La oscura década de los Zetas: auge y caída del cártel más despiadado de la historia

Una de las organizaciones criminales más sangrientas de las que se tenga memoria aterrorizó el país casi 10 años. Masacres, atentados e impunidad, sellaron su negra existencia

Crédito: Infobae
Crédito: Infobae

A principios de la década de los 2000, cuando Los Zetas surgieron como brazo armado de Osiel Cárdenas Guillén, poco parecía distinguirlos de sus predecesores o contemporáneos.

Sin embargo, desde sus comienzos hubo indicios que apuntaban a que no se trataba de una organización común y corriente. Sus raíces en el extinto Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE) del Ejército Mexicano, y en la prestigiosa Escuela de las Américas, operada por el Ejército de los Estados Unidos, les confirió un aire distinto a sus similares.

Desde finales de los años noventa algunos capos mexicanos empezaron a reclutar ex militares y antiguos policías federales para contratarlos como sus guardaespaldas.

La razón era que si llegaban a ser detenidos por las autoridades, recibían una pena menor si únicamente les encontraban droga en lugar de armas. Los guardaespaldas eran los únicos que estaban armados, por lo que a los capos no los podían acusar de portación de armas.

Osiel Cárdenas, quien años después fue sentenciado a 25 años de prisión, fue uno de los principales narcos que comenzaron a reclutar guardaespaldas militares.

Osiel Cárdenas Guillén
Osiel Cárdenas Guillén

Una figura clave en el ascenso de Los Zetas fue Arturo Guzmán Decena, un oficial de las Fuerzas Especiales del Ejército que a la postre sería mejor conocido como Z-1. Supuestamente desertó el ejército por los bajos salarios y las precarias condiciones laborales, pero también se llevó consigo a varios integrantes de diferentes batallones y regimientos para que se sumaran a las filas Cárdenas Guillén.

Se sabe que el núcleo original de Los Zetas lo conformaron entre 30 y 40 militares, casi todos desertores de las fuerzas especiales.

Algunos de ellos fueron Alejandro Lucio Morales, Z-2; Heriberto Lazcano, Z-3 o el Lazca; Rogelio González Pizaña, Z-4; Jaime González Durán, Z-5 o El Hummer; Matero Díaz López, Z-6 o Comandante Mateo; Jesús Enrique Rejón Aguilar, Z-7o El Mamito; Óscar Guerrero Silva, Z-8 o El Winnie Pooh; Galindo Mellado Cruz, Z-9; Omar Lormendez Pitalua, Z-10; Flavio Méndez Santiago, Z-11; Luis Reyes Enríquez, Z-12 o El Rex; Raúl Hernández Barrón, Z-13 y Efraín Teodoro Torres, Z-14.

De esta manera el surgimiento de Los Zetas también supuso un nuevo desafío: los elementos más capacitados de las Fuerzas Armadas ya no solo eran incapaces de contener la rápida expansión del narcotráfico en México, ahora también se habían pasado al bando contrario.

Arturo Guzmán Decena, el Z-1
Arturo Guzmán Decena, el Z-1

El nombre de la organización tiene que ver con las claves de radio que utilizaban en aquel entonces y en las que la letra “Z” tenía varios significados. Uno de ellos era el color del uniforme que vestían como cuerpo de élite: ”Azul Zeta”.

Con la muerte de Guzmán Decena en 2002 y la detención de Osiel Cárdenas al año siguiente, los Zetas se quedaron sin un patrón que los supervisara directamente. Este vacío de poder provocó el ascenso de Heriberto Lazcano como líder de la organización.

Durante este período, Los Zetas defendieron a sangre y fuego la plaza de Tamaulipas, su bastión principal, ya que Joaquín El Chapo Guzmán y el Cartel de Sinaloa amenazaban con arrebatarles el control. A partir de entonces los Zetas cobraron un nuevo significado, convirtiéndose en uno de los grupos criminales más temidos en todos el país.

El lugar donde se establecieron con mayor fuerza fue en la ciudad de Nuevo Laredo, Tamaulipas, en la frontera con Estados Unidos.

