En los próximos meses, el mundo podría enfrentar una alteración significativa en el clima global debido al desarrollo de un nuevo episodio de El Niño. Las principales agencias científicas internacionales advirtieron sobre la probable consolidación de este fenómeno durante el segundo semestre de 2026, lo que genera expectativas y preocupación tanto en la comunidad científica como en sectores productivos y gobiernos de todo el planeta.
El Niño, un patrón climático recurrente, no solo modifica las temperaturas y lluvias en el Pacífico, sino que también altera el equilibrio atmosférico y oceánico a escala mundial. A partir de datos satelitales, pronósticos meteorológicos y análisis de expertos, se delinean los posibles escenarios y las recomendaciones para anticipar sus impactos.
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Señales tempranas y monitoreo satelital: la perspectiva de la NASA
La NASA detectó a través de su satélite Sentinel-6 Michael Freilich, en conjunto con la Agencia Espacial Europea, la llegada de una onda cálida de gran magnitud al Pacífico oriental, fenómeno conocido como ola Kelvin. Esta masa de agua más cálida y elevada frente a las costas de Sudamérica constituye una señal inequívoca de que El Niño se está gestando.
La medición de la altura del mar, que aumenta cuando el agua se calienta y se expande, permite anticipar el desarrollo del evento varios meses antes de que sus efectos sean evidentes. Según Josh Willis, investigador de la NASA y científico del proyecto Sentinel-6, el episodio de este año “comenzó algo más tarde que los grandes El Niño de 2015 y 1997, pero está empezando a tomar impulso”.
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Los registros muestran que en mayo, el nivel del mar frente a Perú superó en más de 15 centímetros el promedio de largo plazo, una señal de acumulación de calor en la región.
El seguimiento realizado por la NASA revela que las ondas Kelvin suelen formarse después de cambios en los vientos que soplan sobre el Pacífico ecuatorial. Estos vientos, conocidos como alisios, normalmente empujan las aguas superficiales desde las costas de América hacia Asia.
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Cuando pierden fuerza o incluso cambian de dirección, permiten que grandes masas de agua cálida se desplacen hacia América del Sur. Así, el evento El Niño se desarrolla a medida que varias de estas ondas se suceden y el agua cálida se acumula cerca de Colombia, Ecuador y Perú.
La NASA destaca que la observación satelital no solo permite visualizar la evolución de El Niño en tiempo real, sino también mejorar las previsiones sobre eventos meteorológicos extremos y ayudar a las comunidades costeras a prepararse ante posibles riesgos.
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Impactos previstos para producción agrícola

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Argentina confirmó la formación de El Niño para la campaña 2026/27 (es decir, el ciclo anual de producción agrícola y ganadera), con más del 80% de probabilidad de consolidarse entre junio y agosto. Los especialistas del organismo enfatizan que este fenómeno amplifica la variabilidad climática regional, lo que genera tanto oportunidades como riesgos según la zona.
Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA, advierte que los excesos hídricos tienden a concentrarse en determinadas cuencas, mientras que amplias áreas productivas pueden experimentar condiciones excepcionales para la agricultura. La señal de El Niño varía según la región, afectando de forma diferenciada los regímenes de lluvias y temperaturas.
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Para el invierno austral, la meteoróloga Natalia Gattinoni anticipa que las precipitaciones acumuladas se ubicarán en valores normales o superiores al promedio en el centro y norte del país, aunque algunas zonas de la región Pampeana y Cuyo podrían registrar lluvias normales o inferiores. Además, existe una mayor probabilidad de temperaturas medias superiores al promedio en todo el territorio.
Consenso internacional: escenarios posibles y advertencias

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) coinciden en que la probabilidad de desarrollo de El Niño supera el 80% para el trimestre mayo-julio de 2026 y el 96% para el invierno del hemisferio norte en 2026-27. Si bien las condiciones actuales aún son neutras, los modelos muestran una expansión de temperaturas superficiales superiores a lo normal en el Pacífico central, un indicio de que el fenómeno está en marcha.
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El término “super El Niño” se refiere a cuando la temperatura del agua en una zona central del Pacífico (región Niño 3.4) supera los 2 °C por encima de lo normal durante varios meses seguidos. Según la NOAA y el Centro Europeo de Pronósticos Meteorológicos a Medio Plazo (ECMWF), existe una posibilidad del 25% de que el episodio adquiera esta magnitud en 2026.
El ECMWF prevé anomalías que podrían alcanzar 3,3 °C hacia septiembre, aunque la intensidad final del fenómeno dependerá de cómo interactúen el océano y la atmósfera en los próximos meses.
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La OMM recuerda que los super El Niño de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016 provocaron severos impactos en sistemas climáticos globales y la economía, con pérdidas superiores a USD 30.000 millones y cerca de 24.000 víctimas. Los efectos no son uniformes y pueden incluir sequías, lluvias extremas, olas de calor, modificaciones en los patrones de vientos y afectaciones a la producción agrícola y disponibilidad de agua.
En Argentina, la Bolsa de Comercio de Rosario resalta que aún no es posible definir la intensidad del evento ni prever excesos hídricos generalizados para el invierno, aunque la influencia de El Niño podría ser más marcada entre octubre y marzo de 2027. Por otro lado, algunos modelos sugieren un enfriamiento del Atlántico sur, lo que podría atenuar el aporte de humedad al interior del continente.
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El monitoreo internacional y la actualización permanente de pronósticos serán fundamentales para reducir riesgos y adaptar las medidas productivas y de gestión de recursos frente a un fenómeno que, por su escala y complejidad, sigue siendo impredecible en muchos aspectos.
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