
La expansión de la temporada de incendios forestales a nivel mundial emerge como una de las principales consecuencias de las actividades humanas y el avance del cambio climático. Un estudio reciente advierte que la acción humana sumó hasta 40 días al año de potenciales incendios en todos los continentes, lo que altera el balance de múltiples ecosistemas y pone en riesgo la biodiversidad y la salud pública en distintas regiones.
La investigación, publicada en Nature Ecology & Evolution por un equipo de científicos liderado por Todd M. Ellis, del Fire Center de la Universidad de Tasmania, presenta evidencia sobre la relación directa entre los patrones de ignición y la intervención humana en la variación estacional de los incendios forestales.
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El rol del cambio climático en la expansión de la temporada de incendios
El impacto del cambio climático se evidencia en la frecuencia e intensidad de los incendios forestales. La multiplicación de olas de calor, sequías prolongadas y vegetación seca facilita la propagación de incendios. Tal como documentan investigadores del Servicio Forestal de Estados Unidos, durante las últimas tres décadas, regiones como el oeste de Estados Unidos, México, Brasil y África Oriental experimentan temporadas de incendios que ahora duran más de un mes respecto a años anteriores.
La NASA detalla que los incendios activos detectados por satélites aumentaron su frecuencia, magnitud y duración. Además, el incremento de las temperaturas nocturnas permite que la actividad continúe fuera de los horarios en los que antes el descenso térmico detenía el avance del fuego, lo que agrava la duración de la temporada.
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Según datos de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), Europa superó las 450.000 hectáreas afectadas solo en el primer semestre de 2025, el doble que el año anterior.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advierte sobre la relación en bucle entre el cambio climático, los incendios y el deterioro ambiental. La entidad puntualiza: “El cambio climático, los incendios forestales y la contaminación atmosférica conforman un círculo vicioso cuyas consecuencias negativas para la salud de las personas, los ecosistemas y la agricultura no dejan de agravarse”.
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La EPA (Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos) aporta que la prolongación de la temporada se vincula con primaveras más cálidas, estaciones secas estivales más largas y vegetación más vulnerable.
El impacto de las acciones humanas en la duración de los incendios
La investigación de los expertos de la Universidad de Tasmania da cuenta de cómo la actividad humana transformó el calendario de los incendios forestales a escala global. El trabajo científico remarca: “Demostramos que las influencias antropogénicas han moldeado los regímenes de fuego en todo el mundo al extender las potenciales temporadas de incendios, sin importar el uso de la tierra, las prácticas de supresión, la ocurrencia de rayos o el tipo de bioma”.
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Enfatizan que más de la mitad de la superficie incendiada a nivel global ya escapa a los límites de la temporada natural, que solía quedar definida por la coincidencia de dos elementos, según explicó Todd Ellis: “Antes de que las personas comenzaran a influir en el fuego, los incendios ocurrían principalmente cuando los rayos se combinaban con condiciones secas”.
El estudio constata que la mayor transformación se evidencia en los pastizales tropicales, donde ahora la temporada se amplió cerca de tres meses, y los incendios ocurren predominantemente en ese rango de tiempo extendido ligado a acciones humanas. Incluso los bosques boreales y la tundra, alejados de los principales focos urbanos, experimentan temporadas más prolongadas.
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Esta alteración temporal tiene un impacto directo en la fauna y flora. “Este desajuste temporal puede obstaculizar la recuperación de las especies y alterar los procesos reproductivos que suelen estar estrechamente vinculados a estaciones específicas, amenazando así la biodiversidad de maneras que apenas estamos empezando a comprender”, advirtió Grant Williamson, coautor de la investigación.
Cómo la ciencia rastrea el cambio en los incendios
El equipo combinó registros diarios de humedad del combustible (el nivel de sequedad en la vegetación que determina el potencial de combustión) con umbrales de inflamabilidad en más de 700 regiones ecológicas del planeta. Posteriormente, sumó mapas de densidad de rayos para identificar cuándo los incendios surgían de la actividad eléctrica natural y cuándo respondían principalmente a la intervención de personas.
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Los científicos cruzaron estos patrones de ignición con mediciones satelitales sobre el área efectivamente quemada. Según se detalla en la publicación científica, la metodología posibilitó “identificar y describir la distribución global de las temporadas de incendios bioclimáticos limitadas por la disponibilidad de combustibles” y comparar estos registros con datos de productividad vegetal y con diferentes aspectos relacionados con la influencia humana sobre el fuego. Los resultados muestran un fenómeno global independiente de las variables estudiadas.
Los aportes van más allá del diagnóstico. El estudio pone a disposición pública las bases de datos utilizadas, capaces de apoyar estrategias de gestión y políticas de prevención ante la expansión de la ventana de fuegos naturales y humanos.
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Nuevos desafíos para la sociedad y el ambiente
Las implicancias del trabajo científico alcanzan a servicios de protección civil, formuladores de políticas, y comunidades de todo el mundo. Las especies evolucionaron durante milenios para resistir incendios en ciertas épocas, y la alteración del calendario erosiona su capacidad de recuperación tras el paso del fuego. Los autores del estudio identifican entre las causas humanas el uso agrícola del fuego, la quema por limpieza de territorio, las igniciones accidentales, y la práctica de fuegos culturales ancestrales.
Según David Bowman, profesor del Fire Center de la Universidad de Tasmania y coautor del estudio, “este trabajo subraya que los seres humanos tienen una gran responsabilidad en la gestión sostenible del fuego, y podemos aprender mucho de los practicantes indígenas del fuego”.
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El cambio climático, con temperaturas en alza y suelos cada vez más secos, amplifica la ventana temporal y desafía la capacidad de contención. Los expertos esperan que la disponibilidad de estos conjuntos de datos públicos ayude a perfilar estrategias de manejo y prevención para reducir el impacto futuro y proteger tanto ecosistemas como poblaciones humanas.
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