
El impacto real de la huella de carbono de la leche podría ser mucho mayor de lo estimado hasta ahora. Un estudio de la Universidad de Helsinki, la universidad finlandesa de referencia en ciencias ambientales, revela que los actuales sistemas para calcular el efecto climático de la producción láctea suelen ignorar los cambios en el carbono del suelo, lo que puede incrementar la huella total hasta en 41%.
El incremento en la huella de carbono se explica porque las metodologías tradicionales se concentran en las emisiones de metano del ganado y omiten el balance del carbono almacenado en la materia orgánica del suelo. Según la Universidad de Helsinki, incluir este factor modifica de manera significativa la valoración ambiental de la leche.
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Estas metodologías no contemplan que el carbono del suelo es un componente dinámico y muy sensible a variaciones climáticas. Los retos aumentan en regiones frías, donde los ciclos sucesivos de congelación y descongelación durante el invierno debilitan los cultivos de pasto, reduciendo la capacidad del campo para captar carbono y aumentando las emisiones.
Comparación de metodologías de cálculo climático

La Universidad de Helsinki y el Instituto Meteorológico de Finlandia, la autoridad nacional de meteorología de Finlandia, evaluaron cómo afectan estos cambios usando los campos de la granja experimental Viikki, aplicando un enfoque de ciclo de vida completo que abarca desde el cultivo de forraje hasta la gestión de residuos animales.
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El equipo de la Universidad de Helsinki analizó tres formas de medir los cambios en el carbono del suelo: el método estándar de las Naciones Unidas, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), mediciones de campo y modelos avanzados basados en procesos biogeoquímicos. Encontraron que el método IPCC tiende a subestimar las emisiones respecto al resto.
Las mediciones apuntan que los pastizales debilitados por el clima liberan una cantidad considerable de carbono al aire. Si estos campos se convierten en cultivos de cereal, la liberación puede multiplicarse hasta por cinco frente a un pastizal.

Al sumar estas emisiones del suelo en los resultados totales, la huella de carbono por litro de leche se incrementó en un 41% respecto de las evaluaciones tradicionales que no contemplan este factor.
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Implicaciones para el sector lácteo y políticas ambientales
Según Yajie Gao, investigadora posdoctoral de la Universidad de Helsinki, “el balance de carbono del suelo es parte de la huella de carbono de la leche, aunque suele omitirse”. Resaltó además la importancia del pasto subterráneo para la captura de carbono y la necesidad de incluirlo al analizar el impacto climático.
Marja Roitto, coordinadora de investigación de la misma institución, remarcó el papel esencial de unir disciplinas como la agronomía, las mediciones atmosféricas y el análisis ambiental para evaluar el sistema alimentario. La experta indicó que si se identifica el verdadero “costo de carbono” del suelo, se podrán diseñar respuestas específicas para disminuir emisiones.
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Limitaciones y recomendaciones de los nuevos estudios

Las conclusiones del estudio cuestionan la validez de los informes tradicionales sobre sostenibilidad en el sector lácteo y recomiendan orientar políticas agrícolas regionales hacia una mejor gestión del suelo como sumidero de carbono.
Para la Universidad de Helsinki, el cálculo ambiental de la producción de alimentos solo es fiable si incorpora el papel activo del suelo en el equilibrio climático.
Diversos expertos coinciden en que la actualización de los métodos de cálculo es clave para avanzar hacia una producción más responsable. Plantean que una medición más precisa permitirá identificar prácticas agrícolas con menor impacto y contribuirá a la formulación de normativas más efectivas.
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Además, resaltan que la transparencia en los datos ambientales puede impulsar la innovación en el sector y fomentar una mayor colaboración entre productores, científicos y responsables políticos, lo cual facilitaría la adaptación a los nuevos estándares internacionales sobre sostenibilidad y cambio climático.
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