
El permafrost ártico, suelo que en muchos casos lleva miles de años congelado sin descongelarse en ninguna estación, libera gases de efecto invernadero a una velocidad creciente, con consecuencias para el clima global que los modelos científicos actuales todavía subestiman. Dos investigaciones recientes, publicadas en agosto y septiembre de 2026, documentan la magnitud de un proceso que ya no es un riesgo futuro: es una realidad del presente.
El Ártico se calienta cuatro veces más rápido que el resto del planeta, según indicó a AP el ecologista Ted Schuur, de la Universidad del Norte de Arizona. Esa aceleración desencadena un ciclo difícil de revertir: el suelo que durante milenios atrapó plantas y animales muertos ahora se descongela y permite que esa materia se descomponga en metano y dióxido de carbono, los dos principales gases que atrapan calor en la atmósfera. “Una vez que se empieza a perder este carbono, hay tanto en el suelo que no va a detenerse”, advirtió el experto.
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El suelo ártico pasó de absorber carbono a expulsarlo
Durante milenios, el Ártico funcionó como un sumidero de carbono: sus plantas absorbían gases de efecto invernadero del aire y los fijaban en el suelo congelado, por lo que la región extraía más carbono del que liberaba. Ese equilibrio se rompió hace pocos años. Según explicó a AP el ecologista Duncan Menge, de la Universidad de Columbia, el suelo que antes enfriaba el planeta ahora suma calor al problema.
El permafrost almacena el triple de carbono del que hoy circula en la atmósfera. Sin embargo, ese material acumulado durante decenas de miles de años se puede liberar en décadas. “Hacen falta miles y decenas de miles de años para capturar este carbono en el permafrost. Se necesita una nueva era glacial para devolver ese hielo al suelo”, señaló el geofísico Vladimir Romanovsky, de la Universidad de Alaska Fairbanks.
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La científica Sue Natali, del Centro de Investigación Climática Woodwell, describió cómo el deshielo crea cráteres conocidos como hundimientos: cavidades de hasta 3 metros de profundidad que se forman cuando el hielo del suelo se derrite y el terreno colapsa, liberando metano. Un equipo del Centro Woodwell identificó más de 40.000 de estas formaciones en todo el Ártico mediante imágenes satelitales.
El deshielo también desestabiliza infraestructuras. En Alaska, caminos, viviendas y oleoductos construidos sobre suelo permanentemente congelado enfrentan daños crecientes a medida que ese soporte desaparece. El experto en permafrost Gustaf Hugelius, de la Universidad de Estocolmo, resumió la situación con una imagen precisa: “El sistema de permafrost es como un gigante dormido”.
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El calor del verano profundiza el deshielo del suelo congelado
Un estudio publicado en agosto de 2026 en la revista Communications Earth & Environment, con autoría principal de Dmitry Streletskiy, de la Universidad George Washington, analizó datos de 156 sitios de monitoreo distribuidos en el Ártico, la Antártida y regiones montañosas de todo el mundo. El período analizado abarca el primer cuarto de siglo, de 2000 a 2024.
La investigación mide el grosor de la capa activa, la franja superficial del suelo que se descongela cada verano y vuelve a congelarse en invierno, por encima del permafrost propiamente dicho. Cuanto más gruesa es esa capa, más profundo llega el deshielo estacional y más carbono queda expuesto a la descomposición.
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Los resultados documentan degradación del permafrost a escala planetaria. La capa activa aumentó de forma estadísticamente significativa en el 55% de los sitios árticos y en el 38% de los sitios antárticos. En las montañas europeas, el incremento se verificó en más del 90% de los sitios, con un ritmo promedio de 10,3 centímetros por año, y en algunos puntos de los Alpes suizos la capa activa se duplicó en las últimas dos décadas. En los Andes centrales de Argentina (en el glaciar de roca Morenas Coloradas, provincia de Mendoza) el aumento registrado fue de entre 2 y 6,1 centímetros por año.
