Los ataques con drones ucranianos contra la infraestructura petrolera de Rusia provocaron una crisis de combustible que afectó de forma directa a 50 millones de personas, cerca del 35% de la población, con colas de varios días, racionamiento en decenas de regiones y restricciones que llevaron la guerra al interior del país.
La presión comenzó en mayo, cuando Kiev intensificó de forma marcada su campaña aérea contra instalaciones energéticas rusas. Según Financial Times, esa ofensiva alcanzó ya a las 10 mayores refinerías del país, incluida la de Omsk, atacada el lunes a 2.500 kilómetros del frente y responsable de cerca del siete por ciento de la capacidad nacional de refinación.
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La primera región en sentir el impacto fue Crimea, anexionada por Rusia, donde las autoridades declararon el estado de emergencia oficial, con apagones generalizados y venta de gasolina solo mediante cupones electrónicos. Para el 25 de junio, casi 50 regiones rusas habían impuesto alguna restricción a la venta de combustible, y para el 8 de julio la mayoría del país ya aplicaba límites por decisión de autoridades locales o vendedores.
Putin admitió faltantes tras meses de presión
La magnitud del desabastecimiento obligó al presidente Vladimir Putin a reconocer el problema el domingo ante las cámaras. Dijo que había “algunas carencias” de combustible, aunque afirmó que no eran críticas.
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En varias regiones, los gobiernos locales introdujeron sistemas de racionamiento que asignaron días distintos de carga según si la matrícula terminaba en número par o impar. En una región del sur, las autoridades desplegaron cosacos con sus tradicionales gorros de piel para evitar peleas en las estaciones de servicio, mientras un gobernador de Siberia ordenó repartir comida caliente a quienes esperaban en fila.
La crisis del combustible en Rusia se desató tras una campaña ucraniana más intensa contra refinerías y nodos energéticos. El efecto geopolítico inmediato fue interno: el conflicto dejó de percibirse solo en el frente y alteró la vida cotidiana de millones de conductores en regiones alejadas de la guerra.
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Un alto ejecutivo ruso del sector energético dijo al diario que ahora llegan muchos más drones a un mismo blanco que antes y que logran atravesar las defensas. Afirmó que los sistemas que antes funcionaban ya no soportan esa presión y definió ese escenario como “la nueva normalidad”.
Hasta 40% de la refinación quedó fuera
La escala real del daño resultó difícil de medir porque Rusia dejó de publicar gran parte de los datos relevantes. Analistas que trabajaron con cifras secundarias e informes de prensa estimaron que entre 20% y 40% de la capacidad de refinación quedó fuera de servicio.
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Borys Dodonov, jefe de estudios de energía y clima de la Kiev School of Economics, dijo que en junio Rusia refinó en promedio 4,1 millones de barriles diarios. Esa cifra quedó 28% por debajo del promedio de los últimos cinco años y 35% por debajo de la capacidad nominal.
Sergey Vakulenko, investigador principal del Carnegie Russia Eurasia Center, dijo que la crisis era real y que la población ya la sentía, aunque sostuvo que todavía no había generado un impacto económico amplio sobre el transporte de mercancías y la disponibilidad de servicios.
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Aun así, empezaron a aparecer señales fuera del transporte privado. En Chita, una ciudad siberiana, una empresa de recolección de residuos suspendió sus operaciones hasta que se resolvieran los faltantes de combustible.
Dos pequeñas aerolíneas y una asociación del sector del taxi advirtieron que sus precios probablemente subirían. Wildberries, el mayor mercado en línea de Rusia, atribuyó al aumento del combustible la decisión de elevar las comisiones cobradas a los vendedores.
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Moscú dispone de pocas herramientas para estabilizar el mercado. Vakulenko explicó que Rusia produjo históricamente un volumen de gasolina similar al que consume y que su capacidad de almacenamiento es limitada, lo que dificulta amortiguar una disrupción de esta magnitud.
La localización de muchas instalaciones petroleras también agravó la vulnerabilidad. La mayoría de los centros de producción se concentran en el centro y el oeste del país, donde vive la mayor parte de la población y adonde alcanzan los drones ucranianos.
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Las autoridades permitieron que las refinerías liberaran combustible de menor calidad al mercado interno, y el Kremlin prometió el miércoles aumentar las importaciones de productos refinados. En junio, Rusia importó desde Bielorrusia un récord de 141.000 toneladas de gasolina, un volumen 141 veces superior al de un año antes.
Ese mismo miércoles, Moscú prohibió además las exportaciones de diésel, su principal producto refinado. La medida apuntó a reforzar el suministro hacia la línea del frente, donde la mayoría de los vehículos militares usa ese combustible, aunque su efecto sobre los automovilistas será limitado porque la gran mayoría de los autos de pasajeros en Rusia funciona con gasolina.
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Las escenas de tensión se multiplicaron en todo el país. La policía detuvo en una región siberiana a un hombre que, vestido con un uniforme policial comprado por internet, intentó colarse en la fila para cargar combustible.
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