La isla San José, ubicada en el estado mexicano de Baja California Sur, es una joya de la naturaleza. Tiene una superficie de 182,96 kilómetros cuadrados y en ella habitan especies endémicas, diversos ecosistemas que van desde manglares hasta lagunas, además de que existen vestigios como pinturas rupestres.

Sí, se trata de un verdadero paraíso natural, el cual fue vendido por la empresa Amero y será pagada con criptomonedas.

Alfonso Jiménez Pérez, director de la compañía, anunció que ya se firmó el contrato de compraventa y precisó que solo se desarrollará un 3% de la isla, justo donde había una mina de sal, para no afectar la biodiversidad de la isla.

En este paraíso natural viven actualmente ocho familias de pescadores quienes tienen concesionadas 15 hectáreas de la isla desde hace más de 30 años y van a respetar esos acuerdos.

La isla San José, que también es conocida como "El Archipiélago de Las Perlas" pertenece a una familia desde hace más de 100 años y aunque el Congreso del estado ha intentado recuperar las islas, los dueños siempre han estado acorde con la ley en su custodia y posesión.

Jiménez destacó que la criptomoneda regiomontana Amero, ya logró un respaldo en activos superior a los 20 mil millones de dólares.

La leyenda

Esta maravillosa isla tiene una leyenda, que más que eso, es un relato tomado del libro "Mar Roxo de Cortés, Biografía de un Golfo" de Fernando Jordán, escrito entre 1950 y 1951.

La historia gira en torno a Wilhem Winkle, originario de Alemania, un ingeniero en Minas que, tras nacionalizarse estadounidense, llegó a la isla San José a trabajar.

Después de terminar su trabajo en las minas, los cien trabajadores de lugar y sus familias abandonaron el lugar a bordo de un barco enviado por los jefes. Todos menos Winkle.

Los pescadores que tenían su campamento cerca, lo observaban de lejos. Veían cómo Wilhem Winkle se quedaba fijamente mirando la cumbre de la montaña, se sentaba por horas en la playa o deambulaba por las orillas.

Por las noches, los pescadores observaban cómo prendía una fogata en la cueva en la que vivía. Debido a que nunca le dirigieron la palabra, empezaron a surgir historias en torno a él.

Algunos decían que estaba loco, otros, que se la pasaba recorriendo la isla buscando pepitas de oro y madre perla.

Tiempo después, los pescadores encontraron el cuerpo de Winkle, el cual llevaba sin vida varios días y ya había sido empezado a comer por animales. Fue enterrado por los pescadores y la leyenda comenzó a surgir: decían que se aparecía el fantasma del loco y que incluso en las noches se veía el fuego encendido desde el interior de la cueva donde vivió.

Wilhem sólo dejó una intrigante frase grabada en la pared de la cueva, en su idioma natal "Freihiet durch Einsamkeit" que en español significa "la soledad como vía a la libertad".