(Ilustración: Infobae México)
(Ilustración: Infobae México)

A finales de 2006, el ex presidente Felipe Calderón inició la Guerra contra el Narco, y aunque su gobierno se centró al principio en la Familia Michoacana, no pasó mucho tiempo para que una buena parte del ejército se enfocara en Los Zetas. Al final del mandato calderonista, los funcionarios de seguridad afirmaban a la prensa que los Zetas eran la principal prioridad del gobierno.

En 2010, cuando ya se habían establecido en al menos 405 municipios de México, se desligaron del Cártel del Golfo e iniciaron una guerra que afectó a todo el estado de Tamaulipas, aunque principalmente a La Frontera Chica. Esta disputa entre los dos bandos propició más enfrentamientos, narcobloqueos y sobre todo un aumento repentino de la violencia y la inseguridad en la región. El clima hostil obligó a muchos a desplazarse.

Heriberto Lazcano, entonces líder de Los Zetas, tenía un sicario al que le guardaba cierto favoritismo con respecto al resto. Ese hombre era Miguel Ángel Treviño Morales, alias el “Z-40”, quien debido a su fama de asesino implacable ascendió rápidamente en la organización.

Alfredo Corchado, periodista del Dallas Morning News, aseguró que el Z-40 mordía el corazón sus víctimas cuando aún estaban vivas con la firme creencia de que eso lo haría invencible y reclutaba a sus sicarios obligándoles a disparar a una persona al azar.

Miguel Ángel Treviño Morales (Foto: Twitter@AnaRent)
Miguel Ángel Treviño Morales (Foto: Twitter@AnaRent)

El declive de Los Zetas

Asimismo, los Zetas respondieron a la ofensiva del gobierno de la misma manera, aunque el costo de reforzar su notoriedad fue a través de una serie de provocaciones que a la larga resultaron perjudiciales para la propia organización pues desataron una persecución contra ellos y la caída de varios de sus líderes.

Una de ellas fue cuando lanzaron granadas en el centro de Morelia durante los festejos por la Independencia de México en Michoacán. El atentado dejó ocho muertos y 132 heridos, más de 20 de gravedad. También incendiaron un casino en Monterrey y acribillaron a sus asistentes. La cifra total de muertos fue de 52 y algunos medios de comunicación lo calificaron como el peor ataque en la historia del México moderno.

Asimismo fueron los responsables de la muerte masiva de 72 inmigrantes en agosto de 2010 en San Fernando, Tamaulipas. Y en 2011, a raíz de una supuesta venganza por la filtración de información sensible a la Administración para el Control de Drogas (DEA), encabezaron una masacre en la comunidad de Allende, Coahuila,

Después de que Heriberto Lazcano fuera abatido durante un enfrentamiento contra la Marina, en octubre del 2012, los Treviño Morales se hicieron con el control de Los Zetas. También sufrieron varias fracturas dentro de su estructura, esto debido a la detención del Z-40.

Así se mantuvieron por algunos años, hasta que algunos de los fundadores de la organización que habían sido encarcelados en el pasado, comenzaron a salir de prisión.

Omar Treviño Morales nunca ganó el poderío que tenía su hermano dentro de la organización criminal de Los Zetas (Foto: Cuartosucuro)
Omar Treviño Morales nunca ganó el poderío que tenía su hermano dentro de la organización criminal de Los Zetas (Foto: Cuartosucuro)

Algunos de ellos fueron el “El Rex” (o “Z12”) y el “Bravo 01”, quienes fundaron el cártel de los Zetas “Vieja Escuela”, y cuyo objetivo principal era quitarle el control a los Treviño Morales. Es en ese momento cuando la organización se parte en dos y surgen los de la Vieja Escuela y el Cártel del Noreste.

La presión del gobierno y de las bandas rivales empezó a dar frutos. Luego de la detención en 2015 de Omar Treviño Morales, el Z-42, esta organización criminal comenzó a disminuir su poderío hasta tener control únicamente en Tamaulipas. Actualmente todos los fundadores de Los Zetas están muertos o en prisión.

Sin embargo, en su época de mayor prosperidad llegaron a operar en al menos 22 de las 32 entidades mexicanas y a tener presencia en Estados Unidos, Guatemala, Honduras, Costa Rica, América del Sur, Europa y Asia.

Expandieron sus actividades ilegales más allá del tráfico de drogas, pues también cometieron extorsiones, robos, asesinatos, secuestros masivos, tráfico de personas y robo de combustible.

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