“No se diferencia de Félix Salgado Macedonio”: Susan Crowley narró el acoso que sufrió por Andrés Roemer

Por medio de un artículo de opinión, Crowley narra como conoció a Roemer y cómo fue que este la acosó

El ensayista y diplomático mexicano Andrés Roemer ya cuenta con varias denuncias por acoso en su contra. EFE/Hilda Ríos/Archivo
El ensayista y diplomático mexicano Andrés Roemer ya cuenta con varias denuncias por acoso en su contra. EFE/Hilda Ríos/Archivo

“Roemer, calcetín con rombos ataca de nuevo”, es el título del artículo de opinión de la historiadora del arte Susan Crowley, en donde relata cómo fue que ella también sufrió acoso por parte del escritor y catedrático, Andrés Roemer, quien en los últimos días ha sido tema de conversación por las varias acusaciones de acoso y abuso sexual en su contra.

En su artículo, publicado en el medio Sin Embargo el pasado viernes, Crowley narra cómo conoció a Roemer, en una terraza que “estaba de moda”. Dice en su texto que Roemer se acercó a ella y a un grupo de amigos con los que estaba aquella noche, sin ser invitado, para incluirse en su plática.

“Conversábamos sobre algún tema del arte contemporáneo, de esos que siempre generan controversia. Yo defendía, alguien atacaba. Sin que nadie lo invitará el famoso presentador se integró al grupo. Su corta estatura lo obligó a encaramarse en una periquera. Extremadamente simpático, recurrió a la gastada fórmula que utiliza en Ciudad de las Ideas”, se lee en el texto de la historiadora del arte.

Después, dice, la polémica fue expulsando a todos sus acompañantes, hasta que pronto quedó a solas con Roemer, quien comenzó a halagarla y a decirle que necesitaba a alguien como ella en su vida, para después proponerle ser co-conductora de La Ciudad de las Ideas, programa realizado por el escritor, y después menciona que mujeres de cierta edad, que han pasado de todo para ser valoradas, se van con la finta al recibir ese tipo de halagos. Cabe mencionar que las mujeres que han acusado a Roemer por acoso o abuso sexual, mencionan que utilizó el mismo modus operandi con ella: ofrecerles empleo.

Andrés Roemer (Foto: Tomada de Instagram @roemerandres)
Andrés Roemer (Foto: Tomada de Instagram @roemerandres)

“Necesito una mujer como tú en mi vida”, seguido de un “me tienes maravillado, ¿dónde estabas que no te conocía? Te quiero como co-conductora en la Ciudad de las Ideas”. Aquí debo ser franca, no es que me cociera al primer hervor. Sucede que las mujeres de cierta edad, que hemos pasado de todo para ser valoradas, cuando recibimos este tipo de halagos nos vamos con la finta. Increíble pero cierto, por centésima vez, la fama llamó a mi puerta. Por fin alguien hacía justicia a mis años de romperme el lomo tratando de mostrar otros talentos que no fueran el físico”, apunta Crowley en su texto.

Narra que intercambiaron teléfonos, para acordar, posteriormente, verse para comer y seguir con la charla un día después. Explica que le cayó bien, por su desenfado y la forma en la que abordaba diversos temas. Además de que ver la oportunidad de un trabajo en la televisión por su perfil y no por su físico, le parecía una gran oportunidad.

“El día de la comida el clima estaba delicioso. Elegí una falda arriba de la rodilla, una blusa vaporosa y unas zapatillas con medio tacón. No muy sexy, tampoco recatada. El hombrecillo, y digo hombrecillo porque lo es en todos los sentidos, vestía en el típico y pretensioso estilo usado por los intelectuales: suéter de rombos, camisa a juego, pantalón de casimir, zapatos bostonianos”.

Comenta que Romer parecía medir dos metros cuando, tomándola del brazo, saludó a altos ejecutivos de TV Azteca que se encontraban en la mesa de al lado. Posteriormente, le dedicó tres libros muy gruesos, de su autoría, “me llamó la atención que la dedicatoria no fuera corta, la extendió varias páginas. Hasta ahí, digamos que me hizo gracia”.

Dice en su texto que el hombre se la pasó hablando sobre sus triunfos y logros, sin preguntarle a ella un poco más por su trayectoria, aunque ella aprovechaba cualquier oportunidad para “meter mi cuchara”, lo que provocó que Roemer le dijera que era buenísima para arrebatar la palabra, “además de que tienes las mejores piernas que he visto”.

Después describe lo que hizo que enfureciera, pues, narra, el doctor y conductor se quitó un zapato y subió la pierna en su silla, para después inclinarse hacia ella y acariciarle el cuello y el rostro, lo que provocó que se hiciera hacia atrás.  “De pronto, sentí algo adentro de mi falda, mucho más arriba de la ingle. Me asomé para descubrir su calcetín con rombos a juego con el suéter. Mi reflejo fue instantáneo: empuje la mesa, Andresititito perdió el equilibrio y cayó de espaldas”, cuenta la mujer.

Al caer, Andrés Roemer, fue ayudado por los ejecutivos de TV Azteca que estaban en la mesa de al lado para levantarse, quienes lo miraron entre risas y apurados. “Me levanté de la mesa y lo vi tan indefenso que me dio risa. “Ahí les dejo a este pedazo de imbécil”. Salí del restaurante indignada, sí, pero al mismo tiempo orgullosa de haber puesto en su lugar a Andrés Roemer”.

Dice que el hecho tiene siete años, y que nunca pensó en denunciar, pues en su generación solo se aguantaban el mal rato y lo dejaban pasar, pero dice celebrar que las cosas hayan cambiado.

“Escribo sobre Andrés Roemer porque es necesario ventilar todos los casos de este abusador. Lo hago sin afán de lucimiento personal y con el deseo de que, cada mujer atacada tuviera la suerte de poder evidenciar, ridiculizar y castigar a su agresor. Pero eso no ocurre. El bien vestido presentador en ningún momento se diferencia del siniestro Félix Salgado Macedonio. Son idénticos. Uno apela a la técnica del rombo el otro a la argucia de Rambo. Al candidato a la gubernatura de Guerrero le dicen impresentable, toda la opinión pública se sube a la palestra a exigir su renuncia. Sin embargo, Roemer ha recibido los beneficios de TV Azteca, del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (hoy Secretaría de Cultura) y del Gobierno de Puebla para su proyecto “La Ciudad de las Ideas”, y alguien juzgó que podíamos presumirlo como representante de México ante la ONU y cónsul en San Francisco”.

Concluye su texto diciendo que Roemer anda suelto porque en México aún no se entiende el daño que causan los abusadores políticamente correctos, que pertenecen a la clase alta y visten como “lords ingleses”. Se pregunta qué pasaría si Roemer tuviera las características de Salgado Macedonio, “salvo contados casos, la sociedad mexicana, feministas, intelectuales, actores, actrices se indignan con un personaje moreno, desagradable, populachero, prototipo del mal gusto y exigen su renuncia. Pero sientan en su mesa y se dicen orgullosos amigos de un doctorado güerito, calcetín con rombos que ataca a las mujeres”, concluye Crowley.

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