El desafío de hacer lo correcto

La manera en la que interpretamos las situaciones que vivimos, nos coloca en una posición que condiciona y determina la forma en la que actuamos

(Foto: cortesía)
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Estamos frente a una experiencia social inigualable. El mundo globalizado lucha contra un mismo enemigo. Un mismo enemigo que, dependiendo de quien lo mire y desde donde lo mire, tiene infinidad de formas y diferentes siluetas.

La manera en la que interpretamos las situaciones que vivimos, nos coloca en una posición que condiciona y determina la forma en la que actuamos. Es interesante ver el abanico de opciones de respuestas que se despliegan frente a un mismo hecho. Aflora en cada uno de nosotros una mirada particular con la que vemos el mundo y con ello toda clase de conductas, interpretaciones, miserias y bondades que marcan la diferencia entre unos y otros.

Así nos encontramos con aquel que presume que todo lo sabe y nos da clases sobre lo que pasa y lo que vendrá y hasta nos tranquilizada si observa de nuestra parte una mirada o expresión de cierto temor o angustia. Sabiondos que se arrogan: “el lugar del supuesto saber” con una liviandad que asusta.

También abundan por estos días los negadores. Negar es una función muy interesante de nuestra mente, ya que cuando negamos, no sabemos que estamos haciéndolo, no tenemos forma de saber que estamos dejando de lado información, estímulos, acontecimientos o acciones. Los datos recolectados por los negadores y su manera de interpretarlos hacen que la situación pierda valor o relevancia. No se puede acceder a la información que está fuera de nuestra conciencia y eso hace que la persona que niega considere un hecho importante como algo menor. De esa forma la pandemia puede ser interpretada como; “una gripe pasajera”.

No quedan fuera de este abanico de interpretaciones, aquellas personas con características conspirativas, que pueden dar una explicación casi detallada de cómo los gobiernos diseminaron un virus para sus propios beneficios económicos o para conquistar más poder del que hasta ahora tenían.

Los egoístas también dicen presente con sus miradas narcisistas. Concentrados en la perdida de sus beneficios y comodidades y en el malestar que les provoca postergar lo que quieren hacer y que, en la medida de lo posible, saldrán a la búsqueda de aquello que desean, sin importarles las consecuencias que sus acciones puedan acarrearle a la sociedad.

En el ángulo opuesto están las personas solidarias que, sin duda, son las estrellas del momento. Son personas empáticas, cooperativas y comprometidas con el grupo social en el que se encuentran y que de manera natural y sin esfuerzo alguno, extienden sus brazos para ayudar a todos aquellos que los necesiten. Hoy tenemos la oportunidad de encolumnarnos detrás de las personas solidarias y aprender de la responsabilidad moral que tienen quienes ayudan desinteresadamente al prójimo.

Hacer lo correcto, muchas veces se convierte en uno de los mayores desafíos que se le presentan a un ser humano. Cuando no estamos de acuerdo con lo que se nos propone, hacer lo que corresponde se torna a veces difícil y otras veces demasiado difícil, sobre todo cuando ponemos nuestros intereses y deseos personales por sobre el bien común.

La pandemia que estamos atravesando deja al desnudo tanto nuestras miserias y debilidades, como nuestras fortalezas. Nos da batalla, nos enfrenta y nos desafía poniéndonos frente al espejo. Queda en nosotros, poder sostenerle la mirada o tener que desviarla.

*Psicóloga y escritora

Lo aquí publicado es responsabilidad del autor y no representa la postura editorial de este medio

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