
Desde París — La epidemia de coronavirus “está a la vuelta de la esquina”, aseguraba el martes el ministro de Salud de Francia, Olivier Véran. Al igual que lo expresaron autoridades sanitarias de Estados Unidos el mismo día, ya no se trataba de preguntarse si la enfermedad llegaría a la capital del país, sino cuando. Horas después, se confirmó la segunda muerte aquí, la primera de un ciudadano francés.
Durante las primeras horas de un día con pronóstico de nieve llegó la confirmación del deceso: “Se sometió de urgencia a las pruebas ayer (martes) en el hospital Pitié-Salpêtrière en un estado gravísimo y falleció en la noche”, anunció el número dos del ministerio, Jerome Salomon. El primer caso tuvo lugar a mediados de febrero y correspondió a un turista chino de 80 años.

Además de los decesos, hacia la noche del miércoles (hora local) se habían confirmado además 18 casos positivos de la enfermedad. Y su avance ya se ha convertido en un problema que comienza a alterar la fisonomía de la capital francesa.
Los avisos comenzaron a correr por WhatsApp. Los comentarios se multiplicaron, y la preocupación ya está presente en el semblante de los habitantes de la “grande ville”. Aprender a convivir con la presencia del coronavirus se convirtió en el nuevo objetivo. Y eso que habían pasado solo horas desde el anuncio del máximo funcionario de la cartera de Salud.
Las farmacias comenzaron a recibir más pedidos y consultas respecto de su abastecimiento de barbijos, alcohol en gel e incluso de complejos vitamínicos que pudieran aumentar las defensas inmunológicas. La noticia de que el gobierno estaba dispuesto a incrementar el stock de barbijos de 70 millones a 500 empezó a tener otro valor. Algo más lento se ha visto el comportamiento de los supermercados, que hasta ahora han mostrado cierta fatiga en la reposición de productos específicos en góndolas.

En paralelo avanza la preocupación por el impacto económico que tendrá la epidemia en la economía nacional. “Coronavirus: centros financieros globales en angustia”, titulaba el diario económico francés Les Echos. Para las estimaciones oficiales, el golpe podría representar el 0,1 por ciento del PBI de Francia. Multinacionales de alimentos, compañías aéreas y las grandes marcas francesas de automóviles ya comenzaron a informar sus planes de contingencia y el impacto - que se cuenta en millones de euros- que tiene y tendrá sobre las cadenas de producción mundiales. Los empleados, por su parte, reciben indicaciones de trabajar de manera remota, evitar reuniones y posponer viajes laborales.
También comenzaron a aflorar las primeras tensiones. Estornudar en el metro o en el bus comenzó a ser causal de problema. Los barbijos, esta misma mañana, dejaron de ser un recurso “cool” de algunos excéntricos parisinos. París ya convive con el coronavirus, y la pregunta pasó a ser cuánto se tardará en volver a la habitualidad.
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