(Foto: Carlos Villasana/Ciudad de México en el tiempo)
(Foto: Carlos Villasana/Ciudad de México en el tiempo)

Por Diana Zavala

Miles de vasos chocaron a la voz de "¡salud!" dentro de la primer cantina de la Ciudad de México, bautizada El Nivel. Lugar en donde Benito Juárez compartió tragos con sus colegas, Luis Donaldo Colosio habló de sus planes políticos con sus amigos, y Jacobo Zabludovsky se relajó y convivió con sus conocidos.

La barra del local que se ubicaba entre las calles Moneda y Seminario, a un lado de Palacio Nacional, presenció durante más de 150 años las visitas de figuras prominentes de la política y sociedad mexicana que acudían al melancólico lugar desde su apertura en 1857. Algunos otros de ellos fueron López Portillo, Santa Anna, Ernesto Zedillo y Carlos Monsiváis.

Fue el primer lugar de bebidas alcohólicas que obtuvo su registro por el entonces presidente Lerdo de Tejada. Desde entonces, el lugar cambió de dimensiones pero no de sede. Famosos también por inventar el trago "El Nivelungo", permanecieron hasta que el local cerró en el 2008.  

La cantina universitaria

(Foto: Carlos Villasana/Ciudad de México en el tiempo)
(Foto: Carlos Villasana/Ciudad de México en el tiempo)

Parte de la magia de la cantina fue su ubicación y origen. El Nivel, se erigió en el antiguo barrio universitario, indica la historiadora de arte Veka G. Duncan en entrevista con Infobae México.

Antes de ser un lugar para beber y convivir, fue un sitio de estudios. En el mismo espacio en donde después permanecería la cantina se estableció la primer sede de la Real y Pontificia Universidad de México en 1589.

Aquella esquina del centro histórico vio desfilar a los primeros estudiantes universitarios del país durante treinta años, hasta que se decidió cambiar el sitio en donde se ubicarían las aulas. Sin embargo, la institución no dejó la zona.

"Estuvo la primer academia de arte que fue la Academia de San Carlos. También la primera imprenta en América. A unos pasos los íconos del barrio universitario: el Antiguo Colegio San Ildefonso que fue la Escuela Preparatoria Nacional. La escuela de jurisprudencia y la escuela de medicina, lo que ahora es el antiguo palacio de inquisición", explicó Veka Duncan.

Lo que provocó que la cantina se convirtiera en un lugar de encuentro de intelectuales y artistas. Además de burócratas y funcionarios por su cercanía con el conglomerado de instituciones públicas del zócalo de la Ciudad de México.

La conductora del programa de radio El Foco, Veka Duncan, dijo que uno de sus asiduos visitantes fue el caricaturista Ernesto García Cabral, cuando aún era estudiante de la Academia de San Ildefonso.

Nombre otorgado por la comunidad

La cantina nació sin nombre y solo era una tienda de abarrotes y licores (Foto: Carlos Villasana/Ciudad de México en el tiempo)
La cantina nació sin nombre y solo era una tienda de abarrotes y licores (Foto: Carlos Villasana/Ciudad de México en el tiempo)

La cantina nació sin nombre. Antes de ser un lugar dedicado solamente a los tragos, era una tienda de ultramarinos (abarrotes y licores). Allí los clientes además de realizar sus compras, podían tomarse una copa.

"Después se empezó a definir por legislación que se tenían que separar los espacios. No podías ofrecer bebida en el mismo lugar en donde estabas vendiendo abarrotes. Entonces se divide y hay un espacio que ya es propiamente cantina en donde la gente puede sentarse a tomar algo o a comer y en la de ultramarinos se conserva pero ya como un local aparte", comentó la experta Veka G. Duncan.

Los locales se encontraban frente a un monumento hipsográfico que se inauguró en 1878, con el que se medía el nivel del lago de Texcoco debajo del centro histórico, para saber cuándo se corría riesgo de inundaciones.

Dicha estatua era conocida como "El Nivel", por su referencia se le bautizó así a la cantina. El monolito aún existe, pero en otra zona. Ahora se encuentra frente al actual Monte de Piedad.

De vuelta a la UNAM

(Foto: Carlos Villasana/Ciudad de México en el tiempo)
(Foto: Carlos Villasana/Ciudad de México en el tiempo)

El Nivel tuvo diferentes dueños a través de los años. El último fue Rubén Aguirre, quien se enfrentó a un litigio con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Al haber sido ellos los primeros que ocuparon el edificio lo reclamaban como propiedad.

La popularidad de la cantina nunca cesó, por lo que tomó por sorpresa a sus clientes frecuentes cuando la cortina del local bajó y leyeron un cartel en la fachada que decía "Cerrado por mantenimiento. Hasta nuevo aviso". Pero el lugar nunca volvió a abrir sus puertas como se le conocía.

En enero del 2008 se anunció que la cantina perdió el litigio contra la UNAM, por lo que definitivamente no volvería a sus actividades.

Ahora, en el sitio en donde se encontraba El Nivel, se ha vuelto a las actividades culturales y académicas con el museo UNAM. Hoy en donde se expone la historia de la universidad de manera interactiva.