
Una tormenta eléctrica registrada el 10 de marzo de 2026 en Kankakee, Illinois, dejó un récord histórico al producir granizos de más de 16 centímetros de diámetro, aproximadamente el tamaño de un pomelo, y con un peso superior a medio kilo.
Tras medir una de las piedras de hielo, el meteorólogo Victor Gensini, de la Universidad del Norte de Illinois, aseguró que el hallazgo no tenía precedentes. “No solo batió el récord, sino que lo pulverizó”, declaró al Chicago Sun-Times. “Nunca habíamos visto nada igual desde que empezó a registrarse el granizo, a mediados de la década de 1950”, agregó.
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Un estudio internacional publicado en la revista Nature proyecta que los episodios de granizo de gran tamaño serán cada vez más frecuentes durante las próximas décadas. Según la investigación, la cantidad de eventos con piedras de hielo de más de 30 milímetros de diámetro podría aumentar entre un 38% y un 47% hacia el año 2100, dependiendo del nivel de emisiones de carbono registrado a nivel global.
Cómo se forma el granizo gigante
El proceso físico detrás del granizo es relativamente directo. Los vientos ascendentes de las tormentas elevan la humedad hasta zonas frías de la atmósfera, donde el vapor de agua se congela y las partículas de hielo crecen hasta que su peso supera la fuerza del viento. Lo que el cambio climático altera es el equilibrio de ese proceso.
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Un aire más cálido retiene más humedad, alrededor de un 4% adicional por cada grado Celsius, y eso alimenta tormentas con corrientes ascendentes más potentes, capaces de sostener y agrandar los granizos.
Al mismo tiempo, el aumento de las temperaturas favorece el derretimiento del hielo mientras desciende hacia la superficie. Como consecuencia, las tormentas de menor intensidad tienden a producir menos granizo pequeño, mientras que los sistemas más potentes pueden generar piedras de mayor tamaño capaces de resistir la caída y alcanzar el suelo.
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Los investigadores del estudio explicaron a Science News que, aunque las piedras de granizo de gran tamaño también se derriten durante su descenso, conservan suficiente masa para alcanzar la superficie como bloques de hielo considerables.

En cambio, los granizos más pequeños son mucho más vulnerables al calentamiento atmosférico y, en muchos casos, pueden fundirse por completo antes de tocar el suelo, transformándose en gotas de lluvia.
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Un modelo probado con 14.000 tormentas reales
Para construir sus proyecciones, el equipo de investigación desarrolló simulaciones computarizadas del crecimiento del granizo dentro de las nubes, con variables como temperatura, viento y humedad. El modelo fue validado contra datos de 14.000 tormentas de granizo reales ocurridas entre 2014 y 2021. Una vez confirmada su precisión histórica, los investigadores lo aplicaron a escenarios climáticos futuros.
Los resultados indicaron que el daño potencial global por granizo aumentará entre un 36,5% y un 42,1% hacia finales del siglo XXI. Las regiones más expuestas son América del Norte, Europa y Asia. En los trópicos y zonas subtropicales, la frecuencia total de granizo podría reducirse, porque las piedras más pequeñas se derretirán antes de tocar tierra.
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El vínculo con el clima ya tiene evidencia regional
Tras una serie de granizadas en Francia y Alemania en 2025, científicos franceses determinaron que ese tipo de tormentas severas tiene un 30% más de probabilidades de ocurrir hoy que antes de que los seres humanos comenzaran a quemar combustibles fósiles.

El climatólogo Davide Faranda, del Centro Nacional Francés de Investigación Científica, afirmó a Inside Climate News que “cuando se producen tormentas, una atmósfera más cálida puede hacerlas más intensas y capaces de producir granizo de mayor tamaño”.
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Infraestructura expuesta
Las granizadas ya generan pérdidas de alrededor de USD 10.000 millones anuales solo en Estados Unidos, según datos compartidos por Associated Press. Las normas de construcción vigentes en ese país no siempre exigen diseños resistentes al impacto del granizo, una deficiencia que cobra mayor peso ante la proyección de eventos más frecuentes y destructivos.
En diálogo con AP, el científico atmosférico Walker Ashley señaló que, aunque el cambio climático podría favorecer la aparición de granizo más grande y destructivo en algunas regiones, el impacto futuro también dependerá de factores como la ubicación y la resistencia de las construcciones, así como de los cambios en el uso del suelo.
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