precedentes de las atribuciones para imponer campañas cada vez más coercitivas”.
La vocería del Kremlin, a través de Dmitry Peskov, reconoció que la campaña de reclutamiento para las Fuerzas de Sistemas No Tripulados se encuentra en marcha, y la presentó públicamente como “una oferta completamente abierta para un nuevo ramo de las fuerzas armadas”, según recoge CNN.
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