
El uso de cultivos de cobertura y técnicas de mulching está transformando la manera en que los agricultores europeos cuidan la salud de sus suelos. Un reciente análisis publicado en la revista científica Frontiers in Sustainable Food Systems por un grupo de investigadores de la Universidad Educons, Serbia, evidencia que estas prácticas, propias de la agricultura regenerativa, aportan beneficios múltiples en la estructura, dinámica y fertilidad del suelo, claves para la sostenibilidad de la producción de alimentos.
El mulching o acolchado es una técnica utilizada en agricultura y jardinería que implica cubrir la superficie del suelo con materiales orgánicos —como hojas o compost— o sintéticos, con el objetivo de conservar la humedad, proteger contra la erosión, regular la temperatura y limitar el desarrollo de malezas.
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Durante más de una década, la aplicación continua de estas estrategias en diversos sistemas agrícolas, desde huertos de almendros hasta viñedos y plantaciones de cacao, demostró su potencial para frenar la degradación del recurso suelo.
Según los autores, la mejora se observa tanto en la estabilidad física como en los procesos químicos y biológicos, lo que repercute directamente en la productividad y la resiliencia de los cultivos frente a eventos climáticos extremos.
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Cultivos de cobertura: mejoras medibles en estructura y retención de agua

Uno de los datos más contundentes del estudio es el incremento de la porosidad y la capacidad de retención de agua en suelos gestionados con cultivos de cobertura y mulching. En los sistemas que incorporaron estas técnicas, la humedad del suelo aumentó entre un 50% y un 70%, mientras que la erosión se redujo hasta en un 53%.
Los investigadores detallan que, tras diez años de aplicación, la capacidad del suelo para retener agua creció entre un 4% y un 7%, mejorando el acceso de las raíces a los nutrientes y reduciendo la vulnerabilidad ante sequías.
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En el caso de los almendros y los cultivos de rotación como el algodón y el maíz, la presencia de raíces profundas favoreció la infiltración del agua y su almacenamiento en los primeros 30 centímetros del perfil del suelo. Además, el uso de mulching superficial ayudó a estabilizar el microclima del suelo, mantener la humedad y reducir los cambios bruscos de temperatura.
El equipo de la Universidad Educons destaca que el manejo integrado de cultivos de cobertura, acolchado y reducción de la labranza genera una estructura más robusta, con mayor estabilidad de agregados tanto en la superficie como en profundidad.
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Carbono, materia orgánica y microbiología: los motores ocultos de la fertilidad

La investigación subraya que la materia orgánica es el indicador central de los beneficios de estas prácticas. El análisis de 45 estudios científicos reveló que el carbono orgánico del suelo aumentó entre un 11% y un 16% después de una década de manejo regenerativo. Este proceso, además de mejorar la fertilidad, ayuda a capturar y retener carbono, contribuyendo a mitigar el cambio climático.
A nivel químico, las prácticas regenerativas redujeron las emisiones de CO₂ y N₂O. Por ejemplo, la aplicación de cultivos de cobertura invernales y franjas de pastos durante 10 a 15 años elevó el contenido de carbono y disminuyó las emisiones, mientras que la integración de compost y reducción de la labranza favoreció la redistribución del carbono en el perfil del suelo.
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En cuanto a los aspectos biológicos, el estudio señala que la biomasa microbiana creció hasta un 29%, acompañada de un aumento similar en la necromasa microbiana y la diversidad de organismos. Este dinamismo impulsa un reciclaje más eficiente de los nutrientes y aporta mayor resiliencia al agroecosistema ante plagas o enfermedades. Además, la combinación de cultivos de cobertura con otras prácticas, como la integración de ganado, potencia aún más la actividad biológica y la velocidad del ciclo de nutrientes.
Resultados variables y recomendaciones para la agricultura europea

El informe aclara que los efectos positivos de estas prácticas no siempre son lineales ni inmediatos. Durante la transición de sistemas convencionales a regenerativos, la materia orgánica puede aumentar entre un 13% y un 100% en los primeros años, pero a largo plazo la tendencia se estabiliza y depende de la combinación de técnicas empleadas.
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En algunos casos, la rápida descomposición microbiana de residuos vegetales puede provocar descensos puntuales de materia orgánica, fenómeno atribuido a una mayor disponibilidad de carbono en el suelo.
La revisión recomienda adaptar las prácticas de cultivos de cobertura y mulching a las condiciones locales, combinándolas con otras estrategias regenerativas como la reducción de la labranza o la integración animal, para maximizar los beneficios sobre la salud del suelo y los servicios ecosistémicos. El monitoreo constante de los indicadores físicos, químicos y biológicos es clave.
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En conclusión, el estudio respalda el papel de la agricultura regenerativa en la transformación del sector vegetal europeo. Sus hallazgos ofrecen una hoja de ruta para productores y responsables de políticas que buscan sistemas alimentarios más resilientes y respetuosos con el entorno.
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