
“Me torturaron sin parar”, relató el viernes una víctima a abogados y expertos en derechos humanos en Londres que investigan el trato infligido a la minoría musulmana uigur en China, en un proceso que Pekín calificó como una “máquina de mentir”.
Durante cuatro días, los nueve miembros del “tribunal uigur”, así denominado pese a que no cuenta con ninguna autoridad judicial, tomarán testimonios de primera mano sobre presuntos crímenes en la región china de Xinjiang: esterilizaciones forzadas, torturas, secuestros y trabajos forzados.
Los organizadores pretenden determinar si Pekín es culpable de genocidio y crímenes contra la humanidad contra los uigures y otras minorías.

Su vicepresidente, Nick Vetch, prometió que su trabajo será “imparcial”, basándose en los testimonios y en “miles de páginas” de documentos. Se basará “en pruebas, nada más que en pruebas”, dijo a la agencia AFP.
Invitado a aportar pruebas en su defensa, Pekín no dio respuesta. “Ni siquiera se trata de un verdadero tribunal o de un tribunal especial, sino simplemente de una máquina de mentir”, se limitó a decir el portavoz del ministerio chino de Relaciones Exteriores, Zhao Lijian.
En el primer testimonio, Qelbinur Sidik, ex profesora de etnia uzbeka en Urumqi, la capital de Xinjiang, afirmó que las autoridades le ordenaron enseñar chino en dos campos de “reeducación” para uigures, sucios y abarrotados, uno masculino y otro femenino.

Los “estudiantes” llevaban grilletes durante las horas de clase, dijo al tribunal. “La policía, los guardias del campo, no veían a los prisioneros varones como seres humanos”, aseguró, y dijo: “Disfrutaban viendo cómo eran humillados”.
Las mujeres por su parte sufrían abusos durante los interrogatorios: “No sólo las torturaban, sino que también las violaban, a veces en grupo”, afirmó. La esterilización forzada de mujeres uigures era habitual y, en un caso, una presa murió por ello, agregó.
Sidik afirmó haber sido también esterilizada a la fuerza antes de obtener una visa para visitar a su hija en Holanda y huir así de China. “Las cosas que he presenciado y vivido no las puedo olvidar ni siquiera un día”, aseguró.
Sanciones

Omir Bekali, un kazajo de origen uigur, relató por su parte que fue detenido cuando visitaba a su familia en Xinjiang.
“Durante los primeros cuatro días y noches, me torturaron sin parar”, afirmó, “me colgaron del techo” y “me golpearon en el cuerpo y en las plantas de los pies”. Su padre fue asesinado, su hermano, tildado de “terrorista” como su hermana, quedó discapacitado tras las sesiones de tortura, aseguró.
Expertos extranjeros afirman que más de un millón de uigures, el principal grupo étnico de Xinjiang, están recluidos en campos, sometidos a “trabajos forzados”. Pekín lo niega y afirma que son centros de formación profesional destinados a alejarlos del terrorismo y el separatismo tras los atentados atribuidos a los uigures.

El informe del “tribunal uigur” se espera para diciembre. Aunque no tendrá ninguna fuerza legal, los participantes esperan atraer la atención internacional y dar lugar a posibles acciones.
“Corresponderá a los Estados, a las instituciones internacionales, a las empresas, a las instituciones del ámbito del arte, de la medicina, de la educación y a los particulares determinar cómo aplicar la sentencia, sea cual sea”, afirmaron los organizadores.
Esta iniciativa se creó a petición del Congreso Mundial Uigur, el mayor representante de la comunidad uigur en el exilio, que insta a la comunidad internacional a actuar contra China.
El “tribunal uigur” es una de las entidades sancionadas por el régimen de Pekín por haber denunciado su trato a los uigures, al igual que su presidente, el abogado británico Geoffrey Nice, que dirigió el procesamiento del ex líder serbio Slobodan Milosevic por crímenes de guerra ante la justicia de Naciones Unidas.
Estados Unidos afirma que China está llevando a cabo un “genocidio” en Xinjiang, un término que el Reino Unido ha rehusado adoptar, aunque se unió a Washington y Berlín el mes pasado para pedir el fin de la represión contra la minoría uigur.
El inicio de las audiencias tuvo lugar una semana antes de la cumbre del G7 en el suroeste de Inglaterra, en la que participará el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, quien pidió a las democracias occidentales que adopten una línea más dura contra China.
Por Callum Paton (AFP)
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