
Uno de los compromisos de campaña y posteriormente de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha sido el “no al fracking”, una técnica invasiva con el medio ambiente con la que se extraen hidrocarburos que no se pueden obtener con lo procesos habituales.
“Dijimos no al fracking, no a la explotación minera a diestra y siniestra”, refrendó el mandatario en la conferencia matutina de este martes. De hecho, el 1 de diciembre de 2019, el Presidente presumió que había cumplido 89 de sus 100 compromisos; en el número 75 está: “No usaremos métodos de extracción de materias primas que afecten la naturaleza y agoten las vertientes de agua como el fracking”
Sin embargo, existen elementos que prueban que su política energética y petrolera ha permitido la técnica de extracción de hidrocarburos, conocida en español como fracturamiento hidráulico.
De acuerdo con El Universal, la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH), órgano dependiente del gobierno federal, encargado de conceder parte de los permisos para la exploración y explotación de esos recursos, aprobó en 2019 siete planes para “incorporar recursos de aceites y gas en plays [extensiones productivas] no convencionales”. Según la definición de la Secretaría de Energía (Sener), los no convencionales son aquellos yacimientos que “requieren pozos horizontales con fracturamiento hidráulico”.
En una investigación de la asociación Alianza Mexicana contra el Fracking, a la que accedió dicho diario mexicano, de esos siete planes para asignaciones que la CNH aprobó en 2019, tres son nuevas exploraciones y cuatro son ampliaciones de los plazos ya pactados.

El fracking es un grupo de técnicas de extracción de hidrocarburos contenidos en rocas casi impermeables, característica que impide que se puedan extraer con técnicas convencionales.
El proceso empieza con la perforación de un pozo vertical y luego, una vez alcanzado el yacimiento profundo, se desvía la tubería y se hace una sección horizontal. Después se realizan perforaciones para comunicar el pozo y la roca y se inyecta un mezcla de 90% agua con arena y aditivos químicos, muchos de alta toxicidad, lo que fractura la roca y permite que fluyan hidrocarburos.
Según indica el diario, Pemex Exploración y Producción es la encargada de gestionar seis de las áreas aprobadas, mientras que la otra es para la empresa Operadora de Campos DWF. Todas están en la cuenca Tampico-Misantla, en Veracruz y Puebla, afectando un total de más de mil 800 kilómetros cuadrados.
La exploración de tales yacimientos se hace mediante el fracking para comprobar el potencial para su explotación. Además, según los planes tienen vigencia de 25 años y, cuando se llegue a la fase de explotación, se necesitarán múltiples pozos con fractura hidráulica para extraer los recursos.
El reporte hace hincapié en datos obtenidos en la Sesión Ordinaria de la CNH celebrada el 5 de diciembre de 2019. De ahí se supo que una de las asignaciones, la A-1022-Tampico-Misantla, aunque es un plan aprobado para un yacimiento convencional, su proyecto de exploración apunta como objetivo “dar continuidad a la producción de los plays no convencionales de los tres pozos establecidos que se encuentren en producción temprana”.
En dos de esos pozos se usó fracking para su perforación después de que Andrés Manuel López Obrador ganó las elecciones presidenciales.
“Empezamos a ver que, pese a que desde la Presidencia de la República se había señalado que el fracking no iba a tener lugar, la CNH seguía dando permiso a Pemex y a otras empresas para realizar exploraciones en yacimientos no convencionales. El gobierno está apostando por esta técnica al darle presupuesto”, explicó a El Universal Aroa de la Fuente, integrante deAlianza Mexicana contra el Fracking.
El 23 de octubre de 2017, Claudio de la Cerda, entonces director General de Exploración y Extracción de Hidrocarburos de la Sener, participó en el foro Fracturación hidráulica: actualidad de la explotación de hidrocarburos en México, donde habló de los yacimientos no convencionales. “Los más comunes de este tipo son: aceite o gas de lutitas, gas en arenas compactas, metano de carbón y los hidratos de metano”.
Y para explicar las diferencias entre yacimientos convencionales y no convencionales, el funcionario comparaba que, mientras en un pozo convencional “el hidrocarburo fluye de manera natural a los pozos y la cantidad de estos es de acuerdo con la dimensión del yacimiento", uno no convencional requiere pozos horizontales con fracturamiento hidráulico así como un "mayor número de pozos para obtener producción económica. El pozo no podrá extraer hidrocarburos fuera de la zona de fracturas”, manifestó.

Por otro lado, el diario señala que en el Presupuesto de Egresos de la Nación se puede encontrar otro indicio de la continuidad de la política energética de fomento al fracking.
A través de Pemex Exploración y Producción, en 2018 se asignaron mil 705 millones de pesos para el Proyecto de Inversión Aceite y Gas en Lutitas. En 2019, primer año de la administración federal actual, se asignaron 3 mil 350 millones, casi el doble, mientras que en 2020 alcanzó los 4 mil 655 millones.
Roberto Ochandio, antiguo ingeniero petrolero y actual activista contra el fracking, enlistó a El Universal las afectaciones por esa práctica: “Consumo elevado de agua; contaminación de agua superficial por derrames y accidentes y subterránea por pérdidas a través de la aislación de tuberías y cementación; contaminación con productos químicos; contaminación del aire por el uso extensivo de camiones pesados y las pérdidas de gas natural; destrucción superficial porque cada plataforma de perforación ocupa una hectárea de terreno; se hacen miles de pozos; contribución al calentamiento global, y su relación con los terremotos”.
No solo en yacimientos “no convencionales”
En México, el fracking se practica al menos desde 2003. Pero no solo en yacimientos no convencionales, sino que en los convencionales se usa como técnica de estimulación; es decir, cuando comienza el declive de producción, se realiza una serie de fracturas hidráulicas para aumentarla.
Datos de una investigación realizada por Cartocrítica, en colaboración con la Alianza Mexicana contra el Fracking y basada en información enviada por la CNH, refieren que en 2018, 7 mil 879 pozos, 25% de los 32 mil que había entonces en México, habían sido fracturados en algún momento de su vida productiva.
Sin embargo, no es posible saber si se haya seguido usando la técnica para aumentar la producción de los pozos en activo durante el sexenio actual, ya que la CNH reserva tal información por dos años.
Desde Cartocrítica, indica dicho diario, también preguntaron si la Comisión Nacional de Hidrocarburos, la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente, la Secretaría de Energía o Pemex habían realizado alguna acción para prohibir el fracking: ninguna había dado ni un paso en esa dirección.
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