Desde hace al menos dos décadas se ha registrado presencia de las maras en México (Foto: Archivo)
Desde hace al menos dos décadas se ha registrado presencia de las maras en México (Foto: Archivo)

Por Jonathan D. Rosen y José Miguel Cruz*

En diversas ocasiones, el presidente de los Estados Unidos Donald Trump, ha mencionado la necesidad de combatir la despiadada banda criminal la Mara Salvatrucha, también conocida como la MS-13, incluso refiriéndose a sus miembros como "animales."

El presidente ha adulado su administración en torno al combate contra esta amenazadora pandilla, publicando en su cuenta de Twitter: "Miles de miembros de la pandilla MS-13 están siendo removidos por nuestros agentes de la Patrulla Fronteriza y de ICE, pero estos asesinos regresan de El Salvador y de México, como si nada. El Salvador solo toma nuestro dinero, y México debe de ayudar MAS con esta problemática. Necesitamos EL MURO!" Sin embargo, tales declaraciones no solo ignoran la historia de la pandilla, sino que tampoco comprenden la fundamentalidad del fenómeno, la causa principal por la cual los jóvenes se unen a las filas de este grupo criminal.

Los inmigrantes salvadoreños que huían de la violenta guerra civil en su país formaron la banda MS-13 en Los Ángeles, California, durante los años ochenta. Uno de los factores que contribuyó a su creación es atribuido a los altos niveles de discriminación dentro de su mismo círculo social, incluso siendo intimidados por su forma de hablar español. La pandilla ofreció a los jóvenes inmigrantes salvadoreños un sentido de comunidad y hermandad, una identidad común, lo cual los ayudó a adaptarse con mayor facilidad al área del sur de California. En aquellas épocas, los miembros originales de la MS-13 disfrutaban del rock-and-roll y de "pasar el rato." La pandilla ha partido de sus inicios y ha ido evolucionando con el tiempo.

Mientras el presidente Trump señala a las políticas de inmigración adoptadas e implementadas por la administración del presidente Obama como el mayor responsable de la presencia de MS-13 en Estados Unidos. La realidad es que el mismo gobierno estadounidense, en general, ha sido el responsable de la expansión y fortalecimiento de dicha pandilla.

La pandilla da a sus integrantes el sentimiento de pertenencia (Foto: Archivo)
La pandilla da a sus integrantes el sentimiento de pertenencia (Foto: Archivo)

La Ley de Reforma de Inmigración Ilegal y Responsabilidad del Inmigrante de 1996, resultó en la deportación de decenas de miembros de pandillas, entre ellos de la MS-13, a sus países de origen, sin siquiera tener antecedentes penales. Como una consecuencia inintencionada a dicha acción, los miembros llevaron consigo su cultura y su conocimiento en pandillas.

La deportación de estos pandilleros, aunado con otros factores como: altos niveles de desigualdad, desempleo y discriminación, en los países a los que fueron enviados, han contribuido ampliamente al esparcimiento de la MS-13, no solo en El Salvador, pero también en otros países como Honduras y Guatemala.  

Recientemente, llevamos a cabo un estudio de campo en el cual se hicieron alrededor de 1,200 entrevistas a miembros de diversas pandillas como la MS-13 y Calle 18[1], entre otras, en prisiones, cárceles, y centros de rehabilitación a lo largo del territorio salvadoreño. Además, realizamos otras 24 entrevistas con ex pandilleros con la finalidad de comprender con mayor profundidad el fenómeno de las pandillas.

Dentro de nuestra investigación, encontramos que solo el 3.1% de los miembros de la MS-13 se unieron a la pandilla en territorio estadounidense, mientras que un 28.5% se enfiló en las Áreas Metropolitanas de San Salvador (MASS con sus siglas en inglés). Mas del 68% de los entrevistados señalaron que ingresaron a la pandilla en algún otro punto del resto del país. Otro hallazgo importante de nuestra investigación muestra que, en su gran mayoría, los pandilleros salvadoreños nunca han estado en los Estados Unidos, nuestros resultados señalan que menos del 5% de los miembros de la MS-13, entre edades de 13 y 17 años han estado en territorio americano.

