
El bullying en las redes sociales chinas suele ser abrumador. Digitado por el millonario y gigantesco aparato de propaganda del régimen chino, cientos de miles de mensajes se unifican para bombardear a aquella persona, institución o gobierno que se atreva a poner en duda la eficiencia y transparencia de Beijing o del Partido Comunista Chino (PCC) en escenarios tan diferentes como la lucha contra el coronavirus o la libertad de expresión o los derechos humanos.
La mayoría de los haters que participan de estas campañas esgrimen argumentos nacionalistas y raciales, ataques certeros haciendo referencia al origen de los foristas que debaten sobre el aniversario de la masacre de Tiananmen o sobre Wuhan y su falta de controles en los mercados húmedos.
Esta vez, quien sufrió ese acoso online fue un catedrático norteamericano especialista en asuntos chinos. Michael Berry es profesor en la Universidad de California en Los Angeles (UCLA). Tuvo una brillante idea: traducir al inglés El Diario de Wuhan, un libro que cuenta día por día cómo fue el férreo confinamiento al que fue sometida la población de aquella ciudad génesis de la pandemia que se expandió a todo el mundo y que ya se cobró la vida de casi medio millón de personas desde noviembre pasado. La obra, escrita por la popular novelista china Fang Fang, también padeció una campaña de censura en su contra.

En una columna de opinión publicada en The Washington Post, Berry relata los insultos y amenazas que sufrió desde que anunció haber terminado la traducción del texto. Desde “¡perro estúpido!” hasta “¡vete a la mierda, debería darte vergüenza!”, “cerdo de piel blanca”. “Esos fueron algunos de los primeros mensajes que recibí el 8 de abril en la plataforma social china Weibo. En las siguientes horas, se publicarán más de 600 mensajes similares. Me acusaron de ser un agente de la CIA. Hubo amenazas de muerte. Durante semanas, los insultos y amenazas se multiplicaron, y el tablero de mensajes que los albergaba se vería más de 3 millones de veces”, narró el profesor.
“El 25 de enero, Fang comenzó un blog que documentaba el brote de COVID-19 en tiempo real, relatando los temores, luchas, esperanzas y sacrificios de los residentes (de Wuhan). A medida que el coronavirus se propagaba y la gente estaba desesperada no solo por información sino también por una conexión humana, el diario de Fang Fang fue visto en línea por más de 50 millones de personas en China. Se convirtió en un lugar para que los lectores chinos lo visiten por consuelo, comodidad y liberación emocional”, explicó Berry.

Sin embargo, “algo cambió”. Cuando Fang comenzó a ser más crítica y a dejar en evidencia la falta de pericia en el manejo de la epidemia y a exigir explicaciones a las autoridades, la famosa novelista comenzó a sentir el rigor del odio del régimen: sus soldados agazapados en las redes estaban dispuestos a destrozarla. En su mayoría eran mensajes de tinte nacionalista. “Los detractores lanzaron una campaña cibernética masiva contra la escritora y su diario. Algunos de los ataques hacían referencia a una ‘falta de patriotismo’ por parte de Fang, en lugar de elogiar la ‘victoria sobre el virus’ y expresar su ‘gratitud’”, contó el académico en su columna de opinión.
“Lanzaron una sofisticada campaña múltiple que incluía ataques personales y amenazas misóginas; un torrente de artículos, publicaciones e informes destinados a difundir mentiras y desinformación; y la eliminación sistemática de artículos en línea que la apoyaban. El asalto no solo desvió la atención de sus pedidos de responsabilidad, sino que también convirtió a Fang en el villano a los ojos de muchos lectores chinos”, agregó el traductor del diario.
Entonces, cuando Berry anunció que había traducido el libro al inglés, los dardos del régimen comenzaron a tenerlo a él como blanco. “Que el libro era una publicación respaldada por la CIA realizada por un equipo de traductores destinados a desprestigiar a China; que Estados Unidos lo usaría como arma contra China; que Fang era una ‘traidora a China’ que solo intentaba ganar fama y obtener ganancias en el extranjero. Junto con las falsas acusaciones surgió una nueva tormenta de amenazas brutales y personales contra la autora, y ahora también contra mí, el traductor”.

Por si hiciera falta, Berry aclara: “‘El Diario de Wuhan’ estalló en una tormenta global; pero la historia real es mucho menos jugosa. No hay trama de la CIA. No había un ‘equipo de traductores', solo yo, trabajando 10 horas al día, siete días a la semana, mientras estaba en cuarentena en Los Ángeles. En cuanto a los cargos de especulación, Fang Fang se ha comprometido a utilizar todos los ingresos del diario para apoyar a las familias de los trabajadores médicos fallecidos de Wuhan”.
“Comencé a traducir ‘El Diario de Wuhan’ a fines de febrero, cuando la mayoría del mundo aún no se había tomado en serio a COVID-19. Sentí una necesidad apremiante de correr la voz, hacer sonar la alarma, para que las personas de todas partes pudieran comprender mejor este horrible virus. Un mensaje que esperaba que el mundo escuchara era cómo suena una verdadera voz de coraje. Y ahora, ante las continuas amenazas y la violencia en línea, la voz de Fang Fang suena aún más poderosa”, concluyó Berry su artículo de opinión.
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