El exinfante de marina británico Dave “Dinger” Bell está a unos 1.667 kilómetros de Mombasa, en Kenia, y busca completar una travesía sin apoyo desde Sudamérica hasta África a remo. El navegante partió de Lima, Perú, el 9 de noviembre del año pasado y prevé llegar a su destino a principios de octubre, informó The Times.
Bell, de 54 años y oriundo de Devon, recorrió dos océanos en su embarcación de fibra de carbono Billy No Mates, de 8,3 metros de eslora. Si culmina el viaje, habrá navegado cerca de 28.700 kilómetros, sin recibir ayuda física ni tocar tierra.
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La expedición tiene como objetivo recaudar fondos para Rock2Recovery, una organización benéfica que trabaja con veteranos. Hasta el momento, Bell había reunido más de 36.000 libras esterlinas, de acuerdo con el diario británico.
El exmilitar sirvió durante dos décadas en los Royal Marines y explicó que el desafío tiene una dimensión personal. “Dos amigos íntimos murieron; algunos compañeros perdieron extremidades y otros sufren secuelas psicológicas”, afirmó en declaraciones recogidas por The Times.
Bell sostuvo que se considera afortunado por haber terminado su servicio sin lesiones graves. Sin embargo, reconoció que también lo atrae la exigencia de la empresa. “Me motiva el esfuerzo que requiere el desafío, la incomodidad y la satisfacción de asumir un riesgo tan alto, incluso la posibilidad de fracasar”, aseguró.
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Más de 300 días de remo, reparaciones y escaso contacto humano

La ruta de Bell implicó más de 300 días en el mar, con jornadas de hasta 12 horas de remo. El resto de su tiempo, explicó, quedó dividido entre el descanso, las reparaciones de la embarcación, la revisión del rumbo y la producción de agua potable mediante un equipo instalado a bordo.
El navegante llevó alrededor de 750 kilogramos de comida, herramientas y otros suministros para sostenerse durante la travesía. A medida que consumió las provisiones, la embarcación perdió peso y ganó velocidad, detalló Bell.
“Con la mentalidad militar habitual, nos preparamos para el peor escenario. Sin embargo, el cruce del océano Índico fue mucho más rápido de lo previsto”, expresó el remero al medio británico.
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El contacto con otras personas ha sido mínimo. Bell relató que vio apenas a unos pocos navegantes y recordó un encuentro con un pesquero chino en el mar del Coral. La tripulación le ofreció alimentos, pero él los rechazó para respetar las condiciones de una travesía sin apoyo.
También recibió comunicaciones por radio de capitanes de grandes buques, quienes preguntaban por qué una pequeña embarcación naranja permanecía sola en la ruta marítima. Bell describió la despedida de su pareja, Georgie Vintner, como uno de los momentos más difíciles del viaje.
“Recuerdo la última vez que Georgie miró por encima del hombro antes de alejarse. Me dolió mucho”, relató.
“En las primeras semanas me costó aceptar lo absurdo de lo que estaba haciendo”, añadió.
La ruta incluyó el mar del Coral y la costa norte de Australia

La primera gran etapa llevó a Bell desde Perú hasta Australia, un recorrido de unos 13.890 kilómetros. Durante mayo atravesó el mar del Coral y luego cruzó el estrecho de Torres, al norte de Australia, una zona donde habitan cocodrilos de agua salada.
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Las inundaciones afectaron los paneles eléctricos de su bote y dejaron su colchón empapado. Esa situación le provocó heridas por la sal, que trató con antibióticos, precisó The Times.
En junio, Bell recorrió unos 3.704 kilómetros a lo largo de la costa norte australiana. A comienzos de julio abandonó el continente y emprendió el cruce del océano Índico. En un principio, su destino previsto era Mauricio, pero decidió extender la navegación unos 1.852 kilómetros más hasta Mombasa.
La pareja del remero advirtió que el tramo final todavía presenta riesgos. Vintner señaló que corrientes adversas podrían desviar el bote hacia Somalia. “Esto no termina hasta que ponga un pie en tierra. Si llega a Kenia, estaré en la playa con una pastilla de jabón para mi novio”, comentó.
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La Ocean Rowing Society evalúa la dimensión del récord

Fiann Paul, presidente de la Ocean Rowing Society, consideró que la expedición de Bell figura entre las mayores travesías transoceánicas realizadas únicamente con fuerza humana. La entidad indicó que el récord anterior para una ruta de este tipo era de 11.371 kilómetros, logrado por el estadounidense Jacob Adoram en 2019.
Paul explicó que los sistemas de seguimiento de la organización tuvieron dificultades para registrar el avance de Bell, ya que fueron diseñados para travesías oceánicas de menor extensión. Un portavoz de Guinness World Records declaró que espera recibir una solicitud del británico para determinar si cumple los requisitos de un nuevo récord mundial.
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