Tras 20 años de búsqueda, encontraron 5 nuevas especies de mejillones en los ríos de Estados Unidos

Investigadores del Shedd Aquarium, la Universidad Estatal de Arkansas y el Servicio Geológico Nacional describieron las nuevas especies luego de confirmarlo mediante un análisis de ADN

Decenas de conchas de moluscos sobre pequeñas piedras en el fondo del agua, rodeadas de plantas acuáticas y bajo rayos de luz solar
Los mejillones de agua dulce filtran el agua de ríos y arroyos al eliminar bacterias que afectan los recursos de comunidades humanas. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Durante dos décadas, investigadores de varias instituciones de Estados Unidos recorrieron ríos lodosos con máscaras y trajes de neopreno en busca de un animal que casi nadie mira: los mejillones de agua dulce. La recompensa llegó este año, cuando cinco especies desconocidas fueron descritas y nombradas formalmente en el sur del país, en cuencas que van desde Misuri hasta Texas y que forman parte de algunas de las redes fluviales más ricas del continente.

Los mejillones de agua dulce son uno de los grupos de animales más amenazados del planeta y, a la vez, uno de los menos comprendidos. Pasan décadas enterrados hasta la mitad en el fondo de ríos, lagos y arroyos, filtrando el agua de manera silenciosa: eliminan algas y bacterias de fuentes que en muchos casos abastecen de agua potable a comunidades enteras.

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Son, como los describe el propio Shedd Aquarium, los “hígados de los ríos”: órganos silenciosos cuya salud sostiene la del ecosistema completo. Un estudio publicado en la revista Zootaxa puso fin a décadas de confusión taxonómica para el género Obovaria en la planicie costera del Golfo de México y sus cuencas adyacentes.

Un hombre con camiseta azul del Acuario Shedd y guantes púrpuras sostiene un pequeño molusco junto a un río
Investigadores de Estados Unidos descubrieron cinco nuevas especies de mejillones de agua dulce tras dos décadas de trabajo de campo. (Gentileza Acuario Shedd / Brenna Hernandez)

El trabajo es obra de científicos del Shedd Aquarium, la Universidad Estatal de Arkansas y el Servicio Geológico de los Estados Unidos, que combinaron análisis de ADN, estudio morfológico de las conchas y datos de distribución geográfica para revisar a fondo la clasificación de este grupo. Lo que encontraron superó las expectativas: cinco nuevas especies que habían pasado inadvertidas durante más de un siglo de investigación biológica en la región.

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Las especies que estaban, pero no existían para la ciencia

El principal obstáculo para conocer la diversidad real de Obovaria fue, durante mucho tiempo, la gran variabilidad en la forma de sus conchas: estos animales desarrollan valvas de apariencia muy distinta según el ambiente en que viven, lo que hacía casi imposible distinguir especies diferentes a simple vista. A esto se sumaron identificaciones históricas erróneas y relevamientos geográficos incompletos en la región suroriental de Estados Unidos, según se detalla en el estudio.

Para superar ese problema, los investigadores aplicaron una metodología que combinó la morfología comparativa y la disciplina dedicada al estudio sistemático de la forma y la estructura de las conchas, la distribución geográfica y el análisis filogenético molecular, cuya función es reconstruir las relaciones evolutivas entre organismos a partir de la comparación de sus secuencias de ADN.

Dos manos sostienen seis conchas de moluscos bivalvos de distintos tamaños sobre un fondo de agua turbia
Las especies identificadas pertenecen a cuencas fluviales distribuidas entre los estados de Misuri, Arkansas, Misisipi, Alabama, Luisiana y Texas. (Gentileza Acuario Shedd / Brenna Hernandez)

Durante los últimos 20 años, los autores recorrieron ríos de Misuri, Arkansas, Misisipi, Alabama, Luisiana y Texas con equipos de buceo básico, en busca de muestras de material genético de los moluscos para su análisis posterior en laboratorio, según informó el comunicado de prensa. El trabajo de campo también incluyó la medición individual de cada ejemplar y el registro de sus anillos de crecimiento en la concha para determinar su edad.

