La persistente reducción del hielo marino fijo en el ártico, observada a lo largo de casi tres décadas en la costa norte de Alaska, está alterando de manera profunda los ciclos naturales.
Los científicos del Instituto Geofísico de la Universidad de Alaska Fairbanks han detectado que, entre 1996 y 2023, el hielo marino adherido a tierra permanece cada año menos tiempo sujeto a la costa y cubre una superficie menor durante los inviernos. Esto deja a las comunidades y ecosistemas del norte expuestos a nuevas condiciones climáticas y oceanográficas, según ha informado la propia universidad en un estudio publicado en la revista Journal of Geophysical Research: Oceans.
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El retroceso del hielo marino adherido a tierra según datos de 27 años
La investigación coordinada por el profesor investigador Andrew Mahoney y cuyo coautor es el ahora exalumno de posgrado Andrew Einhorn, profundiza el análisis de tendencias iniciado en un trabajo previo de Mahoney en 2014. Aquel estudio limitaba su alcance a 1996-2008, pero los nuevos resultados abarcan hasta el invierno de 2023 y ofrecen una visión integral de los mares de Chukchi y Beaufort en el norte de Alaska.

La extensión del hielo marino costero ha disminuido en ambos mares: en el mar de Chukchi la reducción es sostenida desde hace varias décadas, mientras que en el mar de Beaufort se ha acelerado en los últimos años. Según cifras concretas recogidas por Mahoney y Einhorn, entre 1996 y 2023 la temporada del hielo fijo en tierra firme se acortó en 57 días en el mar de Chukchi y 39 días en el mar de Beaufort, una variación notable para los ecosistemas y la vida humana local.
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La consecuencia central de estos cambios no solo se mide en días. El porcentaje de hielo marino fijo sobre la plataforma continental exterior de Estados Unidos en el mar de Beaufort se redujo del 3,8 % durante los primeros nueve años del registro, a apenas 2 % entre 2014 y 2023. Este valor cuantifica la magnitud de la pérdida y permite comparar el proceso en Alaska con el retroceso más extenso y conocido del hielo ártico general.
La siguiente explicación responde a la pregunta central del estudio: en el periodo analizado, el hielo marino costero de Alaska permanece adherido a la costa durante una temporada significativamente más breve y protege una extensión considerablemente menor, tanto en el mar de Chukchi como en el mar de Beaufort.
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La reducción más marcada en el mar de Chukchi responde a una combinación de retraso en la fijación y adelanto en el desprendimiento del hielo, mientras que en el mar de Beaufort es únicamente atribuida a que el hielo se forma más tarde. Este cambio deriva principalmente de un fenómeno persistente: incluso cuando las temperaturas del aire bajan de cero en otoño, el océano conserva el calor durante un periodo prolongado, dificultando la formación temprana de hielo fijo.

La contracción de la temporada de hielo fijo incrementa la exposición de las costas a los temporales y vuelve incierta la posibilidad de realizar actividades tradicionales y económicas durante el invierno. Como especifica Mahoney a la Universidad de Alaska Fairbanks, “la reducción de la temporada de hielo fijo puede ser incluso más importante para las comunidades costeras que cualquier pérdida de superficie de hielo durante esa temporada, porque deja las costas más expuestas a las olas y hace que las condiciones de caza sean mucho más inciertas”.
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El mecanismo por el cual el hielo marino se adhiere a la costa abarca distintos procesos: puede congelarse directamente sobre la línea costera, anclarse en zonas poco profundas del lecho marino o unirse a crestas de hielo formadas por acumulaciones de bloques de hielo presionados contra la costa. Estas crestas, al alcanzar un espesor suficiente, logran asentarse sobre el fondo marino y proporcionar estabilidad a toda la estructura.
Causas físicas y nuevas hipótesis sobre el adelgazamiento del hielo
El estudio, que utilizó registros generados por el Centro Nacional de Hielo y el Programa de Hielo Marino de Alaska del Servicio Meteorológico Nacional, señala que el debilitamiento y retroceso del hielo marino fijo está, en muchos casos, vinculado con la tendencia general al adelgazamiento del hielo ártico observada en las últimas décadas.
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Este adelgazamiento trae consigo un fenómeno adicional: la formación de menos crestas de hielo con bases lo bastante profundas como para fijarse al lecho marino. Como describe Mahoney para la Universidad de Alaska Fairbanks, “estamos viendo indicios de que no se están formando crestas de roca estables donde solían hacerlo”. La explicación subyacente aún requiere investigación, aunque, según el investigador, aquí surge “el dilema del huevo y la gallina, porque una vez que una cresta se asienta, actúa como un atasco de tráfico; se acumula más hielo en ella y se hace cada vez más grande”.

Mahoney precisa: “Aún no sabemos si el proceso que origina la cresta simplemente no se está produciendo o si el atasco posterior no se está produciendo. Por una razón u otra, no vemos evidencia de crestas que se hayan asentado en el terreno donde se habían estado formando, y ese es el resultado que cabría esperar si el hielo se está adelgazando”.
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En la práctica, uno de los hallazgos destacados es que, en los últimos años, el hielo marino costero del mar de Beaufort no se extiende tanto mar adentro como lo hacía antes. Históricamente, podía alcanzar profundidades anuales cercanas a los 20 metros, un dato que diferencia a esta región respecto de otras áreas del ártico donde el retroceso del hielo costero ya se había documentado.
Uno de los aportes interpretativos del estudio, publicado en Journal of Geophysical Research: Oceans, es que el proceso de retroceso —hasta ahora fuertemente asociado al mar de Chukchi y, en general, al ártico occidental— se manifiesta ahora también en el mar de Beaufort. Durante más de treinta años, la extensión del hielo costero de Beaufort había permanecido relativamente estable, pero los datos recientes evidencian que comienza a experimentar la misma disminución, y se suma así a la tendencia global de pérdida de hielo en el océano polar.
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