Noruega: una ciudad de 2.600 habitantes recibió la orden de no beber agua de la canilla por la presencia de metales pesados

La administración local notificó la restricción en septiembre pasado tras hallar el contaminante por encima de los 50 microgramos por litro sugeridos por el Instituto Noruego de Salud Pública

Agua de color anaranjado fluye entre tierra y rocas hacia un lago congelado rodeado de nieve, con montañas y tuberías al fondo.
La administración local notificó la restricción en septiembre, luego de detectar contaminantes en la reserva Isdammen, de la que depende el poblado ártico (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Los 2.600 habitantes de Longyearbyen, en el archipiélago noruego de Svalbard, recibieron la orden de no beber agua de la canilla por la presencia de metales pesados. El problema se vincula con el deshielo del permafrost, en una de las zonas que registra mayor aumento de temperatura en el planeta.

Según informó el diario británico The Guardian, el abastecimiento del poblado procede del lago embalsado Isdammen, situado a unos 2,5 kilómetros. El calentamiento expuso rocas que antes permanecían cubiertas o congeladas y facilitó el arrastre de sustancias tóxicas hacia esa reserva, de la que depende toda la comunidad.

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El manganeso superó 25 veces el valor sanitario admitido

Infografía con un paisaje de montañas, lago y casas, acompañada por seis ilustraciones explicativas y textos sobre el suministro de agua.
Una infografía de Infobae ilustra el impacto del deshielo del permafrost en la contaminación con metales pesados del agua potable en Longyearbyen, Noruega (Imagen Ilustrativa Infobae)

La administración local avisó a los vecinos en septiembre de 2025, tras detectar una concentración de manganeso 25 veces superior a los 50 microgramos por litro sugeridos por el Instituto Noruego de Salud Pública. La restricción continúa, pese a que ese metal descendió luego del primer registro.

Durante este año, los análisis también ubicaron los niveles de sulfato y níquel por encima de los límites permitidos para el consumo humano. Esa secuencia impidió levantar la prohibición y obligó a mantener medidas transitorias.

La exposición prolongada a concentraciones elevadas de ese elemento puede provocar alteraciones neurológicas, con especial riesgo para niños y bebés.

Un tanque central y la cervecería local sostienen el suministro de emergencia

Una persona de espaldas con abrigo de invierno camina por la nieve con dos bidones de agua junto a un tanque cisterna y casas de madera.
El alcalde Terje Aunevik descarta un peligro inmediato, pero mantiene las directrices oficiales sobre el consumo (Imagen Ilustrativa Infobae)

El municipio instaló un depósito central con agua purificada sin costo. La cervecería del pueblo filtra ese recurso y los residentes pueden llenar sus envases en el supermercado. También se abrió una investigación para determinar las condiciones del sistema y las alternativas que permitan restablecer un servicio apto.

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El alcalde de Longyearbyen, Terje Aunevik, indicó que el metal no representaba un peligro inmediato, aunque sostuvo que la municipalidad debe respetar las directrices oficiales. Reconoció, además, que la crisis generó malestar entre algunos vecinos, molestos por la necesidad de transportar bidones y depender de un punto de distribución externo.

La pirita y el terreno descongelado explican la contaminación

Marjolaine Verret, especialista en capas heladas del subsuelo y profesora asociada de geología ártica en el Centro Universitario de Svalbard, explicó que el fenómeno combina el retroceso del hielo subterráneo con la naturaleza del terreno en este antiguo enclave minero.

El permafrost es terreno que permanece helado durante todo el año, salvo una capa superficial que se derrite en verano. Al perder estabilidad esa barrera natural, queda más roca expuesta al agua y al oxígeno. En la localidad, parte del subsuelo contiene pizarra y pirita, un compuesto conocido como “oro de los tontos”.

Los residentes llenan sus envases en el supermercado, donde la empresa local procesa el recurso provisto sin cargo mientras continúa la búsqueda de una solución definitiva para toda la comunidad (Imagen Ilustrativa Infobae)
Los residentes llenan sus envases en el supermercado, donde la empresa local procesa el recurso provisto sin cargo mientras continúa la búsqueda de una solución definitiva para toda la comunidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando esa sustancia entra en contacto con líquido y oxígeno, genera un proceso de oxidación que eleva la acidez. Ese medio puede liberar manganeso, níquel y otros metales nocivos presentes en el subsuelo y conducirlos a cursos fluviales o lagunas, detalló Verret al medio.

Longyearbyen se ubica a cerca de 1.290 kilómetros del polo norte. Allí, el calentamiento avanza entre cinco y siete veces más rápido que el promedio mundial, mientras las temperaturas de otoño suben hasta 4 ℃ por década.

Filtración o desalinización, las opciones que evalúa el municipio

La alcaldía encargó estudios sobre la calidad del recurso hídrico y analiza una renovación completa de la red. Entre las opciones figuran instalar un sistema de filtración en Isdammen y mantener una planta desalinizadora como respaldo, o invertir el orden de esas alternativas.

Vista aérea de un glaciar con grietas, terreno rocoso oscuro y bloques de hielo flotando en la costa marina.
Las temperaturas de otoño aumentan hasta cuatro grados por década en la localidad, cuyo caso preocupa a científicos por posibles efectos sobre reservas dulces de Canadá y Alaska en el norte (Imagen Ilustrativa Infobae)

Aunevik advirtió que cualquiera de los dos planes implica costos elevados y obstáculos técnicos. Las temperaturas extremas de Svalbard complican las obras y el funcionamiento de los equipos, ya que el líquido puede registrar valores inferiores a 0 ℃ en distintos tramos del año.

“En Noruega, donde siempre dimos por sentado que podíamos beber directamente de la canilla, resulta difícil aceptar que ahora debemos cargar nuestra propia agua”, señaló el alcalde, quien instó a otras comunidades pequeñas a revisar sus fuentes y preparar respuestas ante un escenario similar.

La experiencia de esta localidad ártica despierta preocupación entre los científicos. Verret indicó que la combinación de terreno helado en retroceso y formaciones ricas en ese compuesto o metales está presente en territorios del norte de Canadá y Alaska, lo que convierte a Longyearbyen en un posible anticipo del impacto del cambio climático sobre las reservas de agua dulce de la región.

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