
La pérdida de plataformas de hielo en la Antártida superó los niveles que se consideraban recuperables a través de los ciclos naturales marcando un proceso conocido como groenlandización, en el que este continente sigue el mismo patrón de rápido retroceso de los glaciares y deshielo superficial extendido que se observó en Groenlandia desde la década de 1980. Este fenómeno, descrito en un artículo publicado en Nature Geoscience, eleva la preocupación por sus consecuencias globales, especialmente el aumento del nivel del mar, cuyas repercusiones serán sentidas mucho más allá del continente antártico.
Una pérdida de 36.700 kilómetros cuadrados desde 1997
Investigadores como Ruth Mottram del Instituto Meteorológico Danés cuantificaron que la Antártida perdió desde 1997 y hasta 2021 una superficie neta de 36.700 kilómetros cuadrados de plataformas de hielo, lo que equivale a un área ligeramente mayor que la de Maryland en Estados Unidos. Según el artículo del equipo liderado por Mottram en Nature Geoscience, “esta pérdida superó lo que probablemente se pueda recuperar mediante el ciclo natural de crecimiento y retroceso estacional de los glaciares”.
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El estudio subraya que el retroceso acelerado de la línea de base de los glaciares -el punto donde el hielo deja de estar apoyado en tierra y pasa a flotar en el mar- es consecuencia del calentamiento oceánico y atmosférico. En la interpretación de Mottram, se trata de un indicio claro de que la capa de hielo antártica es ahora mucho más vulnerable, situación agravada por la reducción sostenida de las plataformas de hielo y el desprendimiento creciente de icebergs.
El fenómeno de groenlandización: causas y evidencia científica

El proceso de groenlandización en la Antártida responde a patrones ya registrados en Groenlandia. Jonathan Kingslake, geoquímico del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty y profesor asociado de Ciencias de la Tierra y Ambientales, explicó al medio Glacierhub que esta transición implica pasar de un estado caracterizado por masas extensas de hielo flotante a otro en el que “hay mucho derretimiento en la superficie, y ya no existen estas plataformas de hielo flotantes”.
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Para realizar las comparaciones, el equipo de Mottram empleó registros del Experimento de Recuperación de Gravedad y Clima (GRACE), sistema satelital capaz de medir cambios de masa, lo que permitió constatar que tanto Groenlandia como la Antártida han experimentado una pérdida cada vez más acelerada de su cubierta de hielo.
Jacqueline Austermann, del Observatorio Lamont-Doherty y profesora de la Escuela de Clima de Columbia, detalló el mecanismo del satélite: “Si uno se acerca primero a una masa elevada, es ligeramente atraído hacia ella, y los satélites miden la distancia entre sí”. Esas variaciones, recopiladas durante años, muestran el avance rápido del deshielo tanto en Groenlandia como en la Antártida.
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Las plataformas de hielo antárticas, en retirada y debilitamiento
Las similitudes con Groenlandia son evidentes. El glaciar Sermeq Kujalleq en Groenlandia, cuyo retroceso acelerado se inició a comienzos del siglo XXI, motivó el crecimiento del interés científico. Las lenguas de hielo de Groenlandia, confinadas en fiordos estrechos, colapsaron en los primeros años del 2000, tendencia ahora repetida en la Antártida.
El 75% de la costa antártica cuenta con plataformas de hielo que actúan como “barrera” para ralentizar el flujo de los glaciares de salida; su desaparición deja a estos glaciares mucho más expuestos y los hace avanzar con mayor rapidez.
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El deterioro de las plataformas antárticas obedece tanto al derretimiento en la base debido al calentamiento oceánico, como a la acción de la hidrofracturación en la superficie, un fenómeno impulsado por la formación de lagos de agua de deshielo sobre el hielo, que generan presión, fracturas y aceleran el proceso de desintegración.
Kingslake explicó: “Esa agua dulce quiere flotar sobre el agua salada, por lo que se tiende a producir este movimiento ascendente… que atrae más agua salada cálida”, lo que mantiene activo el ciclo de fusión.
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El estudio destaca que muchas plataformas ya colapsadas eran inestables debido al derretimiento inferior, pero fue la hidrofractura superficial lo que selló su destino.
Regiones más afectadas y riesgos globales por el aumento del nivel del mar

La mayoría de la pérdida de hielo se sitúa en la capa de hielo de la Antártida Occidental y en la Península Antártica. En particular, la bahía del mar de Amundsen experimentó en los glaciares de la Isla Pine y Thwaites una aceleración del 50 % en el flujo de hielo desde las décadas de 1990 y 2000. Mientras tanto, incluso la capa de hielo de la Antártida Oriental, que se consideraba más estable, ha mostrado señales de retroceso y adelgazamiento.
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El documento de Mottram y colaboradores advierte que esta tendencia anticipa consecuencias graves para el planeta: “La groenlandización de la Antártida provocará un aumento del nivel del mar, con consecuencias que se sentirán mucho más allá del continente más remoto del mundo”.
Las zonas costeras, subrayan, “son especialmente vulnerables: a medida que sube el nivel del mar, también aumenta el riesgo de inundaciones y marejadas ciclónicas destructivas”.
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Limitaciones en los modelos y la urgencia de nuevos datos
Aunque la comprensión científica avanza, persisten notables incertidumbres en los modelos predictivos relacionados con la dinámica del hielo antártico.
Kingslake reconoció: “Hay muchas cosas que no sabemos realmente cómo modelar, muchos procesos que no sabemos cómo describir con ecuaciones”. También señaló la falta de información adecuada para elegir “los parámetros adecuados” en simulaciones, lo que limita la precisión de los pronósticos.
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El artículo de Nature Geoscience enfatiza que la mejora de los modelos climáticos requerirá estudios adicionales sobre el impacto del calentamiento atmosférico y la circulación oceánica en el desprendimiento y fusión del hielo, tanto en superficie como bajo el agua.
Los autores hacen hincapié en que esta información no es relevante solo para la comunidad científica: “Modelos más detallados y precisos pueden ayudar a la sociedad a prepararse para estas amenazas”.
El futuro de la Antártida: una señal de alarma global
La evidencia de la groenlandización de la Antártida obliga a reconsiderar antiguas presunciones sobre la estabilidad del continente helado.
Como resumen Mottram y sus coautores, “el deshielo del Polo Sur solía considerarse un problema del futuro, pero los datos revelan que el futuro ha llegado mucho antes de lo previsto”.
Comprimir de décadas en apenas unos años convierte la Antártida en una alerta para la comunidad internacional sobre la magnitud de los cambios vinculados al calentamiento global y su impacto potencial en la configuración del medio ambiente planetario.
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