
Cada 26 de julio se celebra el Día Internacional para la Conservación del Ecosistema de los Manglares, una fecha proclamada por la UNESCO en 2015 para visibilizar la importancia ecológica y social de estos humedales costeros. A pesar de cubrir menos del 1% de los bosques tropicales del planeta, los manglares desempeñan un rol clave en la protección del litoral, la biodiversidad marina y la captura de carbono.
Pero este ecosistema vital enfrenta amenazas crecientes: urbanización costera, contaminación, deforestación y acuicultura no regulada. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), los manglares se están destruyendo a un ritmo de entre tres y cinco veces superior al promedio mundial de pérdida de bosques.
Las consecuencias impactan tanto en la biodiversidad como en las comunidades humanas que dependen de ellos. Los especialistas consultados por Infobae brindaron información para comprender por qué los manglares son clave frente al cambio climático y qué riesgos implica su desaparición.
¿Qué son los manglares y por qué son esenciales?

Los manglares son ecosistemas costeros intermareales, es decir, que se desarrollan en la franja de tierra que queda expuesta durante la marea baja y cubierta por agua en la marea alta. Prosperan en zonas tropicales y subtropicales, especialmente en costas protegidas, estuarios y lagunas con sedimentos finos. Están formados por especies arbóreas conocidas como mangles, que poseen una notable tolerancia a la salinidad y a la inundación periódica con agua de mar.
“La particularidad de estos árboles es que renuevan sus hojas a lo largo del año, generando una importante acumulación de hojarasca en las zonas costeras y eso ayuda a que haya una gran biomasa de organismos que se alimentan de esa producción vegetal”, explicó Pablo Penchaszadeh, biólogo marino e investigador superior del CONICET en el Museo Argentino de Ciencias Naturales, en diálogo con Infobae.
Sus raíces, muchas de ellas aéreas o ramificadas bajo el agua, sirven de hábitat a mejillones, ostras, cangrejos y peces. Esto convierte a los manglares en zonas de cría esenciales para numerosas especies.
Además, actúan como defensas naturales. “Promueven la estabilización de los sedimentos y protegen las líneas de costa frente a olas y tormentas, mitigando la erosión”, afirmó Paula Pratolongo, investigadora independiente del CONICET y profesora en la Universidad Nacional del Sur.

“Además de peces y crustáceos, los manglares también son hábitat para especies vulnerables como el manatí y la tortuga carey, listada como en peligro crítico por la UICN”, según la experta.
Otra de sus funciones críticas es la captura de dióxido de carbono. Como señaló la investigadora, “almacenan hasta cinco veces más carbono orgánico que los bosques tropicales de montaña, gracias a su capacidad para hacer fotosíntesis y atrapar sedimentos”. Esta característica los convierte en uno de los principales sumideros de carbono azul, clave para mitigar el cambio climático.
Si bien no existen en la Argentina, “están presentes en 123 países y territorios”, pero su superficie “se ha reducido a la mitad en los últimos 40 años”, según datos del PNUMA y la UNESCO.
Un ecosistema en peligro: causas y consecuencias
Los números que brindan el PNUMA y la Global Mangrove Alliance son alarmantes: se perdió o degradó más del 67% de los manglares existentes, y cada año desaparece otro 1%. Entre las principales causas se destacan la expansión urbana, la contaminación y la conversión del hábitat a actividades productivas, como la acuicultura de langostinos.

El caso de Ecuador ilustra bien este conflicto: “Se exterminaron zonas enormes de manglar para instalar camaroneras. A los pescadores les prometieron empleo, pero las enfermedades en los cultivos llevaron al cierre de muchas granjas, dejándolos sin camaroneras, sin manglares y forzados a emigrar”, relató Penchaszadeh.
La destrucción de manglares también expone a las comunidades a desastres naturales. En zonas tropicales como Bangladesh, la tala masiva para expandir cultivos dejó sin defensa costera a la población frente a huracanes. “El mar ingresa impunemente porque no hay ninguna barrera como un bosque que pueda pararlo”, explicó el especialista.
Incluso actividades turísticas mal reguladas contribuyen al deterioro. “Cuando se quiere desarrollar una zona turística, muchas veces se eliminan los manglares porque generan olores fuertes por la descomposición lenta de sus hojas, que incluso pueden liberar metano. En lugares como Florida, se los reemplaza por cocoteros con topadoras, lo que provoca una distorsión del ecosistema: los peces dejan de acercarse y se pierde productividad marina. Ya no tenés olor, pero perdés el manglar, que es fundamental para preservar la línea costera”, advirtió Penchaszadeh.
Restaurar lo perdido: conservación y soluciones

La restauración de manglares es posible, pero exige una comprensión profunda de las causas de su degradación, la participación de comunidades locales y el respeto por la dinámica natural del ecosistema. Pratolongo señaló que “se han implementado proyectos exitosos en Sri Lanka, Filipinas, Madagascar y Pakistán, que combinan replantación con restauración de la hidrología natural y creación de viveros de especies nativas".
En Pakistán, por ejemplo, se desarrolla uno de los programas más ambiciosos del mundo, con el objetivo de restaurar 225.000 hectáreas de manglares degradados en el delta del Indo.
A su vez, los programas de carbono azul ofrecen un modelo innovador: cuantifican y certifican la captura de CO₂ realizada por ecosistemas costeros como manglares, marismas y pastos marinos, venden créditos de carbono en mercados internacionales. Esto es una forma de compensar emisiones contaminantes de otras actividades y los fondos se reinvierten en conservación, restauración y desarrollo local.

Pero las políticas públicas también son determinantes. En Brasil existen leyes que protegen los manglares, como el Código Forestal, aunque su implementación es desigual.
“La expansión urbana, la construcción de puertos y desarrollos turísticos implican muchas veces el drenaje y relleno de áreas de manglar, lo que conlleva la pérdida de conectividad ecológica”, señaló Pratolongo.
La protección de los manglares no es solo una cuestión ambiental: es una necesidad urgente para garantizar la seguridad alimentaria, el bienestar de millones de personas y animales y la resiliencia climática global. Su conservación es una de las estrategias más eficaces para enfrentar los desafíos medioambientales del siglo XXI.
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