
Ucrania revirtió parte de la iniciativa militar de Rusia con una expansión masiva de su producción de drones, que le permitió golpear objetivos a larga distancia, frenar avances en el frente y reducir su dependencia de Estados Unidos, según informó el Financial Times desde Kiev.
El cambio llegó después de un inicio de año en el que Moscú dominó el campo de batalla y una campaña aérea invernal rusa destruyó gran parte de la infraestructura energética ucraniana, hasta dejar a Kiev, una ciudad de unos 4 millones de habitantes, al borde de la catástrofe. Ese contraste explicó por qué el repunte reciente alteró una idea instalada durante meses: que el ejército ruso, más grande y mejor equipado, acabaría imponiendo el desgaste.
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Denys Shtilierman, cofundador de la empresa militar ucraniana Fire Point, dijo al Financial Times que su fábrica en las afueras de Kiev produce unas 300 unidades diarias de los drones FP-1 y FP-2, de largo y medio alcance, con un costo de unos 50.000 euros cada uno. Esos aparatos atacaron objetivos rusos todos los días y pasaron a ocupar un lugar central en la mejora militar ucraniana.
El presidente Volodímir Zelensky afirmó la semana pasada que este mes hubo cambios en la dinámica “a favor de Ucrania” y que sus fuerzas sostuvieron más posiciones e infligieron más daño. También dijo que los ataques de largo alcance sobre territorio ruso resultaron “especialmente” relevantes.
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Kiev amplió la guerra dentro de Rusia
Días después de la visita del Financial Times a la planta de Fire Point, decenas de esos drones volaron cientos de kilómetros hasta Moscú y más allá en el mayor bombardeo contra la capital rusa desde el comienzo de la guerra. Los aparatos atravesaron defensas aéreas rusas y cayeron sobre refinerías de petróleo, con incendios y columnas de humo visibles desde el espacio, según el diario.
Shtilierman explicó una de las tácticas recientes en Crimea ocupada: pilotos ucranianos equiparon drones FP-1 de ala fija, usados como “naves madre”, con dos cuadricópteros cargados con bombas para dejarlos cerca de aeropuertos rusos y atacar aeronaves cuando aterrizaran. La operación mostró hasta qué punto Kiev buscó trasladar la presión militar al territorio controlado por su adversario.
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Alyona Getmanchuk, jefa de la misión ucraniana ante la OTAN, dijo al Financial Times que su país está “ahora en una de sus posiciones más fuertes desde el inicio de la guerra” porque depende menos de sus socios. Funcionarios militares ucranianos y expertos occidentales coincidieron en que las tropas de Kiev están más fuertes que en cualquier momento desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, al cubrir huecos dejados por Washington con mayor ayuda europea y más autosuficiencia.
Ucrania produjo en masa vehículos no tripulados a una escala y velocidad difíciles de imaginar hace un año. Esa capacidad le permitió sostener la guerra de drones de largo alcance y, al mismo tiempo, mantener una “zona de muerte” de corto alcance a lo largo del frente, lo que compensó en gran medida su escasez de tropas y desaceleró ofensivas rusas que muchos preveían más intensas el año pasado y esta primavera.
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Moscú mostró inquietud y desgaste interno
Antes del desfile del Día de la Victoria del 9 de mayo, las autoridades rusas se mostraron inusualmente inquietas ante la posibilidad de un ataque ucraniano con drones sobre la Plaza Roja. La seguridad se reforzó y la celebración se redujo para incluir solo soldados a pie, según el Financial Times.
La guerra también se acercó a la vida cotidiana rusa. Los ataques ucranianos con drones se volvieron frecuentes incluso hasta los Urales, mientras el índice de “potencial de protesta personal” del centro estatal Vtsiom subió al 25% en abril, su nivel más alto desde el inicio de la invasión.
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Un empresario ruso de alto rango dijo al Financial Times que entre las élites hay furia y consenso en que la situación es “una catástrofe”. También afirmó que Vladimir Putin, en el poder desde el cambio de siglo, es “abrumadoramente impopular”, aunque lo describió como viejo y obstinado.
La pregunta central en esta fase fue qué cambió en el campo de batalla. Ucrania intensificó su producción de drones, amplió sus ataques profundos y obligó a Rusia a pelear bajo amenaza constante sobre sus aeródromos, su logística, sus sistemas antiaéreos y su infraestructura energética. La consecuencia geopolítica inmediata fue que Kiev dejó de depender por completo del ritmo de suministro occidental para sostener la guerra.
