Cártel de Sinaloa y la Unión Tepito convierten las cárceles capitalinas en un campo de batalla

En medio de la lucha intestina que protagonizan por el narcomenudeo en la ciudad, los cárteles se enfrentan ahora por el control de las prisiones capitalinas

A través de una narcomanta, presuntos miembros de La Unión amenazaron a "Quique" y/o "Kiki", presuntos operadores del Cártel de Sinaloa (Foto: Twitter/ siete_letras)
A través de una narcomanta, presuntos miembros de La Unión amenazaron a "Quique" y/o "Kiki", presuntos operadores del Cártel de Sinaloa (Foto: Twitter/ siete_letras)

En la capital de México, detrás de los muros de las prisiones se oculta una lucha intestina entre grupos criminales. Un campo de batalla entre el Cártel de Sinaloa y La Unión Tepito.

Ahí, ante el silencio de una autoridad sometida, éstas organizaciones criminales pretenden adueñarse del control de los negocios ilícitos que existe en las cárceles de la Ciudad de México.

Según las carpetas de investigación de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México (FGJ CDMX), hasta hace un tiempo la Unión Tepito tenía el poder sobre la vida y la muerte en aquel infierno; sin embargo la incursión del grupo sinaloense le arrebató negocios como la renta de células y espacios, la venta de drogas e incluso se adueñó de negocios de la administración de visitas conyugales a La Unión Tepito. Dicha batalla de poder dejó esta misma semana dos muertos en los reclusorios del Sur y Santa Martha.

Las autoridades ubican a Enrique Torres Acosta, el “Kike” y/o “el 24″ como el protagonista de esta guerra.

“Kike”, hijo de Manuel Torres Félix el “Ondeado”, era identificado como brazo derecho de Ismael Zambada Sicairos, el “Mayito Flaco”, y jefe de una de las principales células de seguridad que tenían acceso a Ismael Zambada, el “Mayo”líder del Cártel de Sinaloa.

Este narco se encuentra encarcelado en el reclusorio Oriente, pese a tener una orden de extradición a Estados Unidos, que lo requiere por delincuencia organizada y trasiego de drogas.

Este lunes, fueron abandonados una narcomanta y restos humanos en las instalaciones del reclusorio Oriente, de la CDMX (Foto: GRACIELA LÓPEZ /CUARTOSCURO)
Este lunes, fueron abandonados una narcomanta y restos humanos en las instalaciones del reclusorio Oriente, de la CDMX (Foto: GRACIELA LÓPEZ /CUARTOSCURO)

En el presidio del Reclusorio Varonil Preventivo Oriente —ubicado en la convulsa Ciudad de México— el dominio de los grupos criminales traspasó los límites. El pasado lunes, la jefa de gobierno capitalino, Claudia Sheinbaum dio conocer el hallazgo de restos humanos y una narcomanta. En ella se imprimieron los amagos de quienes buscan cambios en la cárcel.

“[...] tú comandante Chávez síguete prestando a mamadas con estos putos del Meño, el “Quique” y el “Poli”, se supone que estas para poner orden, no para trabajar para estos culeros”, se leía en un fragmento de la amenaza.

De acuerdo con Antonio Nieto, periodista y autor del libro El cártel chilango: Origen, poder y saña de la Unión Tepito (Grijalbo: 2020), las amenazas estarían relacionadas con La Unión Tepito, que busca que Enrique Torres Acosta, el “Kike” y Héctor Manuel Avendaño Ojeda, el “Meño”, — uno de los principales operadores del “Mayo”— sean cambiados de penal. Nieto advierte que los objetivos del grupo criminal capitalino son controlar el Reclusorio y llegar hasta otro personaje, el “Duke”, aliado de Rafael Caro Quintero, a su vez cercanos al Cártel de Sinaloa.

Los grupos delictivos la Unión Tepito y el Cártel de Sinaloa se han hecho fuertes en la capital mexicana (Foto: Fiscalía General de Justicia de la CDMX)
Los grupos delictivos la Unión Tepito y el Cártel de Sinaloa se han hecho fuertes en la capital mexicana (Foto: Fiscalía General de Justicia de la CDMX)

Desde el año pasado hubo en la Ciudad de México cambios de luces que indicaban el avance gradual de distintas células del Cártel de Sinaloa a lo largo de varias alcaldías.

A medidos de agosto pasado, Víctor Manuel Padilla Murillo, alias el “Negro” o el “Chatarras”, presunto operador del Cártel de Sinaloa, fue acribillado en un edificio perteneciente a la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO) en la capital mexicana.

El “Chatarras” era testigo protegido de la Fiscalía General de la República y se presume también operaba en la capital mexicana.

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