La versión comenzó a circular cuando la periodista Nicole Zedeck, de la cadena i24NEWS, señaló que las autoridades israelíes habían hallado víctimas fatales en el kibutz de Kfar Aza -al sur de Israel, cercano a la frontera con Gaza- entre las que podía contabilizarse bebés decapitados. La reportera parece conmovida por la novedad, una de las mayores atrocidades que cometió el grupo terrorista Hamas desde que inició sus ataques contra Israel.
“Los militares israelíes dicen que todavía no tienen un número claro (de víctimas). Pero estoy hablando con algunos de los soldados y dicen que lo que han presenciado mientras caminaban por estas diferentes casas, estas diferentes comunidades... bebés, sus cabezas cortadas. Eso es lo que dijeron, familias completamente tiroteadas en sus camas”, relató Zedeck en vivo.
Infobae se comunicó con las autoridades israelíes para tratar de confirmar la versión. No pudieron informar sobre la decapitación, pero sí señalaron que entre las víctimas en ese kibutz había bebés que habían sido masacrados por los islamistas. “Podemos confirmar que mataron bebés, y puedo agregar que mataron a niños, mujeres y ancianos, los amarraron, y los massacraron. Los pusieron en jaulas como animales y los secuestraron. Hamas es una organización como el Estado Islámico”, señaló un vocero de las Fuerzas de Defensa de Israel.
Tres días después de los ataques terroristas, las autoridades militares israelíes continuaban sacando cadáveres del kibutz y tratando de identificar a las víctimas, confirmaron a Infobae.

Coches quemados, casas destruidas y cadáveres donde uno ponga la vista. La desolación es total en el kibutz de Kfar Aza, arrasado por los terroristas palestinos que lanzaron su ofensiva el sábado y donde los combates se extendieron hasta el domingo, crudas huellas del ataque más sangriento contra Israel en décadas.
Los terroristas de Hamas se infiltraron desde su enclave en la Franja de Gaza y se lanzaron al asalto, matando a cientos de israelíes y tomando como rehenes a docenas en lugares como Kfar Aza, cerca de Sderot. Este martes, las FDI llevaron a la prensa extranjera a recorrer la zona, uno de los kibutz más afectados por la embestida.
“Quiero decir algo: no es una guerra, no es un campo de batalla. Ves a los bebés, la madre, los padres, en sus dormitorios, en sus hogares, y cómo el terrorista los mata. Es una masacre, es terrorismo”, destacó el general de división Itai Veruv.
Las tropas israelíes iban casa por casa para recuperar cadáveres de civiles, ya que seguían luchando contra hombres armados y trabajando con trampas explosivas. También estaban esparcidos los cadáveres de terroristas.
Estaban los cuerpos de residentes, muchos encontrados en el interior de sus casas incendiadas, y que los soldados embolsaban y cargaban en la parte trasera de camiones. Y luego estaban los cuerpos de los que se creía que eran los palestinos. Se podía ver humo saliendo de Gaza, al otro lado de la valla metálica rota que los combatientes de Hamás utilizaron para infiltrarse en el kibbutz el sábado.
El relato de un sobreviviente
Cuando Avidor Schwartzman se despertó el sábado por la mañana por los estruendosos ruidos, su primer instinto fue buscar a su hija de un año y el segundo pensar que los disturbios no durarían mucho.
El kibbutz de Kfar Aza, donde viven él y su familia, está cerca de Gaza. Estaban acostumbrados a que los militantes dispararan cohetes que, o bien caían cerca de su comunidad agrícola colectiva de mil miembros, o bien eran derribados por el sistema de defensa antimisiles israelí Cúpula de Hierro.
Cuando una hora más tarde recibieron un mensaje de texto en todo el kibutz que les decía que era peligroso estar fuera, se trasladaron a una habitación segura, pensando que tal vez uno o dos militantes habían entrado en el recinto, donde las casas están situadas entre palmeras.
Durante las 18 horas siguientes, sintió “un terror total y paralizante”. “No paraban de disparar contra nuestra casa”.
“Oía a la gente hablar en árabe. Y todo el tiempo, disparando, oíamos disparos como fuego automático”.

Para su gran alivio, su hija de un año no emitió ningún sonido mientras él y su esposa se quedaban helados. Al anochecer habían perdido el contacto telefónico con los padres de su mujer, que viven cerca. Sólo cuando el ejército acudió a rescatarlos se dieron cuenta de la realidad.
“Parecía algo entre una zona de guerra y el infierno. Cuerpos por todas partes y agujeros de bala por todas partes. Y los padres de mi mujer no están en ninguna parte”, dijo desde Herzliya, al norte de Tel Aviv, donde se alojan con unos parientes.
Schwartzman dijo que no quería hablar en términos de represalias o venganza, sino que quería que las autoridades pusieran fin a la tragedia. “Por favor, paren esto, paren el derramamiento de sangre”, dijo.
(Con información de Reuters)
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