Ni el vientre ni la placenta pueden protegerlos de las partículas PM 2.5 (Foto: Pixabay)
Ni el vientre ni la placenta pueden protegerlos de las partículas PM 2.5 (Foto: Pixabay)

Un estudio sugiere que los bebés reciben el impacto de la contaminación ambiental desde el vientre, incluso de manera más intensa que sus madres. Esto debido a que el vientre materno y la placenta no pueden proteger a los bebés de la exposición a partículas contaminantes PM2.5.

Los científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) encontraron en sangre del cordón umbilical de recién nacidos moléculas (aductos y micronúcleos) que han sido relacionadas con el desarrollo de mutaciones celulares y, potencialmente, cáncer.

"Esto implica un riesgo a la salud que es importante vigilar a largo plazo, pues pueden ver afectado su desarrollo pulmonar o sufrir otras enfermedades", alertó Eugenia Gonsebatt Bonaparte, del Instituto de Investigaciones Biomédicas (IIBm).

La investigación, encabezada por Gonsebatt Bonaparte, vinculó el incremento de esos biomarcadores, indicadores de daño, con el aumento de partículas contaminantes, lo que genera preocupación debido a los altos índices de contaminación en la Ciudad de México.

En la pasada contingencia ambiental pasada, la Ciudad de México alcanzó niveles de 160 microgramos por metro cúbico en partículas PM 2.5 (Foto: Cuartoscuro)
En la pasada contingencia ambiental pasada, la Ciudad de México alcanzó niveles de 160 microgramos por metro cúbico en partículas PM 2.5 (Foto: Cuartoscuro)

Debido a su tamaño, las PM2.5 entran al torrente sanguíneo y distribuyen por todo el cuerpo los elementos que las conforman. Algunos de estos compuestos se unen al ADN y generan aductos, que inducen alteraciones asociadas a enfermedades respiratorias y mutaciones celulares, potencialmente carcinógenas, según explicó la experta en genética y medio ambiente.

"Documentamos lo que está pasando en esta urbe para alertar a las autoridades", enfatizó la investigadora.

Descubrir el aumento de aductos y micronúcleos en la población, y comprobar su asociación con las partículas contaminantes, sugiere que los recién nacidos expuestos tienen mayor riesgo de padecer problemas de salud a futuro, que aquellos que no lo están, abundó la científica del Programa de Salud y Ambiente, integrado por investigadores del IIBm para analizar el impacto que tienen en la salud los agentes tóxicos ambientales.

Sobre el estudio

Se recolectaron 200 muestras de sangre para el estudio (Foto: Archivo)
Se recolectaron 200 muestras de sangre para el estudio (Foto: Archivo)

Se recolectaron muestras de sangre del cordón umbilical de 200 recién nacidos y sus madres, en el norte de la Ciudad de México y la alcaldía de Iztapalapa. Las muestras fueron tomadas entre 2014 y 2015; entonces los niveles más altos de PM2.5 eran de 20 a 30 microgramos por metro cúbico (en la pasada contingencia ambiental los niveles alcanzaron 160 microgramos por metro cúbico).

Los resultados del estudio universitario fueron publicados a finales de 2018 en la revista Environmental and Molecular Mutagenesis. Los científicos de la UNAM ahora iniciaron una colaboración con la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla para una investigación similar, pero en una entidad donde los niveles de PM2.5 son menores, lo que permitirá hacer un comparativo.

El estudio se llevó a cabo en colaboración con médicos y pacientes del Seguro Social y del Centro de Investigación Materno Infantil (CIMIGEN), y con Patricia Ostrosky, del IIBm.

Los daños crónicos de las PM2.5

Las partículas PM2.5 se generan por procesos de combustión, entre estos, los incendios forestales (Foto: Twitter)
Las partículas PM2.5 se generan por procesos de combustión, entre estos, los incendios forestales (Foto: Twitter)

Los compuestos que hay en el ambiente chocan entre sí y forman partículas que reciben su nombre de acuerdo con su tamaño: ultrafinas; menores a 2.5 micras (PM2.5); y menores a 10 micras.

Las fosas nasales tienen vellosidades y/o cilias que filtran las partículas grandes, pero las PM2.5 y menores entran al pulmón, y las sustancias que contienen se disuelven en la sangre y se distribuyen por los órganos.

Niveles altos de PM 2.5 producen irritación en los ojos, en la nariz y en la garganta; tos, opresión en el pecho y dificultad para respirar, además de una función pulmonar reducida. En personas adultas la exposición a estas partículas genera problemas cardíacos y pulmonares, llegando incluso a los ataques al corazón y muerte prematura.  En los niños se relaciona con asma y enfermedades crónicas.

Por su fácil propagación y daños a la salud, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda desde el año 2008 utilizar como indicador de concentración de partículas las PM2.5 en las ciudades, así se estipula en su "Guía de calidad del aire".