En Asia Central, la región conocida como el Tercer Polo (las altas mesetas de Mongolia y el Tíbet) mostró variaciones de entre 0,8 y 6,4 centímetros por año, mayores que las del Ártico pero menores que las de las montañas europeas. En el Ártico norteamericano, el promedio fue de 0,4 centímetros por año en el permafrost continuo y de 1,0 centímetro por año en el discontinuo, es decir, en zonas donde el suelo congelado no es una capa uniforme sino que aparece en manchas.
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El análisis estadístico del estudio identificó la temperatura acumulada del verano como el principal factor detrás del engrosamiento de la capa activa en las regiones árticas. Para medirla, los científicos usan los llamados “grados-día de deshielo”: se suman los grados de cada día en que la temperatura supera los 0 °C, el punto a partir del cual el hielo comienza a derretirse. Si un día la temperatura es de 5 °C, eso suma 5 grados-día; si al día siguiente es de 3 °C, suma 3 más, y así durante toda la temporada cálida. Cuanto más caluroso y largo es el verano, más alto es ese número, y más se derrite el suelo congelado.
Por cada unidad de incremento en ese indicador, la capa activa crece 1,05 centímetros. En las montañas, la sensibilidad es aún mayor: el mismo aumento de temperatura produce un engrosamiento de la capa activa de hasta 45 centímetros, aunque la variabilidad entre sitios es tan alta que esa cifra tiene baja precisión estadística.
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Los modelos climáticos todavía dejan fuera parte del calentamiento futuro

El segundo estudio, publicado en la revista Environmental Research Letters, proyectó cuánto calentamiento adicional pueden generar las emisiones inducidas por el calentamiento (EIC), un concepto que designa los gases de efecto invernadero que la naturaleza libera como consecuencia directa del aumento de temperatura, a diferencia de los que produce la actividad humana.
Las fuentes analizadas en el estudio son cuatro: el permafrost, los humedales, los cursos de agua dulce y los incendios forestales. Todas ellas emiten más metano y dióxido de carbono cuanto más sube la temperatura, lo que crea un ciclo de retroalimentación que los modelos climáticos usados por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) aún no incorporan de forma completa.
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El estudio proyectó tres escenarios posibles según distintos niveles de reducción de emisiones humanas. En el escenario intermedio, las EIC podrían sumar 0,3 grados Celsius adicionales de calentamiento para el año 2100. En el escenario de mayor emisión, ese extra alcanza los 0,4 grados. En el escenario de mayor reducción de emisiones, el agregado sería de 0,2 grados. En todos los casos, ese calentamiento extra equivale a amplificar el calentamiento producido por la actividad humana desde 2020 en un rango de entre el 20% y el 30%.

Para dimensionar las cifras: la tasa de emisión de metano proyectada para 2100 por el conjunto de permafrost, humedales, cursos de agua e incendios equivale a la totalidad de las emisiones antropogénicas actuales de América del Norte (40 millones de toneladas de metano por año) en el mejor caso, y a las de Asia (156 millones de toneladas por año) en el peor. La tasa de dióxido de carbono proyectada equivale a entre el 5% y el 40% de las emisiones actuales de combustibles fósiles a nivel global.
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El estudio advierte que estos valores están ausentes de los compromisos climáticos nacionales y de las estrategias de mitigación vigentes. La ONU proyecta un calentamiento de 2,6 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales para fin de siglo sin cambios de política, pero esa cifra no incluye las décimas adicionales que aportaría el deshielo del permafrost, señalaron Natali y Hugelius en declaraciones a AP.
El científico climático Andrew Weaver, de la Universidad de Victoria, quien calculó por primera vez en 2012 la contribución del permafrost al calentamiento global, señaló que se trata de algo “con lo que tendremos que lidiar” además de todo lo demás. El estudio de septiembre concluye que el IPCC debería adoptar correcciones dependientes del escenario en su próximo informe para reflejar con precisión la dinámica temporal de estas retroalimentaciones.
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