Las cinco nuevas especies llevan nombres que remiten a los territorios donde fueron halladas. La Obovaria sipseyensis proviene de la cuenca del río Tombigbee, en Alabama y Misisipi. La Obovaria neeskaensis fue encontrada en la cuenca del río White, en Arkansas y Misuri. La Obovaria pinetorum habita los drenajes del litoral occidental del Golfo, en Luisiana y Texas.

La Obovaria tallahattae vive en los afluentes inferiores del río Misisipi, en el estado homónimo. Por último, la Obovaria lumbo se distribuye en las cuencas del lago Pontchartrain, el río Pascagoula y el río Pearl, en Luisiana y Misisipi.

Saber el nombre es el primer paso para no perder la especie

Molusco bivalvo con concha rayada sobre un lecho de piedras pequeñas y grava en agua clara bajo la luz solar
Los científicos realizarán nuevos monitoreos río por río con el objetivo de precisar el tamaño poblacional de cada especie descrita. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El hallazgo tiene consecuencias directas para la conservación. Varias de las especies descritas son escasas y están restringidas a territorios muy específicos, de modo que su supervivencia depende de estrategias de protección diseñadas cuenca por cuenca, según se detalla en el estudio. Sin un nombre científico propio, esos animales no pueden ser evaluados individualmente en términos de riesgo de extinción ni incluidos en planes de recuperación focalizados.

“Identificar nuevas especies es la base de la conservación de la biodiversidad”, afirmó el doctor Kentaro Inoue, biólogo investigador del Shedd Aquarium y autor principal del estudio, según el comunicado de prensa. “Los esfuerzos de conservación solo pueden proteger lo que reconocemos”, agregó, y advirtió que sin este trabajo se corre el riesgo de que ciertas especies se extingan antes de ser siquiera conocidas por la ciencia.

Una investigación que apunta más allá de los ríos del sur de Estados Unidos

Los resultados también ponen en evidencia el valor de las colaboraciones interinstitucionales a gran escala. Nathan Johnson, coautor del estudio e investigador del Centro de Investigación de Humedales y Ecosistemas Acuáticos del Servicio Geológico de los Estados Unidos, subrayó que el descubrimiento muestra cuánto resta aún por aprender sobre la biodiversidad de los ríos.

Cuatro personas con trajes de neopreno observan moluscos acumulados junto a redes rojas en la hierba a la orilla de un río
El Shedd Aquarium asumió la categoría de centro de supervivencia para fauna dulceacuícola otorgada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. (Gentileza Acuario Shedd / Brenna Hernandez)

“Juntos, nuestros esfuerzos ayudan a orientar las decisiones de gestión que protegen los cursos de agua y apoyan la salud de los peces, la fauna silvestre y las comunidades humanas”, señaló, según el comunicado de prensa.

El Shedd Aquarium lleva años trabajando en la conservación de estos moluscos tanto en el Medio Oeste de Estados Unidos como en Centroamérica. En 2023 fue designado como el primer centro para la supervivencia de especies de agua dulce de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, distinción que aceleró sus actividades de relevamiento y monitoreo de poblaciones, según informó la institución. En 2025, el acuario formalizó compromisos de conservación para 28 especies, entre ellas varios mejillones de río de la región.

Esos compromisos adquieren ahora mayor peso. Reconocer la existencia de cada una de las cinco especies recién nombradas como entidad propia es, según concluye el estudio, el paso que habilita evaluar su riesgo de extinción, priorizar hábitats y diseñar estrategias de recuperación específicas. Lo que sigue es el trabajo más arduo: relevamiento río por río para establecer cuántos ejemplares de cada especie quedan vivos y si sus poblaciones están en declive. Sin ese diagnóstico, advierten los autores, la conservación opera a ciegas.

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