El transporte marítimo libera metano a niveles preocupantes según nuevos estudios

Un hallazgo reveló que el paso de embarcaciones por rutas portuarias puede multiplicar por veinte la liberación de este gas, lo que obliga a repensar los métodos de monitoreo ambiental

Transporte marítimo libera metano
(Créditos: Universidad Tecnológica de Chalmers | Amanda Nylund)
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¿Puede un barco que navega por una bahía tranquila estar liberando gases que aceleran el cambio climático? La respuesta, según un nuevo estudio, es sí. Aunque el tráfico marítimo ya es conocido por su impacto ambiental, investigadores de la Universidad Tecnológica de Chalmers, en Suecia, descubrieron una fuente de contaminación hasta ahora casi invisible: el paso de embarcaciones en aguas poco profundas puede liberar enormes cantidades de metano desde el fondo marino.

El hallazgo, publicado en la revista Communications Earth & Environment y reportado por la propia universidad, reveló que las emisiones de metano en zonas con tráfico de barcos pueden ser hasta 20 veces mayores que en áreas sin tránsito marítimo. Lo más preocupante: este efecto ocurre sin importar el tipo de combustible que usen los barcos, lo que significa que casi toda la flota marítima del mundo —no solo los buques a gas natural— está potencialmente involucrada.

El metano es un gas de efecto invernadero con un poder de calentamiento 27 veces mayor que el dióxido de carbono, aunque permanece menos tiempo en la atmósfera. Por eso, cada liberación de metano tiene un impacto inmediato y significativo en el calentamiento global.

Cómo los barcos “despiertan” el metano del fondo marino

El estudio se desarrolló en la bahía del Nevá, una zona poco profunda del mar Báltico, donde los sedimentos del fondo marino acumulan grandes cantidades de metano producido naturalmente por la descomposición de materia orgánica en condiciones sin oxígeno.

Cuando un barco atraviesa estas aguas, genera cambios de presión en el fondo marino y una fuerte mezcla de las capas de agua debido a la turbulencia de sus hélices. Esta combinación de fuerzas hace que el metano atrapado en los sedimentos suba a la superficie en forma de burbujas, que finalmente escapan a la atmósfera.

“Nuestras mediciones muestran que el paso de barcos desencadena pulsos claros de altos flujos de metano del agua a la atmósfera”, explicó Amanda Nylund, investigadora de Chalmers y del Instituto Meteorológico e Hidrológico Sueco (SMHI). “Aunque los pulsos son breves, la cantidad total durante un día es significativa”.

Una forma simple de entender este fenómeno es imaginar una botella de agua con gas que se agita: lo que estaba contenido y aparentemente tranquilo, de pronto libera una gran cantidad de burbujas. Algo similar ocurre cuando un barco atraviesa estos sedimentos ricos en metano.

Cuánto más emiten las zonas de navegación

El equipo comparó las emisiones en rutas con tráfico marítimo con otras áreas cercanas sin circulación de barcos. El resultado fue claro: hasta 20 veces más metano se libera donde hay tránsito naval.

Lo curioso es que este fenómeno fue identificado casi por accidente, mientras los investigadores realizaban otras mediciones en la bahía del Nevá. A partir de ahí, se diseñó un estudio específico para analizarlo y cuantificarlo.

“El descubrimiento del impacto hasta ahora desconocido de los barcos es importante para mejorar las estimaciones globales de las emisiones de metano”, indicó Johan Mellqvist, profesor de Teledetección Óptica en Chalmers. “Sobre todo si consideramos que nueve de los diez puertos más grandes del mundo están en aguas con características similares”.

¿Qué barcos contaminan más?

El estudio también examinó si ciertos tipos de barcos provocan más emisiones que otros. Descubrieron que los cruceros y portacontenedores, por su tamaño y potencia, generan emisiones altas y frecuentes. Pero también lo hacen los buques ropax, que transportan pasajeros y vehículos, incluso siendo más pequeños.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La turbulencia generada por las hélices de los barcos libera metano atrapado en el fondo marino hacia la atmósfera (Imagen Ilustrativa Infobae)

En contraste, los graneleros, que suelen ser grandes y lentos, generaron menos emisiones. Una posible razón, según Rickard Bensow, profesor de Hidrodinámica en Chalmers, es que los ropax suelen tener hélices dobles, lo que podría generar más turbulencia y, por lo tanto, más liberación de metano.

Esto sugiere que no solo el tamaño importa, sino también el diseño del barco y su forma de navegar.

¿Un problema local o global?

Aunque el estudio se realizó en una bahía del mar Báltico, sus autores advierten que las condiciones de la bahía del Nevá son comunes en muchos otros puertos y deltas fluviales del mundo: aguas poco profundas, sedimentos orgánicos y baja concentración de oxígeno.

Puertos como Shanghái, Singapur, Busan, Róterdam o Hamburgo presentan características similares. Por eso, es probable que este tipo de emisiones esté ocurriendo también en esos lugares, pero nadie las estaba midiendo.

“La mayoría de los métodos de medición no consideran esta fuente de emisión”, advirtió Ida-Maja Hassellöv, profesora de Ciencias Ambientales Marítimas en Chalmers. Esto implica que los inventarios actuales de gases de efecto invernadero podrían estar subestimando el verdadero impacto del transporte marítimo en el cambio climático.

Lo que viene: mediciones en otros puertos

Para verificar si este fenómeno se repite en otras partes del mundo, la Universidad Tecnológica de Chalmers iniciará este otoño un nuevo proyecto de investigación internacional. Se tomarán mediciones en distintos puertos y deltas fluviales con características similares.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La Universidad Tecnológica de Chalmers planea investigaciones globales en nuevos puertos para medir emisiones de metano con mayor precisión (Imagen Ilustrativa Infobae)

El objetivo es incorporar estos datos en los modelos globales de emisiones y ajustar las políticas climáticas. Según Hassellöv, entender esta fuente hasta ahora oculta de emisiones es clave para diseñar estrategias de mitigación más efectivas.

El tráfico marítimo es esencial para la economía global, pero sus efectos ocultos sobre el clima necesitan mayor atención. Ahora sabemos que, además de las emisiones por combustibles, el simple paso de los barcos también está alterando el equilibrio de gases en los océanos. Y si no se actúa pronto, ese detalle puede marcar una gran diferencia en la lucha contra el cambio climático.

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