
La idea de utilizar la bioenergía con captura y almacenamiento de carbono (BECCS) surgió como una respuesta tecnológica al desafío de reducir los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera. El concepto se basa en cultivar plantas que absorben CO₂, emplearlas como fuente de energía y capturar el carbono liberado durante su combustión, para luego almacenarlo permanentemente en el subsuelo.
Este enfoque fue incorporado en los modelos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) porque permite alcanzar los objetivos de emisiones netas cero y ofrece la posibilidad de lograr “emisiones negativas” a gran escala, según la revista científica New Scientist.
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Pocas tecnologías pueden prometer estas ventajas, por lo que BECCS pasó a ser considerado una opción relevante para no modificar radicalmente los sistemas energéticos existentes. No obstante, la viabilidad de la propuesta depende más de proyecciones teóricas que de resultados concretos en el mundo real.

Implementación y situación actual de BECCS
En 2015, la empresa británica Drax anunció que convertiría una gran central eléctrica de carbón para que funcionara con pellets de madera y capturara el CO₂ resultante. Este proyecto buscaba demostrar la viabilidad de BECCS a escala industrial. Diez años después, la planta de Drax quema pellets de madera, pero no está capturando ningún carbono.
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Según informes recientes de la revista, la empresa ha postergado indefinidamente sus planes de captura y almacenamiento de carbono. Existen algunos proyectos menores de BECCS en diferentes partes del mundo, pero ninguno se ha desplegado a la escala que se esperaba hace diez años.
La falta de adopción masiva se atribuye principalmente a los altos costos y a las dudas sobre su eficacia. Un portavoz de Drax señaló que BECCS sigue siendo una alternativa para el sitio, aunque su implementación es mucho más lejana de lo previsto originalmente.
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Problemas económicos y técnicos
Los costos asociados a BECCS han sido una de las principales barreras para su expansión. De acuerdo con New Scientist, los gobiernos muestran reticencia a financiar los subsidios masivos que requiere la tecnología.
Tim Searchinger, de la Universidad de Princeton, advirtió que se trata de una alternativa “fenomenalmente cara”. Los modelos computacionales desarrollados por Searchinger y sus colegas sugieren que podría tomar hasta 150 años para que BECCS empiece a remover CO₂ de la atmósfera de manera neta.
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En las primeras décadas, BECCS podría generar más emisiones que la quema de gas natural sin captura de carbono, ya que en ese periodo los procesos asociados al cambio de uso del suelo y la propia operación podrían incrementar las emisiones y, además, aumentar los costos eléctricos hasta triplicarlos debido a la necesidad de grandes cantidades de energía para alimentar el sistema de captura.
La eficiencia de captura tampoco es total: en condiciones óptimas, solo se lograría capturar cerca del 85 % del CO₂ producido. Además, parte de la biomasa debe utilizarse para el propio proceso de captura, lo que exige aún más energía y reduce el rendimiento global.
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Impactos ambientales y en la biodiversidad
Un argumento reiterado en contra del crecimiento de BECCS es su impacto sobre la biodiversidad. Si se implementara a gran escala, el uso de biomasa requeriría destinar grandes superficies de tierra al cultivo de plantas energéticas, afectando de manera severa a los ecosistemas.
New Scientist explica que la tala de bosques para producir pellets de madera o la conversión de tierras agrícolas para cultivos energéticos destruiría hábitats vitales y agravaría la pérdida de biodiversidad global.
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En el proceso de obtención de biomasa, gran parte del carbono almacenado en los bosques y la vegetación no llega nunca a las plantas de energía, ya que raíces y residuos permanecen y se descomponen, liberando nuevamente CO₂.
Además, la quema de madera genera aproximadamente el doble de carbono por unidad de energía que el gas, debido a una eficiencia energética menor. Así, BECCS puede aumentar las emisiones de carbono y causar daño ambiental en vez de aliviarlo.
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Argumentos sobre la ineficacia de BECCS y alternativas
La revista sostiene que BECCS, lejos de ser la solución definitiva en el contexto climático, podría agravar el problema del cambio climático según el análisis de Searchinger y otros expertos, quienes aseguran que las “emisiones negativas” son, en el mejor de los casos, limitadas y se lograrían solo tras muchas décadas. En los primeros años, la implementación de la tecnología implicaría mayores emisiones y un coste económico desproporcionado.
Ante este escenario, se recomienda priorizar la expansión de energías renovables como la eólica y la solar en vez de confiar en soluciones que no han demostrado efectividad comprobada. Según el análisis, la clave es evitar que los niveles de CO₂ sigan creciendo, en lugar de depender de tecnologías que planean retirarlo en un futuro incierto.
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