La Guardia Revolucionaria de Irán evolucionó hasta convertirse en una de las instituciones más influyentes y temidas del país, con un rol que abarca desde la defensa del régimen hasta la supervisión de vastos intereses económicos y operaciones en el extranjero. Su crecimiento y consolidación la transformaron en un pilar fundamental de la teocracia iraní, respondiendo únicamente al líder supremo y manteniendo una autonomía considerable respecto de las fuerzas armadas convencionales.
El origen de la Guardia se remonta a la Revolución Islámica de 1979, cuando se fundó con la misión de proteger al naciente gobierno dirigido por clérigos chiíes. Su función quedó consagrada en la Constitución, lo que le otorgó una legitimidad institucional que perdura hasta la actualidad.
Durante la prolongada y devastadora guerra con Irak en la década de 1980, se consolidó como fuerza militar y política, acumulando experiencia y recursos. Tras el conflicto, el ayatolá Ali Khamenei autorizó su expansión en el ámbito económico, permitiendo a la organización ampliar su influencia a través de empresas como Khatam al-Anbia, dedicada a la construcción de infraestructuras, y otras firmas que participan en sectores como puertos, telecomunicaciones y servicios médicos.
El poder no se limita a la esfera interna. A través de la Fuerza Quds, su brazo expedicionario, desempeñó un papel central en la política regional, articulando el denominado “Eje de Resistencia” frente a Estados Unidos e Israel. La Guardia respaldó a actores clave como el ex dictador sirio Bashar Al Assad, el grupo libanés Hezbollah, los rebeldes hutíes en Yemen y otras organizaciones afines en Medio Oriente.

Tras la operación estadounidense en Irak en 2003, la Fuerza Quds incrementó su actividad, según autoridades estadounidenses, entrenando milicianos en la fabricación de artefactos explosivos y apoyando operaciones contra tropas extranjeras en la región.
La influencia de la Guardia se extiende al plano de la seguridad y la inteligencia. El cuerpo dispone de sus propios servicios de inteligencia, responsables de múltiples arrestos y condenas de ciudadanos con doble nacionalidad o vínculos occidentales bajo acusaciones de espionaje.
Estas detenciones, llevadas a cabo en procesos cerrados, fueron denunciadas por gobiernos occidentales y organizaciones internacionales, que acusan a Irán de utilizar a estos prisioneros como piezas de negociación en conversaciones sobre su programa nuclear u otras cuestiones estratégicas.

La participación en la represión de las protestas internas ha sido una constante de la Guardia. El Basij, fuerza voluntaria adscrita a la Guardia, actúa como brazo ejecutor en el control de manifestaciones. Diversos videos de movilizaciones recientes mostraron a miembros del Basij equipados con armas largas, porras y pistolas de perdigones, golpeando y persiguiendo a manifestantes por las calles
Un comandante del Basij llegó a aparecer en la televisión estatal para advertir a las familias que impidieran la participación de sus hijos en las protestas y convocó a los voluntarios a reunirse para sofocar las movilizaciones.
En el ámbito económico, la Guardia controla empresas que abarcan desde la construcción hasta el sector de las telecomunicaciones y la gestión portuaria. Su participación en actividades comerciales le permite financiar operaciones y refuerza su independencia dentro del aparato estatal. Se le atribuye también un papel destacado en el contrabando regional y en el apoyo logístico a grupos aliados en distintos países del Medio Oriente.

El papel internacional de la rama de las Fuerzas Armadas de Irán cobró aún más relevancia en el contexto de la guerra entre Israel y Hamas. El ataque del grupo terrorista el 7 de octubre de 2023 desencadenó una escalada bélica en la región. Israel respondió con campañas militares no solo en Gaza, sino también contra otros aliados de Irán, como Hezbollah y los hutíes. La caída del gobierno de Al Assad en Siria en diciembre de 2024 representó un golpe estratégico para Teherán y para la Guardia, privándolos de un socio clave en la región.
Las recientes sanciones impuestas por la Unión Europea, que la designó como organización terrorista, intensificaron su aislamiento internacional. Esta decisión implica la prohibición de entrada a la UE y la congelación de activos para altos mandos y entidades vinculadas a la fuerza iraní.

La Guardia Revolucionaria se mantiene como un actor central en la política, la economía y la seguridad de Irán, con capacidad para influir tanto en el escenario interno como en el regional. Su estructura, su poder militar y su alcance internacional la convierten en un elemento clave para comprender la dinámica del país y su relación con el resto del mundo.
(Con información de Associated Press)
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