Decir adiós cuando no nos podemos despedir

Hablar de pandemia, es hablar de muerte. Hablar de muerte, es hablar del miedo y sus emociones

(Foto: Diane Desobeau/AFP)
(Foto: Diane Desobeau/AFP)

Y ¿qué relación tiene la Tanatología con el COVID-19?

Que hablar de un confirmado de coronavirus, es hablar de miedo, -del miedo antes, durante y después del posible caso de fallecimiento de quien ha sido contagiado-, y del proceso de duelo que experimentarán sus familiares y amigos cercanos. Que la Tanatología, la ciencia que estudia la muerte y sus expresiones, ante un estado de pandemia, hace uso de matices diferentes a los tradicionales para la atención de las personas en duelo.

Y es que sucede que en los casos de COVID-19 surgirán muertes rápidas, que tan solo 15 días antes de que sucedan, eran inimaginables. Las muertes inesperadas traen consigo estados de shock y agudizan el desequilibrio de las emociones que suelen vivirse en duelos de otra naturaleza.

En los casos de muertes inéditas se vive una sensación de irrealidad e impotencia y pérdida de la esperanza; también coraje e ira por la manera en la que nos fue arrancada la vida del ser querido. Invaden pensamientos repetitivos que se instalan en nuestra mente por días enteros intentando entender qué y cómo fue lo que sucedió, pasando por algunos estados depresivos y ansiosos. A mediano o largo plazo, puede surgir el trastorno de estrés postraumático, lo que se asocia al riesgo de convertirse en duelo patológico, en caso de ser acompañados tardíamente por un especialista.

Si a eso, le sumamos que los rituales funerarios - velorio y entierro -, según los protocolos tradicionales de las agencias de servicios, tienen modificaciones reguladas por la Agencia Sanitaria de la Ciudad de México e invitan a realizarse en tiempos breves, siguiendo las recomendaciones de sana distancia y evitar saludos y abrazos: lo que generan todas estas medidas de seguridad son sentimientos de impotencia y sensación de aislamiento.

Para los casos de fallecimiento por COVID-19, todo lo que sabemos de duelos es vigente. Sin embargo, los matices que agudizan la sintomatología son la ausencia de una despedida entre contagiado y familiar por disposiciones de aislamiento y la falta del reconfortador contacto físico en el ritual funerario, lo que convierte este proceso en un tipo de duelo descorazonador. Añaden dolor al dolor que ya existe por la perdida.

Si bien, un especialista en Tanatología es el indicado para acompañar certeramente un proceso de duelo, en este momento, en el que estamos viviendo un duelo colectivo, donde todos estamos impresionados y conmovidos, porque somos humanos y nada de lo humano nos es ajeno. En nuestras manos está el extender palabras de amor y comprensión a familiares y amigos que estén transitando un duelo por el caso de COVID-19. Aludir a la esperanza y apelar a la unión, esa es la clave para dar los primeros auxilios emocionales al servicio de nuestra sociedad.

Hay momentos que no podemos evitar vivir, pero sí podemos evitar vivir en soledad.

*Tanatóloga, Docente de La Universidad La Salle

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