La “guerra del pescado” entre Francia y el Reino Unido llegó a una tregua pero falta mucho para firmar la paz

Se enfrentaron la última semana por los permisos de pesca alrededor de la isla de Jersey, en el Canal de la Mancha. Un ejemplo de las complicaciones que aparecen en Europa tras el Brexit

Protesta de pesqueros franceses frente a las costas de la isla de Jersey, en el Canal de la Mancha.
Protesta de pesqueros franceses frente a las costas de la isla de Jersey, en el Canal de la Mancha.

El Canal de la Mancha siempre fue la mejor defensa del Reino Unido. Impidió a Napoleón y a Hitler que invadieran el país. Y la isla de Jersey, en el medio del canal, mucho más cerca de las costas francesas -22 km.- que las inglesas, fueron siempre estratégicas para esa posición privilegiada de los británicos. En el tiempo fueron usadas como cabeza de playa por romanos, vikingos y normandos. En el año 933, la isla fue anexionada al Ducado de Normandía. Cuando en 1066 los normandos invadieron Inglaterra, Normandía e Inglaterra quedaron unidas bajo la misma monarquía. Durante la Edad Media, Inglaterra perdió muchas de sus posesiones feudales en el continente europeo, pero conservó sus islas en el Canal, incluyendo Jersey, hasta ahora. Cuando se produjo el Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea, la bucólica isla quedó en la nebulosa del pacto. Y particularmente los derechos de pesca de los pescadores de ambas orillas que faenan en esa zona. La isla normanda volvió a convertirse en un escenario de defensa y ataque de franceses e ingleses.

El desacuerdo hizo que se enviaran buques de guerra desde Londres y París, que una flotilla de pesqueros franceses bloqueara el puerto de la capital Saint Helier y que haya amenazas de cortar el suministro eléctrico que proviene del lado francés. La isla, más conocida en los últimos años por ser uno de los paraísos fiscales donde esconden sus ganancias empresarios y comerciantes de toda Europa, pasó a ser el epicentro de una de las disputas más profundas del divorcio comercial GB/EU. Y amenaza con convertirse en uno de los problemas crónicos que deja el post-Brexit.

Londres retiró el jueves sus buques de la Royal Navy de las aguas de Jersey, pero dijo que permanecería en estado de alerta para apoyar a la isla del Canal en cualquier circunstancia. Esta vez fueron los permisos de pesca que Jersey debe entregar a los pescadores franceses y supuestamente no lo estaba haciendo. Tanto Francia como Gran Bretaña desplegaron buques de patrulla marítima en la zona después de que una flotilla de pesqueros franceses navegara en protesta hacia el puerto principal de Jersey y de que un ministro francés sugiriera a principios de semana que París podría cortar la electricidad a la isla.

Patrulla británica frente a las costas de la isla de Jersey observando el movimiento de los pesqueros franceses.
Patrulla británica frente a las costas de la isla de Jersey observando el movimiento de los pesqueros franceses.

Los pescadores franceses afirman que se les está privando injustamente del acceso a los ricos caladeros de la costa de Jersey, que tiene el estatus de dependencia de la Corona británica con autogobierno. Jersey dice que está siguiendo las reglas para la emisión de licencias establecidas en el acuerdo comercial post-Brexit. La Unión Europea llamó a la calma. Y, por ahora, la situación se pacificó. Después de que los pesqueros franceses abandonaran la zona, Gran Bretaña dijo que sus buques de patrulla en alta mar de la Marina Real se prepararían para regresar a puerto británicos, ya que la “situación está resuelta por ahora”. Y ambos gobiernos acudieron a un recurso diplomático para enfriar la situación: dijeron que el envío de los barcos de guerra, tenían como objetivo evitar enfrentamientos entre los buques pesqueros franceses e ingleses.

Francia se sintió atacada porque el 30 de abril Jersey expidió 41 licencias de pesca con lo que el gobierno de París calificó de “condiciones impuestas unilateralmente”, incluido el tiempo que los buques pesqueros franceses podían pasar en las aguas de Jersey. Hugo Lehuby, portavoz del Comité Regional de Pesca de Normandía, dijo que las conversaciones entre los funcionarios de la isla y los representantes de los pescadores no fueron ni son positivas. “Estamos llegando a un punto muerto”, dijo Lehuby. “O esto se resuelve o se toman medidas de represalia”. Los isleños aseguran que el acuerdo estipula que las licencias tienen en cuenta el tiempo que un barco pasó en aguas de Jersey antes del Brexit. El negociador británico David Frost, dijo que para su país estaba muy claro que, bajo los términos del acuerdo comercial, Jersey puede regular la pesca en sus aguas. La Comisión Europea respondió que hasta que Gran Bretaña no haya proporcionado más justificaciones, los funcionarios de Jersey no deberían adjuntar nuevas condiciones a las licencias.