Algunos miembros se unen a la Mara en territorio estadounidense (Foto: Archivo)
Algunos miembros se unen a la Mara en territorio estadounidense (Foto: Archivo)

Es fundamental mencionar que los miembros de las pandillas provienen de entornos socioeconómicos extremadamente desfavorecidos y con altos niveles de violencia. Encontramos que el 71.3% de los encuestados contaban con un ingreso familiar de menos de USD 250 por mes. Únicamente el 3.4% de los pandilleros que participaron en este estudio obtenía un ingreso familiar de USD 501 o más. Un ex miembro de la MS-13 de 19 años de edad, destacó los vínculos entre la pobreza y la presencia de pandillas. Este integrante sostuvo: "Muchos jóvenes buscan esto [pandillas] debido a la pobreza, porque no pueden encontrar un trabajo o dejan de estudiar."

Aparte de vivir en condiciones económicas extremas, los pandilleros salvadoreños cuentan también con bajos niveles de educación. De hecho, el 41.6% de los encuestados tenía un nivel de educación secundaria, mientras que el 35.2% habían cursado la educación primaria. Estudios indican que los jóvenes que carecen de las habilidades educativas necesarias tienen dificultades para competir en la economía formal y debido a esto pueden ser atraídos al mundo criminal.

Una de las estrategias de las pandillas es tratar de crear un vínculo con jóvenes desorientados que no trabajan ni estudian. Un ex miembro de MS-13 nos comentó: "Ellos [MS-13] buscan niños, como de alrededor de 8 años…En mi vecindario, por ejemplo, hay niños de 5 o 6 años que ya ingresan…y es una lástima porque ya empiezan a portar armas. Puedes ver a un niño de 8 años disparando una pistola. La pandilla cría esto, ya que son niños y se aprovechan de su inocencia. No están buscando reclutar adultos, solo jóvenes."

Es difícil entender las razones principales que llevan a una persona a unirse a las filas de una de los grupos criminales más violentos y despiadados del hemisferio occidental. La realidad es que las pandillas callejeras ofrecen a los jóvenes viviendo en entornos socioeconómicos desfavorecidos una fuente y red de seguridad y la posibilidad de obtener recursos financieros. De acuerdo a nuestro estudio, el 59.2% de los encuestados afirmó que al unirse a la pandilla les provocó una sensación de bienestar y confianza, mientras que el 53.1% argumentó que obtuvieron bienes materiales.

Hasta ahora, los gobiernos afectados por el fenómeno no han resuelto los problemas que han dado origen al surgimiento de las pandillas (Foto: Archivo)
Hasta ahora, los gobiernos afectados por el fenómeno no han resuelto los problemas que han dado origen al surgimiento de las pandillas (Foto: Archivo)

La mayoría de los encuestados sostuvieron también que al formar parte de una pandilla lograron obtener el respeto de la sociedad y protección contra amenazas. Un ex miembro de la MS-13, que había desertado de la pandilla 8 meses antes de nuestra entrevista comentó: "Cuando estaba corriendo por allí [con la pandilla], me enseñaron a respetar a la gente. Cuando alguien tiene un problema con un miembro de la pandilla, no tiene un problema solo con esa persona, sino que con el resto del grupo. Esto causa problemas, esto causa muertes."

En conclusión, las estrategias de línea dura y punitivas que buscan simplemente deportar, arrestar o encarcelar a miembros de pandillas no comprenden ni tratan los problemas estructurales subyacentes. Se deben invertir más recursos para abordar los factores que ayudan primeramente a explicar las razones por cuales los jóvenes se involucran en la vida de pandillas. Los jóvenes sin educación de las comunidades pobres, que a menudo viven en vecindarios plagados de delitos y violencia, son los más vulnerables a ser reclutados por pandillas como la MS-13.

El simple hecho de aprisionar a miembros de estos grupos delictivos da como resultado que toda esta generación de jóvenes se vea atrapada en el sistema penitenciario, que a menudo sirve como "escuelas del delito."

Si no se resuelven los problemas regionales de raíz, es poco probable que el fenómeno de las pandillas desaparezca.

 *Jonathan D. Rosen es Profesor Asistente de Justicia Penal en la Universidad Holy Family en Filadelfia y José Miguel Cruz es Director de Investigación en el Centro Latinoamericano y del Caribe Kimberly Green en la Universidad Internacional de la Florida.

Lo aquí publicado es responsabilidad del autor y no representa la postura editorial de este medio.