Venta de fósiles: cómo se tasa y qué pasa con un esqueleto de dinosaurio después de una venta millonaria

Más allá de los montos récord en las subastas, los especialistas señalan que la verdadera disputa reside en quién conserva el acceso a estudiar estos hallazgos una vez que cambian de dueño

Esqueleto de dinosaurio en un pedestal junto a un mazo y personas sosteniendo fajos de billetes.
La venta del Tyrannosaurus rex “Gus” por 50,1 millones de dólares reactivó el debate sobre el mercado de fósiles de dinosaurio (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Un esqueleto de Tyrannosaurus rex hallado en Dakota del Sur y vendido por 50,1 millones de dólares volvió a poner en primer plano el mercado de fósiles de dinosaurio, un circuito en el que museos, coleccionistas y casas de subastas disputan piezas que también son material de estudio para la ciencia.

El caso de “Gus”, en una nota de Scientific American basada en opiniones de especialistas del sector y de la paleontología, reabrió una discusión que excede el precio de una venta: quién puede comprar estos restos bajo qué reglas y qué ocurre cuando quedan en manos privadas.

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La venta de “Gus” reactivó un debate sobre acceso científico y patrimonio

La operación se sumó a otras subastas de alto perfil en los últimos años. Entre ellas figura “Apex”, un Stegosaurus vendido por 44,6 millones de dólares en 2024, y “Sue”, otro T. rex que el Field Museum de Chicago compró en 1997 por 8,3 millones de dólares.

El caso de “Gus” volvió a plantear quién puede comprar fósiles de dinosaurio, bajo qué reglas y qué ocurre cuando quedan en manos privadas (REUTERS/Denis Balibouse/File Photo)
El caso de “Gus” volvió a plantear quién puede comprar fósiles de dinosaurio, bajo qué reglas y qué ocurre cuando quedan en manos privadas (REUTERS/Denis Balibouse/File Photo)

Esa secuencia muestra hasta qué punto ciertos ejemplares dejaron de circular solo en ámbitos académicos para entrar en una lógica de alto patrimonio.

En ese mercado, el valor no surge de una escala fija. Influyen qué tan completo está el esqueleto, la rareza de la especie, el estado de conservación y los antecedentes de ventas comparables.

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Craig Kissick, vicepresidente de Heritage Auctions, sostuvo que cada fósil es una pieza singular y que no existe una referencia uniforme como sí ocurre en otros rubros del coleccionismo.

Las subastas de “Apex”, “Sue” y “Gus” muestran que esqueletos de dinosaurio pasaron del ámbito académico al mercado de alto patrimonio (REUTERS/Jordan Tovin)
Las subastas de “Apex”, “Sue” y “Gus” muestran que esqueletos de dinosaurio pasaron del ámbito académico al mercado de alto patrimonio (REUTERS/Jordan Tovin)

Las casas de subastas toman como referencia la última gran venta

Esa ausencia de parámetros estables hace que el precio de un ejemplar quede atado, en buena medida, al monto alcanzado por el anterior fósil semejante que pasó por remate.

Si un esqueleto comparable se vende por decenas de millones, esa cifra pasa a funcionar como piso de negociación para la operación siguiente.

El efecto no es solo comercial. Cuando los valores suben de esa manera, las instituciones científicas quedan en desventaja frente a compradores con mayor capacidad financiera. El resultado es que piezas con potencial de investigación pueden terminar tratadas ante todo como bienes de colección.

Esqueleto completo de Tyrannosaurus rex montado sobre soportes metálicos. Fondo de colinas áridas con pasto bajo cielo muy nublado
El precio de un fósil de dinosaurio depende de la compleción del esqueleto, la rareza de la especie, el estado de conservación y ventas comparables (YouTube:@sothebys)

Los compradores más fuertes no suelen ser museos

La nota de Scientific American ubicó entre los principales interesados a multimillonarios, celebridades y gestores de fondos.

Uno de los casos mencionados es el de Ken Griffin, quien compró “Apex” y luego lo cedió en préstamo al American Museum of Natural History. Ese tipo de acuerdos permite la exhibición pública, pero no modifica la propiedad privada del ejemplar.

Otros fósiles, en cambio, salieron por completo de la vista pública durante años. El artículo citó el caso de “Stan”, otro T. rex, como ejemplo de los límites que aparecen cuando restos de alto interés científico quedan sujetos a decisiones particulares sobre su exhibición, conservación o consulta.

Las casas de subastas usan la última gran venta como referencia y ese criterio empuja nuevos precios récord en el mercado de fósiles (EFE/ Modern & Contemporary Art Evening Sale New York)
Las casas de subastas usan la última gran venta como referencia y ese criterio empuja nuevos precios récord en el mercado de fósiles (EFE/ Modern & Contemporary Art Evening Sale New York)

El problema no es solo quién paga más, sino quién puede estudiar el hallazgo

Para paleontólogos consultados por el medio, la principal preocupación no pasa únicamente por los montos récord, sino por el acceso posterior a los materiales. Un fósil en manos privadas puede exhibirse, prestarse a un museo o permanecer guardado, y en cualquiera de esos escenarios la investigación depende de la voluntad de su dueño.

El artículo también señaló que la suba de precios puede crear incentivos para prácticas ilegales, como excavaciones clandestinas o tráfico de restos paleontológicos. A eso se suman disputas en los sitios de hallazgo, conflictos de propiedad y tensiones entre el interés científico y el valor de mercado.

La propiedad privada de fósiles como “Apex” o “Stan” condiciona el acceso científico, la exhibición pública y la consulta de los ejemplares (Matthew Sherman / Sotheby's)
La propiedad privada de fósiles como “Apex” o “Stan” condiciona el acceso científico, la exhibición pública y la consulta de los ejemplares (Matthew Sherman / Sotheby's)

Los museos pueden participar, pero rara vez compiten en igualdad de condiciones

Aunque las instituciones públicas o académicas intervienen en algunas subastas, suelen hacerlo con presupuestos muy inferiores a los de los grandes coleccionistas. Esa asimetría deja en manos privadas parte de los ejemplares más codiciados y vuelve incierto su uso futuro para la investigación.

En ese contexto, la discusión ya no se limita a cuánto cuesta un dinosaurio. El punto de fondo es qué lugar ocupan estos restos entre el patrimonio natural, el negocio del coleccionismo y la producción de conocimiento científico, una tensión que volvió a quedar expuesta con la venta de “Gus”.

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