Cuando Reino Unido dejó el mercado único y la unión aduanera de la UE el 31 de enero de 2020, también abandonó la política común de pesca que desde la década de los 70 había repartido pacíficamente las capturas en aguas europeas. Esa fecha también puso fin al acuerdo de la Bahía de Granville, firmado en 2000 por Reino Unido y el gobierno de las Islas del Canal, que otorgaba derechos de pesca a los barcos franceses a una distancia de hasta tres millas de las costas isleñas. Dentro del acuerdo de comercio y cooperación del Brexit se puso en vigencia un nuevo pacto pesquero: los pescadores que puedan demostrar haber estado operando en esas aguas con anterioridad pueden mantener hasta 2026 el derecho de pesca a una distancia de entre 6 y 12 millas de las costas británicas.

Bajo esa premisa, Jersey expidió licencias a 41 barcos franceses de más de 12 metros de eslora que habían demostrado que en los últimos tres años pescaron en aguas de la isla durante al menos 10 días en un período de doce meses. Las licencias incorporaban el detalle de las especies que estaban pescando y el número de días que habían pasado en el mar. Para los barcos más pequeños se amplió el plazo de presentación de estas pruebas, pero hay 17 barcos más grandes que no pudieron presentar las pruebas exigidas. Todos se quejan de que paralelamente les están imponiendo otras condiciones fuera del acuerdo como el tiempo limitado en el que pueden pescar y la prohibición de levantar algunas especies. El gobierno de Emmanuel Macron dijo que esas condiciones son “nulas” y alega que “no fueron acordadas ni negociadas” con ellos. La Comisión Europea también sostuvo que las condiciones infringen el acuerdo de comercio y cooperación.

Pescadores vacían una red de pesca a bordo del arrastrero "Nicolas Jeremy" con base en Boulogne-sur-Mer en el Mar del Norte, frente a las costas del norte de Francia. REUTERS/Pascal Rossignol
Pescadores vacían una red de pesca a bordo del arrastrero "Nicolas Jeremy" con base en Boulogne-sur-Mer en el Mar del Norte, frente a las costas del norte de Francia. REUTERS/Pascal Rossignol

La ministra francesa de Asuntos Marítimos, Annick Girardin, fue un poco más allá y vinculó los tres cables submarinos franceses que aseguran el suministro energético de Jersey con el buen funcionamiento de los acuerdos de pesca. Los cables transportan 90.000 voltios y tiene una longitud de 34 kilómetros. El 95% de la electricidad que se consume en Jersey depende de esta fuente de suministro. “El acuerdo incluye medidas de represalia”, dijo Girardin en la Asamblea Nacional francesa. “Pues bien, estamos dispuestos a utilizar estas medidas de castigo. Europa, Francia tiene la forma de hacerlo, está escrito en el acuerdo. Así que en lo que respecta a Jersey, les recuerdo, por ejemplo, el transporte de electricidad por cables submarinos. Así que tenemos los medios y, siento que se haya llegado a esto, los utilizaremos si es necesario”.

El conflicto, por ahora, quedó allí, en esa instancia de desacuerdo, sin ir a mayores. Pero por pequeño que sea, siempre existe el riesgo de que se cometan errores y que las cosas se salgan de su cauce cuando las fuerzas armadas se involucran en hostilidades de este tipo. Hay que recordar que entre las décadas de los 50 y los 70 se produjo la llamada “guerra del bacalao”, la disputa por aguas de pesca entre Gran Bretaña e Islandia. Se registraron varios episodios de violencia en alta mar, con numerosas embestidas entre barcos y cortes de redes. A principios de los años 70, el entonces primer ministro islandés, Ólafur Jóhannesson, llegó a pedir a Estados Unidos el envío de aviones para bombardear fragatas británicas.

SEGUIR LEYENDO: