
En los Himalayas, la aceleración del deshielo y la irregularidad de los monzones han obligado a comunidades de Nepal, India y otros países de la región a recuperar técnicas ancestrales y desarrollar sistemas locales para afrontar una crisis de agua marcada por inundaciones repentinas y períodos de escasez.
La región concentra la mayor reserva de hielo del planeta fuera de los polos. Sin embargo, los glaciares himalayos pierden masa a un ritmo 65% superior al de hace una década, según datos recogidos por TIME. El proceso amenaza el abastecimiento de agua de cerca de 2.000 millones de personas que dependen de 12 grandes cuencas fluviales asiáticas.
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En ese contexto, habitantes de las montañas combinan redes hidráulicas medievales, monitoreo científico, almacenamiento de agua de lluvia y glaciares artificiales. Las iniciativas buscan sostener la vida en asentamientos donde el agua puede desaparecer durante la estación seca o llegar con una violencia capaz de destruir aldeas enteras.
Nepal recupera canales subterráneos para sostener sus manantiales
En Nepal, los manantiales perennes, conocidos como mool, determinaron durante siglos la ubicación de pueblos, cultivos y rutas de pastoreo. Pero el derretimiento de nieve y hielo, sumado a lluvias menos previsibles, alteró los caudales y dejó a numerosas comunidades con fuentes cada vez más inestables.
En el valle de Katmandú, municipios y vecinos restauran antiguos canales de terracota que conducen el agua hacia surtidores de piedra hundidos. El sistema, llamado hiti o dhara, fue desarrollado durante las dinastías Licchavi y Malla y cuenta con estructuras que datan de al menos el siglo VI.
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Los estanques vinculados a esos surtidores absorben la lluvia del monzón y permiten recargar los acuíferos subterráneos. Así, el agua puede seguir disponible cuando llega la temporada seca. La rápida urbanización y la variación climática han puesto bajo presión esa infraestructura, que durante décadas quedó parcialmente abandonada.
El hidrometeorólogo Ngamindra Dahal, presidente de la Fundación para la Conservación del Agua de Nepal (NWCF), trabaja con comunidades para registrar el caudal estacional, la calidad del agua y la altitud de los manantiales. Con esos datos, los pobladores pueden rediseñar tuberías, establecer acuerdos de distribución y adaptar sistemas domésticos de recolección de lluvia.
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“Cuando un manantial deja de fluir, reparar la infraestructura no resuelve nada”, señaló Dahal a TIME. Su planteo apunta a desplazar la atención desde las tuberías y tanques hacia la protección de las fuentes que alimentan el sistema.
Una inundación en Limi reveló un riesgo hasta entonces desconocido
La adaptación también depende de entender mejor los nuevos peligros. En el remoto valle de Limi, cerca de la frontera entre Nepal y el Tíbet, una inundación ocurrida en mayo de 2025 destruyó puentes y una central hidroeléctrica. La comunidad creyó inicialmente que se trataba de otra descarga repentina de un lago glaciar.
La activista Tashi Lhazom, originaria de la zona, insistió en que científicos y funcionarios investigaran el episodio. Las expediciones en terreno concluyeron que el agua no provenía de un desborde glaciar convencional.
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El fenómeno se vinculó al deshielo del permafrost, la capa congelada que ayuda a mantener unidas las rocas de montaña. Al degradarse, liberó pequeños lagos subterráneos denominados termokarst y provocó una avalancha de agua ladera abajo. El caso fue reclasificado como la primera inundación por lago termokarst registrada en Nepal.
Lhazom fue coautora de un artículo publicado en septiembre de 2025 en Communications Earth & Environment, que advirtió sobre esta amenaza. Investigaciones posteriores incluyeron este tipo de eventos dentro de una nueva categoría: los desbordes de pequeños lagos alpinos, o SALO por sus siglas en inglés.
La información resulta decisiva para aldeas que no cuentan con estudios geológicos ni sistemas de alerta. Según Lhazom, existen “cientos de valles” en los Himalayas cuyos habitantes desconocen si viven debajo de montañas inestables.
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Tras las inundaciones recientes, unas 33.000 personas requieren reasentamiento permanente en Nepal, luego de que las autoridades prohibieran reconstruir viviendas en laderas consideradas de alto riesgo. Para muchas familias, la reubicación implica abandonar territorios indígenas vinculados con su memoria, sus prácticas religiosas y sus medios de vida.
Los glaciares artificiales permiten extender el agua hasta junio
En Ladakh, al norte de India, el ingeniero y activista climático Sonam Wangchuk impulsa otra respuesta frente a la reducción del hielo. La región desértica depende del deshielo de los glaciares, mientras sus pueblos agrícolas necesitan agua a comienzos de primavera, antes de que el caudal natural alcance su punto máximo.

Wangchuk desarrolló las llamadas estupas de hielo, conos artificiales que almacenan agua durante el invierno. El mecanismo conduce agua de manantiales glaciares por una tubería hasta un punto de menor altura y sombra. Allí, el líquido es expulsado al aire y se congela por las bajas temperaturas, hasta formar una estructura de varios pisos.
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El hielo se derrite más lentamente que el agua que bajaría de inmediato por la montaña. De esa forma, puede aportar reservas hasta junio, cuando los agricultores comienzan las siembras. El sistema ayudó incluso al regreso de habitantes a Kulum, una aldea de Ladakh que había sido abandonada por la falta de agua.
Junto al investigador Surya Balasubramanian, Wangchuk incorporó sensores, válvulas automatizadas y energía solar para evitar que las tuberías se congelen. La actualización permite regular el flujo de manera remota y congelar cerca del 80% del agua que ingresa.
Hasta ahora, se construyeron o apoyaron 160 estupas de hielo en Ladakh, Nepal, Mongolia, Kirguistán, Chile y Pakistán. Cada una puede alcanzar 12 pisos de altura y almacenar hasta 12 millones de litros de agua.
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Dahal advirtió que los Himalayas no deben ser entendidos como una reserva inmóvil de agua para Asia, sino como un sistema dinámico que cambia a gran velocidad. Mientras los gobiernos evalúan obras de mitigación y fondos para daños climáticos, las comunidades buscan sostener su abastecimiento con soluciones adaptadas a cada montaña.
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