
El patinaje sobre hielo al aire libre, una tradición profundamente arraigada en la cultura canadiense enfrenta un futuro incierto debido a los cada vez más notorios efectos del cambio climático. Según un reportaje de National Geographic, la mítica pista de patinaje del Canal Rideau en Ottawa, conocida como la mayor pista de hielo natural del mundo que se extiende por más de seis kilómetros, ha visto cómo la incertidumbre sobre su apertura anual se ha convertido en una realidad para muchos habitantes y turistas. “Patinar en el canal se ha vuelto tan poco confiable últimamente”, expresó Chris Cochrane, residente de Ottawa, a la publicación. Los inviernos más cálidos dificultan el mantenimiento de esta actividad tradicional.
Un informe publicado por The New York Times detalla cómo las fluctuaciones de temperatura en el hemisferio norte están afectando el famoso ritual invernal de construir pistas de hielo en los patios traseros. El relato de Jack Williams, un niño de 12 años de Ontario ejemplifica esta problemática. “Papá lo llama un gran baño para pájaros”, comentó Jack refiriéndose al estado en el que quedó su pista debido a las constantes lluvias y temperaturas sobre los 12 grados Celsius. Según su padre, Ian, quien reconstruye cada año la pista familiar, este calentamiento obstaculiza las temporadas que solían extenderse de diciembre a marzo.
Además de ser una tradición familiar, el patinaje tiene un peso cultural importante. National Geographic señala que en Canadá, los orígenes del patinaje se remontan a prácticas históricas, como la de los iroqueses, quienes usaban huesos de animales como patines mucho antes de la colonización europea. Durante el siglo XVII, los colonos franceses integraron esta actividad en su vida cotidiana y, dos siglos después, se construyó en Montreal la primera pista comercial al aire libre, consolidando al patinaje como una actividad central en la identidad canadiense. Sin embargo, esta rica historia podría desaparecer debido a las condiciones climáticas. Un estudio señala que las temporadas de patinaje han disminuido entre un 20% y un 30% desde mediados del siglo XX, especialmente en regiones como Alberta y las Praderas.

El cambio en los patrones climáticos también está afectando la vida cotidiana de cientos de canadienses y sus comunidades. La ciudad de Brantford, conocida por mantener hasta veinticinco pistas de hielo al aire libre gracias al trabajo de voluntarios, enfrenta retos cada vez mayores. Aunque han surgido propuestas para construir pistas refrigeradas artificialmente, los voluntarios siguen aferrados a la idea de mantener las pistas tradicionales. Lori-Dawn Cavin, gerente de desarrollo recreativo en Brantford, lamentó que “dos días en los que la Madre Naturaleza no coopera, y todo su trabajo básicamente se desvanece”.
Para mantener esta tradición, iniciativas como Rink Watch , un proyecto de ciencia ciudadana, están recopilando datos sobre el impacto del cambio climático en el patinaje. Colin Robertson, uno de los investigadores detrás del proyecto, declaró a The New York Times que los datos recolectados revelan un panorama desolador: “El número de días de patinaje podría disminuir en un 34 % en Toronto y en un 19 % en Calgary para el año 2090”.
Por otro lado, estas plataformas naturales de actividad física también son cruciales para la integración cultural, especialmente para familias inmigrantes que llegan al país. Robertson destacó: “Es nuestra versión del crisol de culturas... cualquiera con patines y un palo puede participar”. Sin embargo, con condiciones meteorológicas cada vez más impredecibles, estas escenas podrían convertirse en un recuerdo del pasado.

El problema es global. Como explica Robert McLeman, científico ambiental entrevistado por The New York Times, el calentamiento del hemisferio norte, en gran parte causado por las emisiones de gases de efecto invernadero desde la era industrial, está modificando estas experiencias culturales y comunitarias. Aunque las tormentas y climas fríos aún pueden ocurrir, “la consistencia es clave”, afirma McLeman, agregando que el clima poco confiable no será suficiente para sostener pistas de hielo naturales en el futuro cercano.
A pesar de las preocupaciones, para muchas familias como los Berube, de Miramichi, mantener viva esta tradición sigue siendo prioritario. Michael Berube, también participante de Rink Watch , afirmó que, para él, construir pistas para sus hijos es más que una obligación: “Es casi como meditar cuando salgo allí por la noche”. La perseverancia de padres como Berube y Williams refleja el esfuerzo de los canadienses por aferrarse a una parte esencial de su patrimonio cultural, aunque saben que las condiciones pueden no estar a su favor.
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