Permafrost en alerta: el suelo ártico de Alaska se calienta dos veces más rápido que el resto de Estados Unidos

Un análisis de casi tres décadas de datos detectó un aumento de temperatura significativo en todo el estado, con tasas que varían según la latitud y alcanzan su pico máximo en las regiones más septentrionales

Sonda de medición insertada en el suelo bajo una capa de nieve junto a una carretera agrietada y casas inclinadas.
El calentamiento del suelo en el área de permafrost continuo alcanzó tasas superiores a los dos grados Celsius por década durante el invierno. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El suelo del Ártico alaskeño se calienta al doble de velocidad que en el resto del país en las zonas de permafrost, con consecuencias que van desde la liberación de gases de efecto invernadero hasta el deterioro de rutas, edificios e infraestructura crítica construida sobre suelo congelado. Lo que hasta hace poco era una preocupación proyectada hacia el futuro se confirmó ahora con datos observacionales de casi tres décadas: el suelo no solo se calienta en superficie, sino en profundidad, y la tendencia no se atenúa cuanto más hondo se mide.

Durante años, los científicos asumieron que el suelo y el aire seguían trayectorias paralelas de calentamiento. En Alaska, esa premisa resultó insuficiente: la presencia de nieve durante más de la mitad del año interrumpe la sincronía entre ambas variables e impide que se calienten al mismo ritmo, lo que complica los pronósticos.

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Un estudio publicado en la revista Frontiers in Climate ofrece el análisis más completo realizado hasta la fecha sobre esa relación en Alaska. Durante 27 años, entre 1997 y 2023, investigadoras de la Washington State University recopilaron datos de 43 estaciones meteorológicas distribuidas a lo largo de todo el estado y midieron temperaturas del suelo a distintas profundidades. Los resultados confirman un calentamiento significativo en todas las regiones, aunque con diferencias marcadas según la presencia o ausencia de permafrost.

El suelo ártico se calienta más rápido y más profundo de lo que se esperaba

Permafrost Alaska
Cuando el permafrost se descongela, el terreno se hunde, las estructuras fallan y el suelo libera gases que aceleran el calentamiento. Un estudio de casi tres décadas documenta cómo ese proceso avanza más rápido de lo que los modelos anticipaban.

El permafrost es el suelo que permanece congelado de manera continua durante al menos dos años consecutivos y que cubre la mayor parte del norte de Alaska. En esas zonas, el calentamiento fue el más pronunciado del estudio: las temperaturas aumentaron a lo largo de todo el perfil medido, desde los 5 hasta los 120 centímetros de profundidad.

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Uno de los hallazgos que más sorprendió a las investigadoras fue que el calentamiento no se atenúa con la profundidad. “La gente tiende a pensar que las temperaturas del suelo son más estables cuanto más profundo se va. Las fluctuaciones estacionales sí desaparecen, pero la tendencia de calentamiento a largo plazo era en realidad más evidente en profundidad”, afirmó Claire Phillips, científica del suelo e investigadora del Departamento de Ingeniería Civil de la Washington State University, según el comunicado de prensa.

En la región de permafrost continuo, el 92% de las estaciones registró una tendencia de calentamiento a 120 centímetros de profundidad, frente al 70% que lo hizo a 5 centímetros. El calentamiento más intenso se concentró en los meses de invierno y primavera, con tasas que en esos períodos llegaron a 2,14 y 2,32 grados Celsius por década, respectivamente, según se detalla en el estudio.

Un terreno hundido con charcos de agua, bloques de tierra oscura y parches de nieve bajo un cielo azul en una llanura.
La capa de nieve actúa como un aislante térmico que ralentiza la transferencia de calor entre el aire y el suelo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Eso tiene implicaciones directas para la infraestructura: gran parte de las construcciones del norte de Alaska se asientan sobre permafrost, cuya estabilidad depende de que ese suelo permanezca congelado. Cuando se descongela, el terreno puede hundirse o desplazarse y dañar caminos, edificios y oleoductos. El estudio estima que 169.000 personas viven actualmente sobre permafrost en Alaska y que los costos de desestabilización de infraestructura podrían alcanzar entre USD 37.000 millones y USD 51.000 millones a mediados de siglo.

La nieve: un escudo que no alcanza a proteger del todo

La nieve cumple un papel paradójico en este proceso. Por un lado, actúa como aislante durante el invierno y amortigua las temperaturas más extremas. Por otro, esa misma propiedad ralentiza la transferencia de calor del aire hacia el suelo a lo largo de las décadas, de forma que el suelo se calienta más gradualmente que el aire en las zonas con mayor cobertura nivosa.

Erin Oliver, investigadora postdoctoral del Departamento de Ciencias de Cultivos y Suelos de la Washington State University y autora principal del estudio, planteó la pregunta que motivó la investigación: “En zonas más al sur se esperaría que las temperaturas del suelo y del aire cambien al mismo ritmo. Pero en Alaska, durante más de la mitad del año, nuestros suelos están cubiertos de nieve. Entonces, ¿cómo afecta eso?”, afirmó según el comunicado de prensa. Los resultados muestran que cuanto mayor es la profundidad de la nieve, menor es la correspondencia entre el aire y el suelo en invierno, aunque la tendencia de calentamiento resulta igualmente significativa en todas las regiones estudiadas.

Distintas regiones, distintos riesgos

El deshielo de permafrost en Alaska revela riesgos invisibles para infraestructuras y clima global
El deterioro de la infraestructura construida sobre permafrost generará costos de hasta 51.000 millones de dólares a mediados de siglo.

El trabajo dividió Alaska en tres zonas según la presencia de permafrost: continuo, discontinuo y sin permafrost. En las dos últimas, el suelo se calentó a la mitad de la tasa registrada en las regiones árticas, con promedios de 0,37 y 0,35 grados Celsius por década. A diferencia del Ártico, donde el calentamiento fue más pronunciado en invierno, en las regiones sin permafrost ocurrió principalmente en verano, con tasas de 1,04 grados Celsius por década en esa estación.

“En la región de permafrost, la mayor parte del calentamiento se dio en invierno, con efectos evidentes sobre la infraestructura. Pero en latitudes más bajas fue en verano, lo que podría generar un alargamiento de la temporada de cultivo. Conocer la estacionalidad puede ayudar a los alaskeños a adaptarse”, señaló Oliver según el comunicado de prensa.

Phillips ofreció una lectura más amplia de los resultados. “Cuando analizas los datos y encuentras que los suelos de permafrost muestran un calentamiento de 2 a 3 grados Celsius por década a 120 centímetros de profundidad en invierno, eso es inquietante. Pero también lo veo como una de las maneras en que este asombroso planeta nos amortigua. El suelo está almacenando mucho calor que de otro modo estaría todo en la atmósfera”, afirmó según el comunicado de prensa.

Al descongelarse, ese suelo no solo compromete estructuras físicas: libera dióxido de carbono y metano, gases que aceleran el calentamiento global y alimentan un ciclo en el que más temperatura produce más deshielo y más deshielo produce más temperatura.

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