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Mykhailo Fedorov, ministro de Defensa de Ucrania, dijo la semana pasada que unos 35.000 rusos murieron o sufrieron heridas graves entre marzo y abril. El funcionario sostuvo además que, durante cinco meses seguidos, Rusia perdió más personal del que logró movilizar, sobre la base de una estimación ucraniana de 29.500 nuevos soldados reclutados por mes.
Según reportes de inteligencia citados por el Financial Times, 1,2 millones de soldados rusos murieron o resultaron heridos desde febrero de 2022, una cifra de bajas que ninguna gran potencia sufrió en un solo conflicto desde la Segunda Guerra Mundial. El miércoles, Anne Keast-Butler, jefa del servicio británico de inteligencia cibernética GCHQ, dijo que casi medio millón de soldados rusos habían muerto.
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Ucrania también sufrió una escasez de efectivos. Estimaciones occidentales citadas por el diario ubicaron sus bajas entre 500.000 y 600.000, mientras ni Moscú ni Kiev publicaron cifras oficiales de muertos y heridos.
La industria militar ucraniana cambió la ecuación
Respaldado por unos 90.000 millones de euros en préstamos de la Unión Europea, Kiev volcó recursos a su producción doméstica de armas para reducir su dependencia de armamento occidental y de las restricciones políticas asociadas. Esa expansión incluyó drones terrestres, navales y aéreos, sistemas de artillería, equipos de guerra electrónica y hasta misiles balísticos y de crucero.
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En los primeros cuatro meses de este año, el Ministerio de Defensa ucraniano reportó un crecimiento exponencial en la fabricación de drones de reconocimiento, que subieron 441% respecto del total de 2025; drones de ataque medio, con un alza de 312%; y sistemas de ataque profundo, con 53%. El mismo ministerio afirmó que la producción de drones FPV de fibra óptica aumentó 179%, aunque el Financial Times aclaró que no pudo verificar esas cifras de forma independiente.
Stanislav Gryshyn, de General Cherry, dijo al diario que en marzo un FPV fabricado por su empresa derribó un helicóptero de ataque ruso Ka-52, un equipo mucho más costoso. También sostuvo que esos aparatos están cambiando de raíz la guerra convencional.
El analista militar Franz-Stefan Gady dijo al Financial Times que, al desplegar enjambres de FPV para establecer una zona de muerte de 20 kilómetros de profundidad, Ucrania recuperó “paridad o superioridad” en sectores seleccionados del frente en la guerra de drones. Añadió que Ucrania está probablemente en una mejor posición militar en mayo de 2026 que en mayo de 2025 y que los problemas rusos son ahora más sistémicos.
Kiev también expandió sus operaciones de alcance medio para interrumpir la logística y las líneas de abastecimiento rusas. Entre los nuevos modelos mencionados por el diario aparecieron el FP-2 de Fire Point, el Khmarynka de General Cherry y el Hornet, fabricado por la empresa estadounidense Swift Beat, fundada por el exdirector ejecutivo de Google Eric Schmidt.

Este mes, las fuerzas ucranianas publicaron videos de ataques con drones contra objetivos situados entre 30 y 65 kilómetros detrás del frente. También difundieron un golpe con FP-2 contra una sede del FSB ruso y otro contra un sistema de defensa aérea cerca de la entrada a la península ocupada de Crimea, a más de 200 kilómetros de distancia.
Zelensky afirmó que unos 100 agentes rusos murieron o resultaron heridos en el ataque al FSB. En otra señal del impacto de esta campaña, Rusia aprobó el miércoles una ley que habilitó al banco central y a otras instituciones financieras a derribar e interferir drones, siempre que asuman el costo de esas medidas.
Dmytro Putiata, exintegrante de las Fuerzas de Sistemas No Tripulados de Ucrania, dijo al Financial Times que la campaña alcanzó objetivos “a distancias que no habían sido golpeadas al menos desde 2024”, cuando Ucrania todavía disponía de mayores existencias de misiles y lanzadores occidentales de mayor alcance como Atacms, Himars y Storm Shadow.
Esos avances obligaron al ejército ruso a reducir el uso de combustible y a alargar sus rutas logísticas al trasladar depósitos a entre 120 y 150 kilómetros del frente, en lugar de 80. En algunos casos, los depósitos incluso pasaron a territorio ruso.
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