(Foto: cortesía)
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Nuestra vida es muy parecida al vuelo de un pájaro. Debemos aletear constantemente para ganar altura sin tomar descanso. Pero una vez que llegamos a donde queremos estar, tenemos que seguir aleteando, no de manera continua, sino a intervalos, si no queremos perder la altura alcanzada. Es decir, tenemos que trabajar en nosotros diariamente porque de no hacerlo comenzaremos a descender y a perder altura poco a poco.

Levantar vuelo es costoso. Tenemos que luchar contra la inercia de seguir en el mismo lugar donde hoy nos encontramos. Levantar vuelo requiere esfuerzo. Es ir contra la corriente, es nadar a contramano, es romper con la dirección que llevamos, es encontrarnos con la resistencia que implica dar el primer paso en el sentido contrario al que estamos transitando.

¿Por qué nos resulta costoso? Porque nuestros sueños están en lo alto y para alcanzarlos hay que aletear continuamente, sin descanso. A diferencia de las aves para nosotros no es tan fácil salir a volar. Si bien hay personas que naturalmente tienen una determinación y empuje envidiable, la mayoría de nosotros generamos cierta resistencia cuando tenemos que salir de nuestra zona de confort y comenzar a emprender el ascenso.

Para ascender necesitamos de un esfuerzo sostenido, de decisión y de perseverancia. La perseverancia es la firmeza y constancia en la manera de ser o de obrar y no tiene rivales a la hora de implementarla para lograr nuestros objetivos. Ni el talento, ni la vocación, ni la necesidad pueden tanto como la perseverancia. Es el secreto de todo éxito.

Detrás de cada persona que llegó a conquistar lo que deseaba, había una conducta de perseverancia. El otro gran aliado de la perseverancia es la pasión. Cuando tenemos pasión levantamos vuelo y la fuerza de la pasión es la que nos ayuda a soportar las tormentas y los vientos huracanados que encontramos en la travesía.

En definitiva, usted necesita de la pasión y/o la perseverancia para ascender hasta donde quiera ir y así lograr lo que está buscando en esta vida. Ambos son los motores que ponen en marcha cualquier itinerario de vuelo.

Subir es ir contra las leyes de gravedad, es aletear continuamente, pero si nos muñimos de la perseverancia y la pasión, tendremos dos buenos motores bajo nuestras alas que nos ayudarán a emprender cualquier travesía y nos acercarán a lograr lo que estamos buscando en la vida.

No existe una persona en este mundo que no haya salido adelante por sí misma en algún momento de su vida. Tanto las aves como nosotros nacimos con alas, y aunque las nuestras no son visibles y no se despliegan a los costados del cuerpo, cumplen la misma función: volar.

Para romper con las costumbres, la inercia y la monotonía necesitamos de una acción contundente, de una decisión tomada a conciencia. No se remonta vuelo al azar, ningún viento fuerte que pase cerca de nosotros nos ayudará a mantenernos en lo alto. Nada nos sacará del suelo si no estamos decididos y dispuestos a volar.

Trabaje fuerte para ganar altura, usted es su propio motor. Si bien muchas veces nos encontramos con factores externos que limitan nuestro accionar y nos demoran en nuestros objetivos o entorpecen nuestro camino, el mayor obstáculo, casi siempre, somos nosotros mismos.

Mandela decía: “Soy amo de mi destino. Soy el capitán de mi alma”. Encienda sus motores y salga a volar. A cierta altura ya no hay nubes.

Hágase un favor, despegue.

*Psicóloga y escritora

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