(Foto: Yto Barreda)
(Foto: Yto Barreda)

El trabajo de pelar moluscos ha estado prohibido en Holanda desde fines de los ochentas, por razones de salubridad. La solución de los empresarios pesqueros ha sido enviar la carga a lugares donde la explotación no es un problema. Así, una fotógrafa retrató la infernal rutina en la que sobreviven cientos de trabajadoras en condiciones deplorables.

Las fotos de Yto Barrada, una artista franco-marroquí, se viralizaron en la celebración del Día de la Mujer como una reivindicación de sus derechos. Sus imágenes fueron recordadas en una entrevista publicada por The Guardian en su sección "Mi mejor fotografía".

Para la columna, Barrada eligió una placa que registró en una visita a su país de origen. "Era una fábrica holandesa en suelo marroquí, un temprano ejemplo de la globalización", recordó. La escena ocurrió en 1998. "Las gambas son pescadas en el Mar del Norte y llevadas a Tangier para ser peladas. Me dijeron que prefieren a mujeres como empleadas porque tienen menor representación sindical", explicó.

Según observó, las mujeres pelaban frenéticamente, ya que el pago que recibían era en función al peso de los baldes que llenen. Mientras trabajaban sin cesar por jornadas de hasta 16 horas, un encargado caminaba por los pasillos exigiendo silencio.

(Foto: Yto Barreda)
(Foto: Yto Barreda)

"Estaba fascinada por estas condiciones de trabajo casi medievales. Era una fábrica sin pausa. las mujeres estaban encerradas, con escasos permisos de descanso. No había una sala común, un lugar para sentarse y poder comer juntos. Solo estar ahí me hizo sentir la tensión", detalló Barrada al portal británico.

Una década después de su experiencia, una amiga suya publicó un documental revelando que las deplorables condiciones continuaban en fábricas similares en Marruecos. Por entonces, un artículo de RNW Media publicó el testimonio de una de las trabajadoras.

"Cuando necesité un doctor en el 2005, descubrí que mi seguro social no había sido pagado. Las mujeres solo reciben el beneficio seis meses al mes para que el empleador no tenga que hacerles un contrato permanente. Hacen lo que quieren", denunció Fatima, una mujer que ha trabajado en la planta por 20 años. Por 13 horas de trabajo, la mujer gana cerca de 10 dólares.

Boubker Khamlichi, líder sindical del sector, denunció: "Los empleadores se aprovechan de las condiciones vulnerables de las mujeres. No podemos seguir dejándolas en ese destino".

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